Luis Amador

Amor.. corrompido

Rubén regresó del hospital pasada la 1 a.m., mas tarde de lo acostumbrado. Le extraño ver la luz del pórtico apagada. Al abrir la puerta un olor muy peculiar en cirugía hirió su olfato, la piel se le erizó. Dio un paso y tropezó con algo suave, viró la mano hacia la pared, la estancia se iluminó. Saky, el perro, yacia ensangrentado e inmóvil. Saltó sobre el animal gritando los nombres de la esposa e hijo. Subió las escaleras a sancajadas. Penetró a la habitación, se detuvo como si el pecho le hubiera reventado. Sobre la cama, boca arriba en un charco de sangre, la señora desnuda miraba al techo. Junto a ella, enroscado en posición fetal, el niño mostraba la garganta cercenada.

Cada tarde se sentaba sobre el viejo tronco de pino a contemplar como las olas se enrollaban en la playa. Meditaba infructuosamente buscando un sentido a la vida. Recordaba el tiempo en la guerra ejerciendo cirugía, el regreso a brazos de Jazmín, la boda, el nacimiento del niño, cuatro años de felicidad y al caer la noche, su razón también ensombrecía.

La justicia humana no aportaba resultados, la justicia de Dios vendría con los años, pero una ni otra le proporcionaría consuelo. Se consumía en un dolor insondable, donde las lagrimas se evaporaban. El infierno anidaba en su alma quebrantada. Perdía el equilibrio entre el bien y el mal.

Compró una pequeña propiedad agraria ubicada a las afueras de otra ciudad, a dos horas de viaje del hogar anterior. Allí podría pasar años sin acudir a la convivencia social, pero ese no era el plan que tétricamente maquinaba.

Ordenó rellenar la piscina de la casa con arena y cubrirla por encima con una placa de concreto, a continuación mando vestir la placa de concreto con tierra y césped.

Por si mismo creó un pasadizo subterráneo para comunicar la casa con el cubículo de la piscina y extrajo la arena. No fue difícil instalar electricidad y una extensión del aire acondicionado de la casa. En el salón improvisado edificó un quirófano, una reja de hierro e instaló una fragua de herrería, ademas un purificador de aire para eliminar olores.

Las madrugadas lo sorprendían disfrazado de maleante en sórdidos tugurios de la ciudad donde vivió antes. Pagando tragos y fingiendo una pésima catadura desarrolló contactos en el bajo mundo. No pretendía alzarse como vigilante social, solo aspiraba a encontrar los asesinos de su familia.

Por intermedio de un ladronzuelo de supermercados, que habitaba en el mismo hotel de mala muerte donde residía, ingresó al grupo de asaltantes de casas. Para ganar confianza participó en desvalijos de residencias cuyos dueños estaban de vacaciones. Comentarios jactanciosos de los delicuentes, bajo los efectos del alcohol, le permitieron averiguar la identidad de los implicados en el robo de su vivienda.

Sutilmente provocó encuentros con el homicida mas joven, para que se acostumbrara a verlo sin recelo. Tan pronto se presentó la ocacion lo invitó a tomar tragos en un prostíbulo clandestino. A la salida, el criminal borracho, recibió una inyección de potente somnífero. Despertó desnudo y atado a la reja.

Descargas eléctricas en nariz, orejas y testículos, obligaron al delincuente a narrar paso a paso la masacre que habían cometido. Por supuesto la mayor responsabilidad y crudeza se la achacó al otro maleante. Fue el socio de asaltos quien degolló al niño y violó y apuñaló a la señora, él se dedicó a robar. Rubén no le creyó el cuento, pero sí que el otro fue el jefe de la pareja.

Le comunicó la sentencia de muerte. Moriría ahogado de forma muy peculiar. Por un catete instalado en la vena del antebrazo, el corazón del criminal descargaba la sangre en un tubo insertado en la traquea.

Tosió hasta que los pulmones se llenaron de sangre. La agonía fue larga, desesperante, los ojos se inflaban hacia afuera, escupía coágulos mientras luchaba por inhalar aire. Cortó el cadáver en pedazos, lo quemó hasta convertirlo en cenizas. Durante la tarea un brillo siniestro refulgía en sus ojos y en los labios afloraba una sonrisa macabra.

Armado de un fusil de aire comprimido, cargado con dardos para dormir animales silvestres, salió a cazar al matador. Lo acechó durante seis noches hasta sorprenderlo, en plena madrugada, merodeando casas en busca del próximo atraco.

El malhechor era corpulento, sin embargo despertó desnudo y atado a la mesa del quirófano, con la particularidad de estar mudo.

Al día siguiente Rubén se presentó vestido de cirujano. La cara le resplandecía de gozo, la venganza consumía su mente y no cedía espacio a la piedad.

- ¿Sabes por que estas aquí?. ¿Quien soy?. ¿Donde está tu socio?. ¿Que castigo te espera?. ¡ No sabes nada !. Estas aquí por asesinar una mujer excelente y un niño angelical.. soy el esposo y padre de tus victimas. A tu compinche de fechorías, después de ahogarlo en su propia sangre lo convertí en cenizas, pero a ti no te matare, seré indulgente. Te sanciono a morir preso en una cárcel, de donde solo la muerte o la locura te podrán liberar.

Tomó aliento y prosiguió el orate monólogo.

- Quieres hablar, defenderte, pedirme perdón, suplicar, pero no puedes pronunciar palabra. Anoche extirpé tus cuerdas bucales, no quiero oír cobardías. No te infestaras, dispongo de recursos adecuados, soy cirujano.. estas en buenas manos.

Soltó una risotada diabólica y poniendose los guantes de goma retomó la palabra.

- Siento mucho no tener anestesia, soportaras el dolor con el mismo valor que cuando mataste a mi familia. Si te desmayas, te reanimo, esta fiesta debes disfrutarla a plenitud. Hoy te amputaré el brazo derecho, el que enarboló el puñal. Cuando te hayas recuperado será el izquierdo. Después tendremos otras dos operaciones, tus piernas. Todo lo cortaré completo, así no te quedaran muñones, afean la fisonomía. No pasaras hambre te alimentare por cánulas. Seras un hermoso tronco vivo. Ah, se me olvidaba.. destruiré tus tímpanos y te echaré cenizas hirviendo de tu socio en los ojos. Entonces preso dentro del cuerpo, te abandonaré frente a una sociedad caritativa. Ellos te alimentaran, no tendrás necesidad de robar, ni matar, para vivir cómodo y feliz. Mira bien lo que te rodea. Lo he construido para ti con todo mi odio.. Recuerdalo porque será lo ultimo que veas.

Cinco meses mas tarde el periódico local publicó el lúgubre hallazgo de un tronco humano desmembrado, sordo, ciego y mudo. Las paredes de la piscina a prueba de sonidos, se tragan las carcajadas de un loco que en publico parece un respetable galeno..

El amor convertido en odio pudre la mente humana.

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