Santería

Las sociedades Abakua

Con este nombre se designa al complejo de asociaciones Abakuá o Ñáñigas, especie de sociedades secretas exclusivas para hombres, de probado origen carabalí (conjunto de pueblos que habitaban la actual provincia de sureste de Nigeria, donde se asentaban las etnias Efik, Ibo, Ibibio, entre otras).

A diferencia del resto de los grupos culturales sincréticos cubanos (santería y palo monte), sobre los ñáñigos se puede precisar su fecha y lugar de origen: Regla, 1836, debido a su fuerte carácter de asociación y a su proyección dentro de la sociedad colonial.

Sus antecedentes, en cuanto a su caracterización como asociación exclusiva para hombres, se encuentran en sociedades similares estructuradas en Africa, cuyo fin fundamental era el fortalecimiento de la jefatura tribal (en manos de los hombres) contra los peligros de desintegración interna y ante el peligro de enemigos territoriales y coloniales.

Al ser trasladados a Cuba y ante las nuevas circunstancias, se retoman algunos de los rasgos de esas sociedades, ya consolidadas en Africa en el siglo XVIII, y reorientando sus funciones y sus objetivos, se crean en aquellos lugares que propiciaron su surgimiento.

El primer factor histórico que acelera el surgimiento de estas asociaciones fue el desarrollo comercial debido al auge azucarero del siglo XVIII. Esto generó una necesidad de aumentar la mano de obra, la cual fue cubierta en parte por negros esclavos que fueron desviados de las plantaciones hacia los puertos.

A esta mano de obra esclava se le sumó, en el siglo XIX, un número cada vez mayor de obreros libres (negros libertos o esclavos de alquiler) quienes mostraron una preferencia por este tipo de trabajo debido a dos razones fundamentales: por no requerir para ella el conocimiento de un oficio ni calificación alguna (dependiendo sólo de la fuerza y la resistencia física) por otro lado, el trato recibido hacia ellos por parte del contratista siempre era menos despótico que el recibido por el mayoral en las plantaciones.

Esta concentración de hombres negros, con mayores libertades y necesidades de protección ante la actividad laboral y los jefes, es la primera causa del origen de estas sociedades y justifica a la vez la regla de la exclusión femenina de las mismas. Su objetivo ya no responde a un interés de fortalecer la autoridad tribal ni defenderse contra otros grupos, la intención de los ñáñigos no era desarrollarse para actuar en contra de la sociedad colonial que los oprimía, sino cumplir con todas las reglas emanadas de su asociación para garantizar el orden interno de su grupo. Constituían especies de gremios que autoamparaban al negro en determinada actividad laboral, esto exigía una gran conexión entre sus miembros.

A pesar de que en su adaptación al nuevo mundo se variaron diversas características de las originarias asociaciones africanas, se mantuvieron rasgos como: el valor de la hermandad y la solidaridad incondicional a éste (ekobio) y el culto a la hombría (vinculado en Africa al tránsito del matriarcado al patriarcado y a la propia evolución de la estructura tribal).

Este aspecto, al ser trasladado a Cuba, se lleva a su extremo, llegando a ser la esencia de las asociaciones abakuá la supervaloración del macho a partir de reglas de conducta muy rígidas en las cuales radica este culto a la hombría: no ser amanerado, no delatar, no retractarse, ser buen hijo, buen padre y buen amigo, no enamorar a mujer de un ekobio, no ser el pasivo en una relación homosexual.

Violar cualquiera de estas reglas supone una sanción, la cual puede ser desde una simple amonestación hasta un castigo con sangre.

Si bien las primeras sociedades abakuá se gestaron y asentaron en las ciudades y barrios cercanos a los puertos (Regla, Guanabacoa, Cárdenas), a lo largo del siglo XIX y durante la República se extendieron a otros centros urbanos (Marianao, Belén, Cayo Hueso, Cerro) y laborales (mataderos, transportistas, etc).

En la segunda mitad del siglo XIX se produce lo que ha quedado en la historia como la “Reforma Abakuá” y que fuera iniciada por Andrés Facundo Cristo de los Dolores Petit, “caballero de color”, conocido por el nombre de Andrés Petit en La Habana del siglo pasado, alto dignatario de la potencia ñáñiga habanera Bacocó Efó, personaje que ejemplifica el curioso y peculiar sincretismo criollo, temido mayombero (congo-palero) de la orden católica de San Francisco y creador de la Regla del Santo Cristo del Buen Viaje del Palo Monte.

Gracias a la gestión de Petit, de quien aseguran que era congo, lucumí, espiritista, ñáñigo y católico, se funda en 1863 la primera asociación de ñáñigos integrada exclusivamente por blancos, hecho que marcó el inicio de la “Reforma Protestante el Ñáñiguismo” (como así lo conceptua D. Fernando Ortiz).

Ante este suceso, se producejeron enérgicas protestas por parte de los integrantes de las viejas potencias de ñáñigos negros quienes estaban negados a reconocer como “hermanos” a los hombres blancos jurados como abakuá. Luego de numerosas reyertas y enfrentamientos, en 1872 se pacta la paz y como acuerdo se establece la posibilidad de continuar las sectas con independencia y separadas la de los blancos de las de miembros negros.

Posteriormente, como consecuencia de la abolición de la esclavitud se crea una gran masa de desposeídos que sólo dependían de su fuerza física para sobrevivir, la existencia de este incipiente proletariado de gran heterogeneidad racial propicia que, poco a poco, se fuera excluyendo el racismo dentro de las sociedades abakuá. A partir de ese momento y hasta la actualidad, el ñáñiguismo, que hasta entonces era “cosa de negros” pasaría a ser lo que desde entonces es: cosa de cubanos.

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