Luis Amador

Más allá del sexo

Desde la cubierta superior del crucero Ramses 1, Sebastián observaba la afluencia majestuosa del río Nilo rumbo al Mediterraneo. Su mente desplegaba un estado de felicidad. Cumplía el sueño infantil de visitar los monumentos faraónicos. Realizaba el viaje acompañado del egoísmo, quería atesorar en vívidos recuerdos cada impresión de sus sentidos, robando del entorno las imágenes de la realidad. Absorto en la contemplación no se percató que junto a él se detuvo una mujer.

La muchacha saludo en ingles, él respondió con un simple Hi. Ella sonrió levemente. Apoyó sus manos en la baranda, y comenzó a disfrutar del paisaje perforado por la proa del barco. Las riveras de fuertes tonos verdes pasaban a ambos lados, separando la feracidad de la tierra egipcia, de arenas estériles que se extendían desierto adentro.

Extrajo una cajetilla de cigarrillos, hizo un gesto invitando a la joven, que con suave ademan declino el ofrecimiento. A su vez sacó cigarrillos de otra marca, lo invito imitando el gesto que el había hecho. Sonrieron.

Accionó el encendedor y ofreció fuego, después prendió el propio

- Gracias. Dijo ella. A continuación preguntó su procedencia. El extendió su diestra.

- Sebastián, hijo de Valparaíso, Chile.

Con ademan de su mano armada por el cigarrillo la animó a decir el de ella.

- Aitana, hija de Kalamata Grecia.

Ambos comprendieron la limitación idiomática para comunicarse, pero usaban la única herramienta lingüística que poseían, un ingles de acento catastrófico que provocaría escalofríos a Shakespeare.

-¿Estas con tu familia, esposo, hijos?

-No, soy divorciada, sin hijos, mi hermana me acompaña. ¿ Y..tu?

-Todo igual a ti.. menos la hermana.

Sebastián le indicó que esperara un momento. Arrastró dos sillas plegables invitandola a sentarse. El débil sol de Diciembre, luchaba por neutralizar la frialdad de la anterior noche desértica. Por unos segundos se observaron con discreción. Fue un análisis físico, somero y placentero. Sus rostros se vistieron de sonrisas casi cómplices, satisfechos de conocerse.

- ¿Primera vez aquí?

- Si.. y ultima. Respondió Aitana

- Pienso lo mismo. El país ofrece hermoso pasado, pero ver el legado histórico con una vez basta. ¿Por casualidad eres maestra de historia?

- Acertaste el 50% , soy profesora, pero de biología en Atenas. Y añadió. ¿Quizá eres conductor de autobús, o constructor de carreteras?

-¡ Por Dios !. Exclamó Sebastián mientras reían la ocurrencia de la muchacha. Casi adivinas, soy geólogo, trabajo para minas de cobre. Mis investigaciones son básicas para perforar los tuneles, por donde circulan los carros que transportan a los mineros y extraen el mineral. O sea, una especie de carretera para mini autobuses. Volvieron a reír.

- Tu y yo convinados haríamos un perfecto egiptólogo, estudias suelos y piedras, yo la vida.

- Tu y yo convinados podemos hacer maravillas y le damos vacaciones al egiptólogo.

Aitana amordazó su boca con la mano, evitando una carcajada ante el tono picaresco y marcada intención de Sebastián.

- ¡ Eres terrible !. Me pones sobre aviso... contigo hay que andar con cuidado.

. Intento comportarme a la altura de alguien con elevado sentido del humor y chispeante inteligencia. Dijo Sebastián halagandola.

La conversación continuó hasta que el sol los obligó a buscar refugio bajo el alero del bar, en el centro de la cubierta. Sebastián invitó a una cerveza, debían aprovechar que en el barco las bebidas alcohólicas están autorizadas para ser vendidas a los extranjeros. Cerca de la 1 p.m. abandonaron la cubierta y bajaron al piso del comedor.

- Sebastián ella es mi hermana Elena.

- Un placer conocerla. Con su belleza entiendo a Paris..

- Gracias, pero no soy la Elena de Troya. Todos sonrieron.

- Sentémonos.. tengo un apetito que veo visiones, hasta Tutankamón modelando en tanga..

- ¡ Aitana, que exagerada !. Criticó Elena.

El almuerzo transcurrió en ambiente de camaradería, como si se conocieran de días anteriores.

Sebastián para cimentar la naciente amistad pidió una botella de vino tinto. Un tempranillo español, adecuado para exaltar el apetito.

- Supuse una desgracia como esta.. la carta de vinos es muy corta. En la noche, a la hora del baile, descorcharé un Gavernet Sauvignon chileno, espero compartirlo con ustedes.

- Gratificante invitación, lo probaremos. Aceptó Aitana

- Si, y velada intención a compartir el salón de baile. Añadió Elena

- Garantizo la calidad del vino, pero el baile..

- Nadie nos conoce. Interrumpió Aitana. Cualquier brinco raro pasará por una modalidad de danza extranjera.

