Luis Amador

Kemul

Desde las nubes que flotaban en el cielo...

- ¿Donde van a flotar las nubes imbécil? Escribes tonterías.

- ¡Callate!. Nadie te llamó a este cuento.

-¿Ya ves?.. no admites que te señale errores. ! Eres intolerante!

- Saquese, deportese, vayase a mi cabeza.

- Mal agradecido, cuando regreses a tu cerebro vacío vamos a discutir este asunto. Hij* d& P-%a.

Perdón, fue un pequeño debate con mi conciencia. Quiere ser mas recta que la vía que siguen los dictadores rumbo al infierno. Y también, como cualquier tirano, tampoco deja vivir. Cuando voy a comer, eso engorda, si tomo una copa, borracho asqueroso, si miro a una mujer, pornográfico. En fin, mi conciencia nada contra la corriente, como comunista en elecciones democráticas.

Recomencemos:

Desde las nubes que flotaban.. como eructo de borracho, llegaba el ronquido de un avión monomotor que se esforzaba por remontar la cordillera, frontera natural entre la pseudo civilización y la selva firme.

El monomotor tosía igual a gago con tosferina, y por detrás, donde cada quien tiene lo que tiene, dejaba bolitas de humo al estilo telegrafía apache. Al fin, sobrepaso las montañas y comenzó a descender. Planeaba mientras desesperadamente buscaba donde aterrizar. El monomotor tosió por ultima vez y por detrás, ya saben por donde, soltó un apestoso pistón. En ese momento crucial el monomotor renuncio a su calidad de motor, quedandose con su condición de mono para entrar en los árboles.

Todo lo que sube baja, menos los impuestos, por eso la nave, con sus tres ocupantes, llego al suelo hecha un amasijo de chatarra, pero con gracia. Le quedo la cola levantadita como a gallina enana después de la visita del gallo crestón.

La tragedia fue observada por una chimpancé que descansaba despatarrada en la encrucijada de dos ramas. El pobre animal no comprendió la magnitud del accidente aéreo, no sabía nada de aviación. Ella militaba en la comunidad de simios que residía en la zona. Dicho sea de paso, los monos en su comunidad comparten la miseria, que es de las pocas cosas que repartida se toca a más. Por eso monos y algunos humanos no evolucionan. No lo dijo Darwin, lo digo yo, que conozco el primitivismo de monos y comunistas.

Cuando el avión se dio en la madre, la selva estalló en sonidos de todo tipo, ramas quebradas, barruntos, mugidos y por supuesto, el siempre presente papagallo de las películas de Hollywood, vecino del barrio, se cagó de miedo y gritó a los cuatro vientos, a los imperturbables cocodrilos se le erizaron las conchas del lomo, pero las irrespetuosas hienas que estaban vacías, se rieron del asunto.

Inmediatamente el tan tan inalámbrico de los tambores indígenas comenzó a telefonear a las tribus vecinas, anunciando la llegada del carro de la carne, e invitando al festín de platos europeos. Aprovecharon la ocasión para pasar comerciales de cocina regional, y los precios especiales del menú.

Las tribus afiliadas a la African Gourmet Asociation rivalizan en sofisticación con la cocina francesa. Ej. aromático caldo de alpargatas guarnecido con patas de Gallego, o, agri-acido sobaco de Ingles a la vinagreta, o, cocido de ombligos alemanes con tripas rellenas de salchichas, o, tetas a las brazas a lo Juana de Arco.. Umm, ummm.

Por su parte, la mona, que ademas de chimpancé era trapecista y chismosa, actuó al estilo de cualquier vieja de barrio. Dejó los piojos en paz y fue a disfrutar de la desgracia ajena. De liana en liana, como le dio la gana, llego hasta la sabana. ¿Que pensará mi amiga Ana?

Corrió de a tres y cuatro manos para atravesar un limpio de la selva y retomó la vía arborícola. Poco después detuvo su marcha, sino le sucede como a los humanos, que pasan de donde deben ir. Observó que había llegado primero que los aborígenes. Descendió y al aproximarse al aparato, vio en su interior una pareja humana convertida en roast-beef.

