Sanidad

Crónica de una cardiopatía en Cuba

Para la señora Gómez y su hijo Juan Luis, el día 19 de marzo había comenzado dentro de la rutina diaria que acompaña a la casi totalidad de los cubanos: averiguar si habían traído algún producto normado por la libreta de abastecimiento, buscar el pan asignado por la cuota. Pero hacia las diez de la mañana, un ligero dolor en el pecho de Rosario Gómez alarmó a su hijo: "A los 78 años un dolor en esa zona del cuerpo puede ser una fea señal", nos comentaba Juan Luis.

Después de infructuosos esfuerzos por conseguir un vehículo, decidieron recorrer a pie los 800 metros que los separaba del hospital Miguel Enrique. Al llegar le practicaron a la señora Gómez un chequeo de urgencia, detectándole una cardiopatía isquémica, por lo cual ordenaron su ingreso, permaneciendo hospitalizada durante quince días.

Rosario fue dada de alta el 3 de abril. Junto con el alta le orientaron un riguroso plan médico, que incluía tres medicinas y la no realización de grandes esfuerzos físicos. La venta de los tres fármacos indicados está bajo un estricto control. Su despacho está sólo autorizado a través de tarjeta (tarjetones).

Juan Luis se dirigió con las recetas y certificados que autorizaban la compra de 180 tabletas de nitrozorbide, 30 de clortalidona, y 90 de metildopa a la farmacia que le corresponde por su dirección, y única autorizada para venderle las medicinas prescritas por el médico. Le despacharon las 30 tabletas de clortalidona, pero al no encontrarse en existencia los restantes le entregaron una autorización de compra (rechazo) para la farmacia situada en López y Porvenir, donde por ser un "rechazo" para una farmacia diferente a la que le corresponde, sólo le vendieron un sobre de tabletas de nitrozorbide, y ninguna de las restantes, por no tenerlas disponibles.

En la farmacia situada frente al paradero de la Vibora, lugar donde le indicaron que encontraría el fármaco restante, le despacharon las 90 tabletas de metildopa, y para sorpresa suya le informaron que si traía el "rechazo" de la nitrozorbide, le venderían las restantes 160 tabletas.

Retornó a la farmacia de Luyanó para solicitar otro "rechazo" ya que el mismo sólo tiene validez para el día en que se expide. Allí le explicaron que tendría que esperar tres días para entregarle una nueva autorización, porque las veinte tabletas compradas le alcanzaban para 72 horas. Cumplido el plazo regresó por la autorización, respondiéndole la farmacéutica que por no haber existencia de la medicina en ninguna farmacia, no podían expedirle el "rechazo".

Juan Luis decidió localizar pos su cuenta el fármaco y por fin pudo encontrarlo en la botica de Princesa y 10 de Octubre. En lucha contra el tiempo se personó una vez más en la farmacia de Luyanó, donde le entregaron la autorización de compra. Ya con ésta se encaminó a la droguería de la Víbora, conocedor de que había llegado el nitrozorbide. Después de una larga cola logró que le despacharan las 160 tabletas restantes.

Resueltas las medicinas, quedó inconclusa la obtención del sillón de ruedas. Después de numerosas gestiones, lo más que ha logrado es anotar a su madre en una lista de espera. Concluidas casi todas las diligencias relacionadas con la cardiopatía de su mamá, Juan Luis había recorrido a pie alrededor de 200 cuadras. Algo así como veinte kilómetros.

"El transporte está muy malo y no tengo paciencia para esperar por mucho tiempo una guagua; además, van muy llenas. Resulta más cómodo ir caminando", explica el hijo de Rosario. "Ahora, a prepararse física y psicológicamente para cuando se acaben las medicinas".

Miércoles, 14 de Abril del 2004

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