Luis Amador

Amor bovino

Tragedia donde las imposiciones de un cretino tuerce destinos e intestinos.

Mientras descendía del avión especialmente fletado para ella, miró a su alrededor con displicencia vacuna, y sin darle importancia al recibimiento que le ofrecían, mugió algo que ni el más "buey" hubiera comprendido.

Traía un vestido blanco con lamparones negros, o negros con lamparones blancos. Eso depende de usted, si es racista, o, el color que le guste. Vestida de cuero, como lo impone la etiqueta para una vaca viva, abanicaba con gracia femenil su natural matamoscas, que colgaba donde termina la vaca.

Sobre la pista, una larga alfombra de plástico rojo cumplía doble cometido: marcar la ruta a seguir y evitar que sus delicadas ubres se dañaran contra el asfalto del aeropuerto.

La comitiva de recepción estaba encabezada por dos caballos. Un noble bruto era montado por el doctor en veterinaria encargado de salud vacuna, el otro caballo, peludo de cara, y que no es noble ni bruto dijo:

- ¡ Querida Miss. Ubre Blanca !. Bienvenida a mi paraíso "sociolista" * (usufructo de los socios en lista).

Ploff, ploff, plaff, pliff. Ubre Blanca con flema cubiche, dejó caer tortas majestuosas. Esa fue su respuesta al equino-Castro..

La fuerza de la costumbre hizo que el caballo jefe de la re-dictadura no se diera por aludido. El pueblo lo tiene acostumbrado, así responden los cubanos a lo que dice el jumento.

El peludo personaje alzó el casco delantero, hizo una reverencia medieval e indicó que la comitiva debía iniciar la marcha. El otro caballo, joven y bello, el del veterinario encima, encabezó el cortejo.

Sin dilación abordaron los equipos móviles y partió la caravana. Abrían paso dos motos patrulleras derritiendo sirenas. Le seguía el Mercedes, último modelo, que al igual que el resto de la nación es propiedad del penco viejo. Detrás, en confortable camión limusina, con aire acondicionado, música clásica y encojinado, (dije encojinado, por favor no confundan) viajaba Miss. Ubre Blanca. A continuación, tres ambulancias, un camión de forraje vitaminado y fortificado, y ocho unidades militares, por último, un perro callejero que no sentía interés por la vaca fenómeno. El perro corría describiendo eses por su debilidad, se detenía en cada poste del alumbrado público, recostaba su flacura y ladraba valientemente al vejete del Mercedes, denunciando su perra vida sin piltrafa.

Transcurrió una hora comunista, (350 minutos). El tiempo comunista es largo, por vacío y doloroso antes que la comitiva concluyera su viaje frente a un establo a todo trapo, quiero decir, engalanado sin miseria y forrado de banderas rojas, más trapos todavía. El emperifollamiento remarcaba el lugar donde se celebraría un acto de importancia.

En efecto. Todo estaba preparado para una boda. No piensen que entre el caballo y la vaca, sino Miss. Ubre Blanca versus Mr. Café con Leche. Un toro canadiense como pocos. De alcurnia, árbol genealógico y cuernos antes de casarse.

Y como entre animales se entienden, el caballo jefe, abogado y dueño de las leyes, dirigió la ceremonia. Fue una boda civil muy emocionante, en la cual los novios se intercambiaron sendos anillos de rigor, que por no tener dedos fueron a parar a sus narices.

Llegó el momento del brindis, Café con Leche ni Ubre Blanca beben champán, ( los cubanos tampoco) se contentaron con glotonas lengüetadas en el barril de miel de purga.

Bramaron felices, y ella, en el paroxismo de su euforia, alzó su delicada pezuña y despanzurró una paca de pangola que sirvió de cake nupcial.

Todo era alegría, la emoción del momento embargaba a los presentes, sonaron las cornetas de la banda militar, los soldados dispararon una salva al aire, aplaudía el veterinario, mugían los bovinos, relincho el caballo decrépito... y se acabó la celebración.

Mr. Café con Leche ponía los ojos en blanco suplicando la partida de los asistentes. El aroma que venía de las redondas formas de Miss. Ubre Blanca lo enloquecía. Debo aclarar, Mr. Café con Leche había llegado al matrimonio casto y puro... ¡ y como le pesaba !.

Sin embargo esta historia de amor pecuario no termina al estilo de las novelas de Delia Collado o Corin Fiallo. ¿Y saben por qué? Porque sus ilusiones, como todas las ilusiones en Cuba se las lleva el diablo, o lo que es lo mismo, las frustra la hipocracia (hipo = caballo, cratos = autoridad.) Esta palabra no existe en el diccionario, pero en suelo cubano es trágica realidad. La hipocracia se ha convertido en la peor de las hierbas urticantes, ¡ Ah ! Y sin derecho a rascarse.

Miss. Ubre Blanca sólo conoció al señor "Varillero", viejo y rudo inseminador artificial, y Mr. Café con Leche a la señora "Insípida", vaca plástica colectora de espermatozoides.

Pero pronto llegará el día en que la historia corcovee y patee al penco máximo. Entonces se hará bueno lo que dicen los guajiros cubichis.

-¡ Bácbara moñinguera* van a sacarle al jamelgo matao del lomo !

  • bacbara =  barbara
  • moñinguera = forma criolla de decir estiércol
  • matao = con mataduras, peladuras
  • jamelgo = caballo viejo y destartalado

 

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