Movió la cabeza a un lado y otro. La chimpancé no se lamentaba de nada, tampoco decía que no. Es la expresión simia de curiosidad (Lección # 1 King Kong por correo). No encontró que comer, ni souvenir interesante. Había perdido el viaje, pero disfrutó el evento de primera mano como cualquier periodista.

Se disponía a regresar cuando un leve sonido llamó su atención. Detrás de los cadáveres algo se movía. Era un bebé de aproximadamente 10 meses de edad, que al no ser de la raza privilegiada ario-anglosajona, tuvo que contentarse con venir al mundo con pelo negro y ojos café. Fijense si el detalle de los colores es importante, que hasta el hijo de Dios, judío de raza y colindante de África, lo presentan rubio, ojos azules y facciones centro europeas.. Bueno dejemos las disgresiones y regresemos al niño que, con su pañal rebosado, se desesperaba de estar sujeto por el cinturón de seguridad.

Por un elemental sentimiento de monidad (humanidad entre monos) sintió piedad por el huérfano. Halando y estrujando logró destrabarlo de las correas. El niño comenzó a llorar. Lógico, la mona era fea a joderse. Ella también se asusto por los berridos del niño, y estuvo a punto de tirarlo al suelo porque olía a maletín de comadrona. Al llanto del muchachito contestaron los gritos de nativos que venían a paso de conga.

La mona justo a tiempo subió al árbol destrozado por el avión y tomó camino de liana en liana como me hizo Ana. A su alrededor pasaron algunas flechas que la estimularon a poner selva de por medio, de lo contrario, iría a parar a la olla indígena. Detrás, cada vez mas lejos, fue dejando el canto de los tribeños.

Ahé, ahé la chambelona,
no comeremos niño porque
se lo llevó una mona.

Ahé, ahé la chambelona
pero comeremos al padre
un piloto é Barcelona.

Ahé, ahé la chambelona
También comeremos a su madre
con buenas nalgas é jamona.

Nombremos Cheap a la mona.(pueden pronunciarlo Chip, o como les venga en ganas a mi que me importa) El nombre no es apocope de chimpancé, sino porque era poca cosa. Juzguen: sonsa, sonsisima, ni marido había enganchado, o al revés, no había conseguido quien la enganchara. La pobre, siendo mona no aprendió a pintar monerias como muchas que andan por ahí. Merecía condolencia, porque según Valter Mercato astrológicamente mantenía intacto el signo de Virgo..

Chip no tenía leche en sus pechos, ni farmacia cercana donde comprar Similac, entonces decidió explotar su filiación de comunista primitiva. (ideas Marx-Engels) Entró en trueque con la vecina de los bajos, gacela resabiosa pero glotona. Le daría frutas por tres tandas de chupadas de tetas al día. Chip era mona de carácter familiar, aceptó con responsabilidad su papel de madre soltera sin importarle la critica que le haría Dom Kink, jefe de la tropa chimpancé.

El niño fue objeto de burlas dentro de la tribu de monos, creyeron que era calvo de cuerpo entero. Porque en el mundo hay de todo, desde monos calvos, hasta quien mi amiga Paola llama ¡Calvo monisimo, papasito!. Desde luego eso cambió con el tiempo, después le salieron pelos hasta en el cu.ello.

Sus primeros siete años fueron tan difíciles como las décadas que lleva el pueblo cubano bajo la libreta de desabastecimiento. Comer en un mundo regido por las leyes de "guarapo", no es fácil. (ideas Stalin-Patilla). Primero se harta el jefe, después la hembra dominante, luego los chupa-callos amigos del jefe, mas tarde las hembras jóvenes que "jineteando" producen la rica andrógenona, y cierran el cuadro los viejos, los desvalidos y si cae alguna migaja la pellizcan los opositores.

Aprendió a no estorbar el paso a los poderosos, sobre todo al # 1, que era antecedido por repugnante olor a huevos cluecos. Sin estudiar a Newton comprendió la ley de gravedad. Cada noche construía un nido con ramajes y cuidaba de no hacerlo bajo otro nido. Los monos no descienden del árbol para ir al toilet, dejan caer liquido o solido, y ¡ olé..!

