Luis Amador

Supongoniendo P.P. del verbo supongoner

Espadas de sol se infiltraron en el camarote y decapitaron la oscuridad. Luigi perturbado por la claridad, sacó la cara medio embutida en la almohada, para abrir el ojo derecho. Era tuerto. Su ojo izquierdo lo tapaba con gracia casi femenil, el parcho parecía un Cotex. Bostezó amplio y profundo, aunque el loro no sabía nada de otorrinolaringología le mostró hasta la campanilla, a continuación desdobló y estiró su flaca estructura como si fuera acordeón. El cuerpo desnudo, no motivaría admiración, sino lastima, todo dependía y pendía de la fuerza de gravedad...

Su atuendo, de amplia chaqueta, cinturón ancho, gruesa hebilla, dos sables cruzados, y coronado por el infalible sombrero de tres picos, configuraba la estampa del capitán pirata y escondía su endeble constitución física. Pero.. nadie ose poner en duda la perversa mentalidad del vándalo italiano.

Desde el puente de proa Luigi revisó, con su media vista, el funcionamiento de la nave. El timonel cubano Bol´e´teipe, negro, gordo y achatado por los polos, mantenía el rumbo apoyando el timón en el ombligo, muy parecido a trompa de elefante. Arriba, en el carajo, Casimiro el vigía de turno, usaba ojos de aguila encuerando el horizonte. El aire hinchaba las velas, como el aire del aguacate hincha el pantalón, pero afortunadamente de olor marino. Dio unos pasos e hizo sonar la campana de uso personal. El bronce se quejó igual a judío cuando recibe la circuncisión.. plañidos penetrantes. De inmediato otros ruidos, entretejidos en maldiciones y palabras fuera del diccionario, se sumaron al rugir de la marea que rompía por estribor.

- ¡Andiamo, figli da cagna a travagliare!. (¡Vamos, hijos de perra a laborar!)

Cariñosa alocución de estimulo y particular buenos días a su tripulación.

Pronto la actividad tomó calor, lo único posible a tomar hasta que llegaran al ron jamaiquino. Casi una veintena de facinerosos, siendo exacto, diez y nueve hombres y un enano, que no cursaron universidades para ser honrados políticos, dieron comienzo a la faena de aplicados forajidos. Desoxidaban y afilaban los alfanjes, comprados en Marruecos, donde por docena eran mas baratos, y limpiaban los cañones de los mosquetes. En verdad ya no eran mosquetes, el uso los convirtió en cucarachetes, desvencijados y carcomidos por el salitre. La crisis pellizca hasta los piratas, pero a los políticos, con sus traseros empotrados en cómodas butacas le resbalan los pellizcos económicos.

En la ultima paloma mensajera, (e mail alado) Luigi informó a su amante Cachirula, que desembarcaría en Cienfuegos, deseaba encender un tabaco Bill Clinton con ella, después si no encontraba "business" en Cuba, viajaría por el mar Caribe hasta Maracaibo, donde robaría petroleo al cacique contrabandista Tarhugo Chavete.

Cachirula, prima de la india mexicana Malinche, espiaba a favor de Luigi en la mansión del marques español Zapatero, regente del PSOE, (=Política Sin Opinión Especifica ) progenie directo del inventor de la alpargata y heredero del titulo nobiliario El Porrón Preñao. Su posición de ama de llaves, le permitía seguía las actividades tránsfugas del marques Zapatero en la política isleña, que dejaban al descubierto puntos zurdos en la economía para ser atracados.

Poco después, Cuero Corto repartió alimentos. Escenas que no aparecen en las películas, pero los piratas comen y van al baño. Razonable, seria decepcionante ver un duro pirata en trance de estreñimiento. Luigi se chupó un spaghetti entero, uno era suficiente, satisfacía su anorexia y bulimia. Aunque no existía ferrocarril mantenía la linea.

