Sanidad

Operación Milagros

Nací en Jatibónico, hace más años que el carajo. No fue idea mía esto de contarles lo que me pasó porque la verdad sea dicha, soy una mujer muy callada, pero el Sepulturero, médico y amigo de la familia, me dijo:

“Milagros, cuenta, cuenta, que tú tienes para contar y mucho.. Diles la verdad, tú eres la verdadera Operación Milagros, no Milagro, como dice el Comandante. Lo tuyo si tiene historia” Y el muy cabrón tiene toda la razón. Si todo el mundo sabe lo de los carros americanos, sí eso de que los cubanos le han metido injertos de todas clases para que sobrevivan y sigan funcionando, por qué yo no voy a contar también que sigo viva gracias a los injertos que me han hecho. Por ejemplo, el carro de Teodoro, el vecino de enfrente, un Chevrolet del 52, tiene piezas rusas, checas, polacas, búlgaras, alemanas, francesas, españolas, y hasta chinas. Pues bien, yo, Milagros González Pérez desde el año 1959 me mantengo viva gracias a la Revolución y a la inventiva de los médicos cubanos, al igual que un carro americano, tengo en mi cuerpo un rompecabezas, un pedazo de todo el mundo. Yo creo que nunca he sido feliz del todo, por esta razón, seguro es por eso. La historia es larga,¡agárrense!

El problema empezó a partir del año sesenta y pico, más o menos por el año 1968 tuve mi primera crisis de úlcera de estómago. En esa época todavía no habían inventado la manguerita esa que te meten por la boca y te revisan por dentro, ¡qué va! Te daban un pomo grandísimo con un puré con sabor a rayos y tenías que tragártelo, luego te ponían detrás de una pantalla y se veía el estómago con esa cosa metida dentro, por donde se botara la porquería del puré, pues por ahí estaba el hueco, la úlcera ( al puré le llaman bario, eso me dijo el Sepulto). Lo malo que tenían esas pruebas eran las cantidades de radiaciones que cogías. En un día, eso me lo ha dicho el Sepulturero, cogías el equivalente de un tipo que estuviera a cuatro cuadras de donde soltaron la bomba de Hiroshima. Yo creo que el tipo es un poquito exagerado, pero razón no le falta por lo que les contaré después. Aunque les voy adelantando que me quedé pelona al cabo de los seis meses y estéril. Sin pelos y sin ovarios.

Bueno, la prueba me la hicieron en el Calixto García y me detectaron la úlcera en medio del estómago, como una fosa, aunque tenía otras más chiquitas, a la que le hicieron caso fue a la más grande, era del tamaño de una peseta de 40. El único tratamiento que había para la úlcera del estómago en esa época era el Alusil. Que de paso sea dicho no se conseguía ni en los centros espirituales, cogía tremendos berrinches, porque entre las movilizaciones de mi marido para la caña y la jodedera para conseguir la medicina, el estómago se me abrió en dos pedazos y hubo que operarme de urgencia, en el mismo hospital Calixto García, me quitaron el estómago y el esófago me lo conectaron al intestino, poco faltó para que de la boca la poca jama que me entraba pasara directa al culo. Pero aquello me vino de perilla. Sí, porque llegaron los fatídicos años 70. Todo el mundo quejándose del hambre y de lo poco que daban por la libreta y yo flaca, pero sabrosa. Nunca me quejé, por lo que fui elegida cederista vanguardia y me dieron un viaje a la antigua Unión Soviética. La cosa allí estaba mala, pero no tan mala como en Cuba, entonces la boca se me hacía agua por ver que los demás comían y yo no podía. Frente al mausoleo de Lenin, un ruso, que después supe era médico, se fijó en mi, porque yo era flaca, pero tenía mi culito respingadito que llamaba la atención y el hombre había estado en Cuba y le conté mi problema y me dijeron que ellos estaban investigando sobre los injertos de órganos y que si habían logrado llegar a la Luna antes que los americanos, también querían cogerle la delantera en lo de trasplantar órganos. Y el tipo era un científico bien conectado y al otro día me llevaron a la universidad con el nombre raro ese de Lomo no sé qué y me entrevistaron ,y toda la delegación invitada regresó a Cuba y a mi me dejaron allí, en la URSS. Me pasearon por un montón de hospitales y al final decidieron injertarme el estómago de un ruso. Así mismo, como lo oyen, de un ruso, de un hombre. Porque estaban esperando que se muriera una mujer en un accidente para injertarme un estómago de mujer, pero qué va, no se moría ninguna y trataron de matar una detrás del Kremlin pero la cosa no cuadró. Pues me abrieron y me metieron el estómago del tipo. Al principio fue tremendo, en la misma URSS empecé a comer como una desaforada, y también metía pa bajo Vodka, salchichas, quesos, de lo que hubiera. El lío fue cuando regresé para Cuba. Sin jama y con un estómago ruso era del carajo, casi me vuelvo contrarrevolucionaria. Entonces mi esposo que empezó a ascender de grados, de miliciano pasó a subteniente del ejército ,consiguió que me operaran en el Calixto García, de nuevo, pero esta vez sería para achicarme el estómago. Muchachos, cuando iba rumbo al hospital en un carro de la ANCHAR, de aquellos amarillos de alquiler, ¿ se acuerdan?, chocamos de frente contra una ruta 7 que venía de frente, una General Motors, una bestia humeante. Nos destimbaló a todos. Yo salí disparada por una ventanilla y quedé tirada en medio de la acera y entonces HUBO QUE HACERME VARIOS INJERTOS.....