Tan pronto pudo, nuestro héroe Kemul, (así lo llamo Chip, por la expresión contraída ¡Que mulo!- motivada por cierta virtud física del muchacho) ingreso a las actividades de la comunidad. Salía a buscar frutas, saltaba de rama en rama, aprendía el idioma simio, utilizaba el agua solo para tomar, y estudiaba acápites del curso "El Chimpancé Practico", del que se graduó con honores cuando aprendió a rascarse el culo.

Los ejercicios físicos, alimentación natural sin grasa ni sal, y la ausencia de preocupaciones por las tarjetas de crédito, hicieron de él un atleta magnifico. Su crecimiento fue integral, pero algunas cosas crecen mas que otras, entre ellas el valor. Cada primavera le traía nuevos brios para enfrentar animales de mayor poder, pero también confrontaba necesidades propias del sexo.

Ya dijimos que Kemul no era de origen anglo-sajón, lo que quiere decir que no era racista como Tarzan, que fue señorito hasta que Jane lo convirtió en "señor circunciso". Sirva la ocasión, para contarles un chisme. La señora Jane cuando llego a la selva llevó mas kilómetros recorridos taloneando en los muelles del Támesis, que en el cosmos el Enterpraise de Star Treck. Lo único que Tarzan le encontró sin romper fue la membrana de un tímpano.

El desarrollo de Kemul hizo que las monas jóvenes, bizcas de admiración ante la abundancia del chamaco le pintaran arrumacos sexuales, pero el chaval no quería bola de pelos pulgosa, aspiraba a bola de cuero con olor a cebolla machucada, y sabía donde encontrarla. En la rivera del río había visto una morena que portaba un tetaje y un nalgaje, que incitaba el ultraje.

Vanidoso, como la mayoría de los tipos que se creen estar muy buenos, temía hacer el ridículo si tomaba la iniciativa para el acercamiento. Soportó lo indecible sin ceder a sus impulsos, pero una noche se le inflamó.. el pensamiento, y decidió ponerle fin a su timidez. Se mostraría a la joven en original Strip tease entre hojas de palmeras.

Vuana, la muchacha morena, inicialmente sintió rechazo por el chamaco. Nunca antes había visto un hombre blanco. Aquella cosa grande y rosada, el cuerpo de Kemul, le pareció rata pasada por agua hirviendo, sin embargo lo que llevaba colgando le llamó la atención. Pensó que si ella se comportaba amablemente, él se lo dejaría tocar y quizá hasta jugar con ello. Se trataba de un collar de dientes, pero no de dientes de leopardo, es muy peligroso convencer al leopardo para que vaya al dentista. El collar era de dientes de ajo, buenos para la digestión y antídoto contra los vampiros y sus chupadas.

No se concertaron citas, pero cada día volvían al río sabiendo que podrían verse. Poco a poco se acortó la distancia hasta que llego la ocasión que solo cupo entre ellos un suspiro, porque lo demás ya estaba en su lugar. Vuana regresó a la tribu tan complacida, que no ocultó a sus amigas lo que había pasado. Error que cometen algunas féminas cuando ponderan la herramienta de trabajo de su machacante. Pasaron semanas, meses, y creció el revolcadero a orillas del río, crecieron panzas y también la población nativa.

Kemul no era el mismo, trastabillaba al andar, se le doblaban las rodillas. Y el pensamiento, que tiempo atrás se inflamaba con facilidad, dormía fláccido..

La aparición de los primeros niños con piel bronceada, fue justificada en la tribu como fenómeno propio de un pasado eclipse lunar, pero poco después descubrieron al hombre blanco y su pincel.. el que cambiaba los colores.

Aquel valle selvático era lugar inseguro, lleno de asechanzas. En cualquier momento un marido cornudo lanza en mano le abriría en la espalda una ventilación adicional..

