Santería

El santo de Don Manuel

Don Manuel llegó a La Habana cargado de euros. Estaba avisado de que todo estaba listo para hacerse santo. Luego de hacerse el santo, se casaría. Protegido por los orichas, la vida continuará mucho mejor en su tierra.

Manuel vino a Cuba por primera vez en 1992. Conoció a Marielena y regresó una y otra vez. Lo hizo todos estos años y con estancias cada vez más largas.

Manuel hizo muy buenas amistades. Su irrupción en el mundo mágico y religioso lo hizo de la mano de Marielena. Ella lo llevó ante su padrino y el babalao decidió que tenía que hacerse santo. Manuel, luego de hechas las cuentas y los cálculos del caso, encontró que debía invertir entre 4,000 y 4,500 euros.

Entre derechos, comidas, géneros de telas, animales necesarios para ser sacrificados, etc., Manuel invertiría esa suma, que no representaba nada en comparación con "el iré de salud, dinero y amor" que recibiría por parte de un oricha, que en su caso no será de los convencionales.

Un santo o ceremonia de iniciación en ritos afrocubanos constituye la confirmación de un pacto entre el hombre y la deidad protectora. El hombre cumplirá su parte del pacto, a partir de su respeto por ciertos tabúes y la ofrenda del alimento a la divinidad. La parte divina le proporcionará suerte y armonía para su vida material y espiritual.

En Cuba la pérdida de valores reclamó su parcela hasta en el terreno divino. Mucho es el engaño que se practica en la actualidad. No está excluida la senda de lo milagroso. Los santos (ceremonias apócrifas) falsos, hechos con orichas originales o con orichas apócrifos, se han hecho corrientes.

Muchos babalaos y santeros honestos resienten estas prácticas, pero los hay que obtienen pingues ganancias.

Los engaños raras veces están dirigidos contra nacionales. Para eso están los extranjeros, que son engañados hasta de forma institucional por el gobierno.

En el llamado Casco Histórico, ubicado en el municipio capitalino Habana Vieja, existe toda una infraestructura consagrada a estos fines. El tinglado fue montado por el avispado e informado Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler.

Por mandato expreso de este señor, quien funge además como diputado de la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular, se han desplegado santeras de utilería disfrazadas con trajes de ocasión. Las santeras se asientan en calles y plazas y orientan sus servicios fundamentalmente a incautos turistas.

Estos son reorientados a otros "santeros mayores" o "babalaos de la guara" para hacer el diplosanto. Los diplosantos son colosales estafas.

A Don Manuel lo estafaron en familia. Dicen que le montaron a "Lukankkaso". Este es una de las formas del Diablo para la regla de Ocha. Según los babalaos serios consultados, nadie puede montar al Diablo en una cabeza. El pobre Manuel cree que lo tiene y para ello pagó sus buenos euros.

Quizás tenga razón, aunque exactamente no haya montado a Lukankkaso, puede haberlo desposado.

Martes, 11 de Julio del 2006

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