A las 9 p.m. comenzó la noche árabe, asistieron ataviados a la usanza egipcia.

- Me siento como Marcos Antonio cuando vio a Cleopatra. Los colores del vestuario resaltan la blancura impecable de tu tes y las finas facciones en el ovalo perfecto de tu cara.

- Exageras, eres muy adulador. Cuando venga Elena podrás decirle lo mismo.

- Elena es bella, pero tu me causaste una impresión distinta desde que te vi en la cubierta.

- Gracias. Admito que tus piropos son los mas hermosos que me han dicho, pero por favor no continúes, el rubor me ahoga.

- Entonces disfrutemos la ironía, que griega y chileno bailen música gringa en barco árabe.

Después de tres piezas musicales vino un intervalo, vino Elena y el vino chileno perdió el corcho. Tan pronto comenzó de nuevo la música se presentó un joven italiano a solicitar que Elena lo acompañará a bailar. Sebastián en silencio agradeció la aparición del italo, no tendría que dividirse entre las hermanas para compartir socialmente. Prefería agudizar su ingenio en Aitana y reducir el espacio entre ambos en cada pieza. Afuera el crucero en medio de la frialdad nocturna ascendía por la corriente del río dirigiendose al próximo puerto, Aswan. Adentro el calor humano ganaba grados continuamente, porque el vino chileno, al morir, cedió el bastón de mando al vino español.

6.20 a.m. el teléfono saltó como conejo asustado, avisaba la hora del desayuno y la excursión a la represa de Aswan. ¡ Porque no te callas !. Dijo Sebastián medio dormido parafraseando al rey Juan Carlos. Palpó a su izquierda. No había sido un sueño, Aitana dormía ignorando la insistencia del teléfono. Descolgó el molesto aparato. Se sentó al borde de la cama con los codos sobre las rodillas y las manos sujetandole la cara. Había dormido escasamente una hora, pero estaba acostumbrado a imponerse al cansancio, cuando el trabajo apremiaba en las minas no existía escusa válida. Tambaleandose entró al baño a tomar una ducha caliente, segundos después sintió resbalar por su espalda una mano tibia que terminó pellizcandole el trasero. Aushhh. Dijo y se dio vuelta para encontrar una beldad griega, desnuda y sonriente.

Dos días mas tarde, con miles de besos alfombrando los recuerdos, descendían en el aeropuerto del Cairo. Sabían que allí terminaba un girón de sus vidas. Resentían las abismales diferencias de sus destinos, pero se agradecían recíprocamente la felicidad recibida. Sin embargo la tristeza de la separación los quemaba por dentro.

Cada persona irradia magnetismo propio, único, que atrapa a quien recibe esa influencia subliminal desde el polo opuesto. El sexo es natural e irracional, rige la vida obedeciendo impulsos hormonales y, a veces, deja huellas imperecederas.

Aitana y Sebastián coincidieron en un escenario diferente al de sus vidas habituales, fueron arropados por el encanto de una historia con miles de años jalonada de bellos romances. Se entregaron sin inhibiciones a sus instintos primarios, y concientemente ignoraron consecuencias posteriores. Su mundo se redujo a un sexo espontaneo y feroz. Amontonaron conversaciones, caricias y placer, que se convirtieron en pirámide de entendimiento espiritual y físico. Las palabras amor y futuro no las mencionaron, permanecían sumidos en un presente inmediato, tórrido, insaciable, repleto de ansiedad.

Desesperados intentaron comprimir el tiempo, como si quisieran beberse de un trago el caudal del Nilo.

Llegaba a su fin una luna de miel no soñada. El ultimo beso, largo, tierno y doloroso, selló lo que sus labios no dejaron escapar.

Aitana terminaría sus vacaciones pasando una semana junto a su hermano mayor en Roma, después de vuelta a la rutina diaria.

El hizo escala en Madrid para volar sobre el Atlántico directo a Santiago. Fue a casa de sus padres, besó a todos y repartió los regalos. El equipaje quedó relegado en un rincón.

En el próximo turno laboral se reincorporó a los deberes de la mina, pero notó que su vida no era la misma. Cada día las horas se estiraban mas alla de su comprensión. Languidecía en una soledad confusa. Recurrentemente Aitana ocupaba su pensamiento. Transcurrió una semana antes que su madre lo llamara. Le informó había encontrado una nota en el bolsillo interior de uno de sus trajes. Contenía un nombre, dirección electrónica y numero telefónico. Sus ojos brillaron como si saliera el sol en las entrañas de la mina.

Atenas, Grecia. Mujer en fin, el mismo día de su llegada Aitana comenzó a seleccionar sus vestidos para enviarlos a la tintorería. De pronto gritó y comenzó a saltar de alegría. Envuelto en su ropa interior un papel cuidadosamente doblado y perfumado, exponía la dirección electrónica, numero de teléfono y la firma de Sebastián. Debajo tres palabras en letras mayúsculas. PLEASE... REMEMBER ME.

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