Santería

Orula no se equivoca

“El muerto cierra un pacto con el vivo y hace todo lo que el vivo manda. Nganga quiere decir muerte, espíritu. Nganga es lo mismo que Nkiso, que Villumba, espíritu del otro mundo. Misterio”.
Lydia Cabrera

Anoche te recordé. Justo en ese momento en el que un tipo lleno de collares se acercaba para anunciarme que no le había saludado. En ese instante tus manos llegaban a mi memoria, las mismas manos que me describían la configuración del Universo mientras Mari preparaba café se presentaron en un bar, que podría ser cualquiera, de esta ciudad que te añora. Aquel tipo me preguntaba si nadie me había enseñado a saludar a un babalawo. Tú sabes como soy yo, hago que me despisto, disimulo, parezco no caer en los detalles pero observo y para cuando deparó en mi presencia yo ya le había localizado mirando las pulseras y pensando para sí que era una oportunidad única para mezclar la espiritualidad con el acercamiento. Que confusión Joaquín, esto es casi igual que la estampa de aquella negrita vestida de blanco junto con los belgas alcohólicos donde el folklore afrocubano se levantaba la falda y perdía el respeto a los ancestros mientras se arremangaba la camiseta, se desataba el pañuelo y se lanzaba al chapuzón en aquella playa del Este. Recordé como sonreías señalando a la prieta y sus caderas, las mismas que obsesionaban a los acompañantes que sólo podían ahogar sus ganas en las cervezas que pedían a pares con la intención de encontrar la hombría que les diera el valor suficiente para darse también el bañito junto al cuerpo que se contoneaba dando una imagen equivocada de Cuba.

Me dijo que si no sabía lo que llevaba encima, ¿te lo puedes imaginar?. Si no fuera porque ya aprendí a controlar el hacha, la misma que me recomendaste no utilizar nunca con causas perdidas, la hubiera lanzado. Me comporte, supe hacerlo. Le observe detenidamente y le dije que disculpará pero que estaba compartiendo con unas amistades y no tenía tiempo de saludar a desconocidos. ¿Qué es eso de mezclar las creencias con las cervezas?. Dime tú, sólo podía pensar en ese momento que si estuvieras presente le hubieras dado una clase de humildad que nunca hubiera olvidado. ¡¡Esto esta jodido Joaquín!!. ¡¡Esta en candela compadre!!. Ahora la moda es colgarse un cartel en el que se anuncia como un compendio todo tipo de servicios a domicilio enmascarados de hierbas, gallinas, pollos y palomas. Tiendas que cuelgan a Cuba en un luminoso en rojo donde la santería hace esquina con la prostitución y donde es suficiente con vestirse de blanco, comprar dos pulseras y mirar al dependiente de arriba abajo para que el mismo que hace dos segundos ni te había visto te ofrezca la posibilidad de darlas de comer ¿de comer en tu trastienda? y lo único que me queda es sonreír como si fuera una turista esquizofrénica enamorada de algún aprendiz de santero y buscar la salida para respirar.

Te lo dije. Siempre te lo he dicho. Que ya todo vale. Que en este lado del mundo no hay sitio para la buena fe.

Parece que se molesto tanto que volvió a caer en lo mismo con lo mismo. De nuevo insistió en preguntar si estaba segura de lo que llevaba encima y cansada ante tanta indagación le dije soslayadamente que sabía bien lo que tenía él, mi acompañante, el de la esquina de la barra y el cúmulo de personajes que allí se reunieron pero que no estaba dispuesta para un tertulia a la una de la madrugada sobre santos y guerreros, entonces, con cierta superioridad menciono un “tu sabrás” que me dejo perpleja. Si hubieras podido verlo, si hubieras podido sentir lo que yo sentí comprenderías que la indignación cae encima de mí como un cubo de agua fría sólo con recordarlo. Ya sabes, me tuve que callar, lo hice por respeto a la palabra, que las palabras no se utilizan para decir nada o mierda que es lo mismo. ¿Y la religiosidad?, ese es un tema muy serio mamita como para estar dando clasecitas gratuitas, así me contestarías, vaya, casi parezco escucharte en la esquina de la habitación mientras lanzas tus enormes manos en busca de la taza que horas antes ya nos había servido tu esposa. Maria se ríe mientras lee estas letras, estoy segura, dirá un breve comentario parecido a ¡¡ la muchachita tan pasional ¡¡ y se marchará por la puerta lanzando un beso al aire que tu cazarás mágicamente, como siempre haces, impregnando las cosas de serenidad.

Anoche te recordé. Mi corazón se aceleraba al ritmo del toque de violín a Chango, al sonido de la campanilla de Ochún, Yemaya sonreía mientras lanzaba flores a las olas, las mismas que mantengo en el último bote de agua que me queda, los perros de Babalu-Aye ladraban mientras detectaban la ceguera del susodicho, Obatalá tocaba una pandereta para espantar la falta de respeto, Eleggua se colocaba debajo de la lengua de la mala educación para terminar de enredarla, Oggun cerraba las puertas y escondía las llaves, Ochosi preservaba los daños, Yewa me guardaba de las palabras sin sentido, Aggayu pretendía subirme en sus hombros para que pudiera escapar al son de sus largos pasos, Inle me señalaba la salida para encontrar la serenidad por unos segundos, Osaín me recomendaba una tila para calmar los nervios, Obba sugería que me cortará una oreja para escuchar la mitad por la otra, Los Ebeyi traviesos querían jugar con mi cabeza, Oya tan brava como disciplinada lanzaba un latigazo de tormenta y tu voz se pegaba a las paredes del local “Orula no se equivoca“ mientras Madrid lloraba.

Raquel Ortiz (Pancrasia)

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