Los dientes me los pusieron de una asesora polaca muerta en combate en plena selva sudamericana ( una tipa que como Tania La Guerrillera andaba por allí metida en problemas de guerritas, rebeliones , y poniendo bombas a diestro y siniestro. Y templando. Eso hay que decirlo, la verdad ante todo. Resultó que los dientes de la tipa no estaban muy buenos ,pero como no tenían donde escoger pues me atornillaron esos mismos. Porque aquí si me toca aclarar que ya existía en Cuba una gran furia de tener los últimos avances médicos y también de hacerle la competencia a los rusos. Fue la época en que Álvarez Cambras, el ortopédico, la cogió con aquello de los fijadores externos y de decir que él era quien los había inventado. Cuando a alguien, quien fuera, se le partía un hueso, no le ponían un yeso, iban y le encasquetaban cuatro tornillos y unos alambres para pegárselo. A mi me pusieron tantos fijadores externos que me tuvieron fijada a la cama casi medio año, tengo las fotos por ahí, cualquier día se las enseño. Toda llena de tornillos, en los brazos,, en las piernas, en la cintura, en la cabeza, en el cuello, en las costillas...

Pero claro, el invento estaba en pañales, muy primitivo, y los clavos se empezaron a oxidar y me tuvieron que quitar varios órganos, que según los médicos no me servirían de mucho porque la naturaleza nos había provisto con un par de cada uno de ellos. Por ejemplo, me sacaron un ojo, un riñón, un pulmón, me cortaron una pierna y un brazo ( no tenían salvación, gangrena, podridos)..Claro, primero consultaron con mi esposo y él firmó la autorización.. Después como estaba hecha polvo y no contaban conmigo, un médico jovencito, para ganarse puntos, le dijo a un superior, porque yo lo oí bien clarito: “Profe, ¿ por qué no aplicamos en la compañera la técnica del plurinjerto. Daríamos un salto hacia delante en el socialismo, los rusos en la Luna, nosotros injertando, el profesor Álvarez Cambras poniendo tornillos, la guerra revolucionaria en Latinoamérica, en fin, Cuba sería lo que Fidel soñó, y sueña” No me acuerdo bien del nombre del médico pero creo que se llamaba Carlos Lage. Pues mi esposo que siempre por ayudar a la revolución ha dado el paso al frente, esta vez no hizo menos, lo dio y me echó pa lante como el carrito del helado. Y yo casi sin poder hablar, la dentadura de la polaca no me dejaba cerrar bien la boca porque tenía los dientes podridos y grandísimos como los de un caballo.

Cada vez que mataban por ahí a alguien, por el mundo, un espía, un guerrillero, una mujer, cualquier ser humano, le hacían unas cuantas pruebas y si cuadraban conmigo, pues venían con lo que fuera, un brazo, una pierna, un riñón, un pulmón.., Y terminaban pegándomelo, cosiéndolo a mi cuerpo... Algunos se podrían al tercer día, otros a la segunda semana, y unos cuantos soportaban un mes o dos meses, al final todos los rechazaba. Pero eran otros tiempos y la técnica fue perfeccionándose y hoy en día ya llevo unos cuantos años con los que tengo puesto de diferentes nacionalidades y la verdad es que me dan poco trabajo, aunque sí me han traído algunos problemas políticos, me explico:

El ojo derecho, por ejemplo, es de un inglés que tenía en vida hipermetropía. El Sepulturero dice que trae problemas porque tienes demasiada vista, sin embargo, el izquierdo, que es el mío, tiene miopía y eso no me deja ver mucho. Por supuesto el ojo inglés es azul y el mío carmelita oscuro. Esto no me trae demasiados problemas, como tampoco tener un riñón checoslovaco y el otro cubano, el mío.

El pulmón izquierdo es alemán y y un pedazo de intestino grueso es portugués.

Con la pierna que me falta tampoco tengo problemas, la prótesis es búlgara y me ha salido buenísima. Como vivimos en Alamar, cerca del mar, de vez en cuando se oxida un poco, pero le meto grasa de camión en las bisagras y sigo echando.

Lo que de verdad sí me ha traído tremendo problema es el injerto del brazo. El izquierdo es mío, pero el derecho es un brazo americano, gordo y grande, y cuando vamos a la Plaza o a algún acto político se pone a corcovear, como un caballo, se quiere desprender, no quiere agitar banderitas, ni cargar jabas del agro mercado para la casa, ni encender el fogón, ni nada,¡ y cuando se va la luz! ¡Cuando se va la luz se me tira al cuello! Oye, me agarra y no me suelta, y yo por no molestar a mi marido ni le digo nada, me encierro en el cuarto y me enredo con él, cuerpo a cuerpo, bueno, mejor decir, brazo a cuerpo. Es un brazo contrarrevolucionario, no es que con los demás órganos que tengo me vaya de maravillas, pero el bracito éste me está dando tremendos dolores de cabeza. Y yo me pregunto, ¿ pasará lo mismo con esos carros americanos que por tener la correa de un ventilador ruso no quieren caminar? Yo creo que no. Eso nada más pasa conmigo, ¡Ay vida! Operación Milagro no, Milagros sí.

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