Kemul por paternal, fue acusado por la KGB o G-2 de la tribu de delitos contra la seguridad y estabilidad de la familia. Ser perseguido por sus ideas de amor al prójimo, mejor dicho a las "prójimas" violaba sus derechos humanos y le daba la posibilidad de pedir asilo político en otra región. Su ineludible viaje lo enfrentó con las dudas, no sabía si irse en balsa, en Iola, o convertirse en wet back al cruzar el charco.

En aquella época todavía Disney no había contratado a Dumbo el elefante volador, pero su abuelisimo Bombo, elefante flacucho y orejón, servía en la tropa de los cofrades de Kemul. ¿Recuerdan que nuestro héroe fue hijo de piloto barcelonés?. Pues hijo de gato caza ratones, e hijo de piloto barcelonés, vuela aunque sea en pedazos. No lo pensó dos veces, agarró al proboscidio y lo llevó al tope de una colina, le ajustó un panal de avispas bajo la cola y realizó el primer vuelo por amor.. a su pellejo.

Cuando a las avispas se les acabó el veneno, lagunizaron en un pantano donde por simple cuestión geográfica, no se los comieron las pirañas, en África no hay pirañas. Sin embargo las niguas lo picaron hasta dejarlo como convaleciente de sarampión, ademas una sanguijuela gay, le mordió el pensamiento, que le quedó tipo tachuela de techo, chiquitita y cabezona.

Kemul salió del agua. Agradecido igual a cualquier buen emigrado, se tiro de rodillas, beso la tierra y gritó:

- ¡ Jamare fritanga chicharrón banana!* (tierra de oportunidades y abundancia)

Afortunadamente no existían agentes de inmigración, ni Green Cart; así que nadie le jodió la existencia. El tiempo le demostró que, en este mundo donde quiera que uno vaya, encontrará que el mosquito y el pedo se parecen mucho, primero se anuncian y después vienen los efectos. Como buen emigrante ajustó las necesidades a las dificultades del medio y comenzó a vencer, ese es el triunfo para los necesitados.

Armado de su arco saltó a la naturaleza, traía un hambre que comía hasta huellas de animales. Kemul desconoció la ecología por lo que el medio ambiente y la conservación le hacían cosquillas en el tareco, para él, de guayabito en adelante todo era cacería.

La suerte juega un papel muy importante en la vida, y a Kemul, desde niño, siempre lo protegió la suerte. Fortuitamente donde a la causalidad le llaman casualidad encontró la mujer que había soñado.

Mientras cazaba, vio detrás de unos arbustos enanos, flotar al viento una frondosa cabellera como la de modelo de champú. Movido por la curiosidad y escondiendose de la dama, rodeó los arbustos hasta que pudo verle el rostro.

La cara de la mujer contraída en rictus de dolor, hacia que sus ojos verdes, saltones por la presión, mantuvieran su vista ensombrecida, fija en el vacío. Parecía estar petrificada en el tiempo, atrapada por una rigidez de muerte, solo los latidos del corazón que hinchaban las venas de su cuello, permitían saber que aun vivía. Pero de pronto, su semblante cambió y las facciones del rostro aflojaron en dulce calma, sonrió en silencio. Había salido del apuro, padecía de estreñimiento.

El encuentro entre Kemul y la dama, no fue a lo Cuca y Paco en el malecón habanero (versión chabacana de Romeo y Julieta), pero dio comienzo a la relación que los fundió en pareja para toda la vida. La muchacha era hermosa, atractiva como solo puede serlo una hembra donde no tiene competencia. ¿Por que ella estaba allí?. ¡Que se yo!. A lo mejor se escapó de un cuento de otro loco. De todas formas me conviene que se antojara de ir a cagar donde Kemul pudiera encontrarla.

De ella puedo decir que desarrollaba actividad de generador eléctrico, que tenía grandes tetas muy juntas, al punto que los pezones entraban en corto circuito. Esa cualidad hizo que el pensamiento de Kemul se reconvirtiera en electrodo positivo, y también me permite terminar esta historia.

NOTA: No se casaron, ni criaron muchos hijos, ni fueron siempre felices, el cuento no es de Ada, lo escribió LUIS

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