Una voz agitadora como purgante, bajó del carajo. El vigía Casimiro casi vio tierra. Sobre el horizonte brumoso, formas difusas al estilo cuentas de banqueros, semejaban lomos de dromedarios. Pirulo, contra maestre y enemigo jurado de los comejenes, dando tumbos encaramado en sus dos patas de palo, impartió ordenes. El ajetreo se hizo evidente. Unos porque significaba acción y otros porque la noticia les produjo mal de estomago.

En efecto, la ruta trazada por el cartógrafo, compatriota del capitán, il signore Américo Prepucio fue exacta, Jamaica estaba a la vista. Tres horas mas tarde irrespetuosamente se estacionaban en la zona reservada a los minusválidos. Depositaron trece florines en el parquímetro y comenzaron a desembarcar. A lo largo del muelle, muchachos con tableros en las cabezas, vendían maní tostado y bolas de coco garapiñado. Algunos de elevado sentido comercial, repartían tarjetas de "damas alegres", la mejor mercancía para el celibato forzado de los marinos.

La estadía en Jamaica fue breve. Dos días mas tarde, el capitán acompañado por el contramaestre, situados a los lados de la pasarela de abordar esperaban la tripulación. Quien llegaba borracho le sumergían la cabeza en un tonel de agua, y como bienvenida recibía una patada de palo cortesía de Pirulo, por donde rima con su nombre. Al enano lo trajeron cargado, lo metieron al tonel y quedo mas ahogado que una torreja. Por ser pequeño, piadosamente Luigi ordenó ponerlo a secar colgado de los pies en el palo mayor.

Soltaron las velas que actuaron igual al perro de mi vecino, al verse libre va a dejar abono orgánico en otro patio. El mar Caribe los recibió en voluptuoso azul, el sol comenzaba a desplegar el corolario del verano, convirtiendo los blancos en mulatos, los mulatos en negros, los negros in pinti di blue, y al desventurado enano, seco y tieso, en palito de pirulí.

Américo Prepucio se remangó el cuadrante, el sextante y en un instante dio al navegante la vía resultante, incluyendo bordadas entre cayos y juanetes al sur de Cuba.

En Pasacaballos, un ojo de luz advertía a los imbéciles no se encaramarán en los arrecifes, y de día, el faro vigilaba las actividades marítimas de Cienfuegos.

La Cachimba, el buque de Luigi, entró al puerto enarbolando bandera italiana. Los piratas modificaron su vestuario, sobre todo llamaba la atención Pirulo, que con un sayón a media pierna, digo a medio palo, parecía bailarina de ballet en zancos.

Tan pronto La Cachimba se fondeó en la bahía, Cachirula intentó rentar un bote para ir al encuentro de su amado, pero en aquellos años no rentaban ni dentaduras postizas. Sin embargo no esperó mucho. Luigi parado gallardamente en la proa de su góndola, movida por motor de dos gallegos de fuerza, se dirigió a tierra.

El romántico encuentro hubiera sido envidiado por Romeo cuando apapachaba en la sacristía a la sobrina del cura. Desde luego, Cachirula físicamente era lo contrario a Julieta, pero Luigi apreciaba su lengua con sabor a maíz tierno, y estimaba la longaniza de chismes que protagonizaba la nobleza hispano-cubana..

Anhelosa, quería enrollar al italiano en nuevo encuentro sexual. Luigi, gracias a ser tuerto, la miraba con su ojo ciego por arriba y su ojo bueno por abajo, lo que le permitía fortaleza de estomago para lance tan abominable. Ella para motivarlo le tenía preparada una sorpresa. Cuando falleció el duque del Boniato Agrio sobornó al sepulturero y le extrajo un ojo de vidrio. Pero un pequeño detalle rompía la armonía visual, el ojo de Boniato Agrio era castaño y el de Luigi azul. Con ojos bicolor parecería conejo belga.

Después del sacrificio sexual, il capitano arrivó ai negozi. Su interés principal la caja de caudales de Zapatero. La pareja indo-itálica suponía razonablemente, que guardaría doblones de oro y otros no tan doblados, joyas y revistas Play Boy. Producto de sus negocios turbios. Pensaban dejar al Zapatero usando chancletas. Sería una acción de nervios y astucia, para lo cual Cachirula arriesgaría su cogote de tortuga. Si la pillaban abriendo la puerta trasera al trío mano larga, la harían india al BBQ como lo hicieron con el cacique Hatuey.

El pícaro italo, que no creía que el chicharrón es carne, ni en las suegras con bigotes, se vio forzado a desarrollar una promesa de falsa geografía, que convenciera a Cachirula para aventurarse en su función de portera. Sabía que ella aspiraba a convertirse en típica baya de ovario sincárpico de dos carpelos, con placentación axial productora de múltiples ovulos, (ayy mamá, la puse como tomate) aprovechando esa condición reproductora, le propondría que cuando fueran ricos, se la llevaría a Polinesia, tan pronto abrieran el canal de Panamá. Alla en una isla remota, pariría hasta crear una nueva tribu y vivirían felices per secula seculorum. Domingo en la mañana, antes de quedar sordas, las lechuzas salieron volando del campanario de la iglesia. A caballo, en coches, a pie, o en patines, los feligreses acudían a misa. La ocasión, calva como el sacerdote, se presentó limpia para los malandrines.

Después del buey el animal mas fuerte es el gallego. (si abuelo me lee soy cadáver) Los dos hijos de P.. ontevedra cargaron la caja fuerte envuelta en costal de empacar Cojiba, ( nombre taino del tabaco) la subieron a la góndola y dirigidos por Luigi pusieron rumbo a La Cachimba. Alejandose del muelle el capitán gritó a su estrambótica Cachirula.

- Regresaré por ti, no cabemos todos en la góndola. Pero olvidó decirle cuando...

La Cachimba salió echando humo sin tener motor de vapor. Debían aprovechar el tiempo antes que descubrieran el robo. A todo trapo se enrumbaron hacia Isla de Pinos, escurriéndose entre los cayos al sur de Cuba, que en la marea baja, apestaban a sicote.

Al amanecer Luigi no tocó su campana. La tripulación en pleno, montaba guardia alrededor de la caja fuerte como si fuera un venerado difunto.. esperando la autopsia.

Ceremonioso y pavoneandose, el capitán descendió lentamente escalón por escalón, por escalón, por escalón, por escalón.. aguanta ahí que ya llegó a cubierta. El silencio era tan peludo que podía hacerse trenzas. Nadie se movía o se rascaba, porque la ansiedad picaba mas que los oxiuros. Treinta y nueve ojos observaban la caja de hierro y su hermética tapa. Cada quien acariciaba una idea propia de lo que haría con la parte del botín que le tocara. Bol´e´teipe y Cuero Corto, de origen asiático, acordaron ir a Brazil para hacer el transplante del ombligo al chino, que lo necesitaba para otros usos..

El barco, protegido a barlovento por un pequeño islote, se mecía placentero como vieja balanceandose mientras se peinaba la molleja. Luigi asintió con un ligero movimiento de cabeza, e ipso facto, el mas fornido pirata le desgajó un hachazo a la cerradura, que saltó desvencijada como mi suegra en su séptimo encuentro nupcial. Pirulo, mirando a su jefe, hizo malabarismo en una pata, y con la otra abrió la tapa del cofre.

¡Ecco! Al fin moría la incógnita. Un bello mazacote de piedras, de distintos colores y texturas. Para Zapatero, muestras orográficas de piedras comunes eran su tesoro.

MORALEJA : La suposición, se convierte en supositorio...

NOTA : El autor se reserva el derecho de narrar acontecimientos, reales o imaginarios, desde su púlpito de madre putativa, y reconoce el derecho de los lectores a recordarsela.

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