Músicos por la letra W

Willy Chirino

En la música popular pocos artistas han logrado superar las barreras del tiempo, modas y geografías, manteniendo la vigencia de su estilo propio. En esta reducida lista se escribe el nombre de Willy Chirino. Su aporte al desarrollo de la cultura de su país y Latinoamérica, junto a la lucha continua en favor de la libertad para su pueblo, lo convierten en uno de los más importantes exponentes de la música popular de estos tiempos.

Sensible, sencillo y talentoso, Willy Chirino ha logrado vivir con la misma pasión que contagia a través de su arte. Su historia personal se parece a la que muchos sueñan, pero que pocos se atreven a vivir.

Nació en Consolación del Sur, un pequeño pueblo al oeste de Cuba, en la provincia de Pinar del Río. Los catorce años que vivió en este lugar, rodeado de inocencia y simples tradiciones, fueron determinantes en su formación personal. "En mi casa abríamos la puerta de par en par a las 7 de la mañana y la cerrábamos a las 11 de la noche", recuerda.

"Todo el mundo pasaba por mi casa: mis amigos, los vecinos, los amigos de mis padres, el lechero, el aguador, todos".

Hijo del fiscal del pueblo y de una farmacéutica que, finalmente, no ejerció su profesión, Willy fue siempre el centro de atención de su vecindario. El carisma y su compasión por los demás lo distinguían entre sus vecinos.

Pasaba sus horas de juego en el río y prefería montar un caballo a una bicicleta, lo que hizo se convirtiera en un experto jinete a los 5 años. Y es que divertirse era algo común en la vida diaria con sus amigos.

Junto a ellos, era un como un rito dar vueltas al parque, caminando, conversando de lo simple y lo cotidiano. "Allí no existía el crimen, lo máximo que ocurrió en toda mi niñez fue que alguien entró a la botica del pueblo a robar una medicina. Eso fue suficiente comidilla por casi un año", explica, describiendo la paz con que vivió durante sus primeros años de vida.

Las imágenes Willy Chirino

El despertar de su verdadera pasión

Comenzó a relacionarse con el arte a través de un papel, aunque no precisamente con una hoja donde se dibujaran pentagramas para escribir la música. "De pequeño gané premios como retratista, estudié artes plásticas, me gustaba dibujar, colorear, pero nunca prosperó mi interés porque mi pasión era otra", reconoce.

También sus primeras emociones están atadas a su terruño. El valor de la amistad, su primer amor y su mayor pasión: la música.

En su casa, como en la mayoría de los hogares cubanos, el piano era parte de la familia. "En mi casa se tocaba el piano todos los días, pero era una costumbre de las mujeres aprender este arte, no era normal para los hombres", advierte al reconocer que este prejuicio le impidió relacionarse con el instrumento desde temprana edad.

Aunque se consideraba guajiro, su gusto por la música no se limitaba a lo folclórico. Escuchaba discos de Glenn Miller y Louis Amstrong tanto como se divertía con Little Richard, Elvis Presley o The Beatles, de quienes se considera un profundo conocedor de su obra. "Fue en Consolación del Sur cuando decidí que quería ser músico, con total seguridad", afirma.

Una tarde de febrero, en la celebración de las fiestas patronales en homenaje a la Virgen de la Candelaria, Benny Moré, unos de los artistas más populares de la isla, llegaba a amenizar la fiesta bailable, la cual era esperada por los lugareños durante todo el año. "El tenía por costumbre llegar demorado a sus presentaciones", cuenta Willy.

"Aquella tarde, la orquesta ya estaba tocando, pero la gente estaba de mal humor por la aparente ausencia de la estrella de la noche. Yo estaba a un costado del escenario observando lo que sucedía, cuando pasa a mi lado este señor alto de una presencia increíble. Sube a la tarima y, de repente, todos se olvidan de la tardanza. Y cuando empezó a cantar cambió el humor del baile por completo".

Para Willy, este fue un momento determinante en la visión de su propio futuro. A los 9 años, sentía que él podría estar en ése lugar. "Quería ser cómo él, que se encaramaba en un escenario y podía hacer feliz a la gente"

En búsqueda de la libertad

A los trece años, su familia pensó en darle al único hijo varón, entre tres hermanas, la posibilidad de conocer cómo era el mundo más allá de los límites que el comunismo estaba marcando en las fronteras de su país. Si bien no había carencias, sus padres temían lo que con el tiempo se convirtió en una dura realidad.

La puerta de salida se abrió a través de la operación Pedro Pan, especialmente diagramada para darle a los niños cubanos una visión diferente del mundo y evitarles caer en manos de un dictador. "En aquellos momentos, todos pensaban que sería imposible un régimen comunista a 90 millas de Estados Unidos y que no duraría demasiado".

El pensaba, como muchos, que el regreso a Cuba sería en un corto plazo, lo que le permitiría fantasear con este viaje fuera del país y alejado de su familia, y así adquirir una experiencia momentánea. "Pensé que era una visita por algunos meses", enfatiza. "Aunque fue un gran impacto dejar a mis amigos, mi familia, mi historia atrás", recuerda, "pero nunca fue traumático porque lo pensaba como un asunto pasajero".

Hasta hoy, nunca aceptó su partida como definitiva. Y siente que el regreso es algo que siempre está por ocurrir. "Mi padre no podía admitir esta idea como definitiva, y murió pensando que volvería en cualquier momento a su tierra", revela.

Por estos días, muchos proyectan en Willy Chirino la posibilidad de liderar el cambio político en la transición hacia una apertura a la democracia de Cuba, pero él dice que no. "Yo creo que mi vocación es ser artista y no político, no reúno las condiciones y me siento incómodo haciéndolo", manifiesta.

Asegura que su vocación tiene que ver con el servicio. Esta disposición a la ayuda ha logrado canalizarla a través de una fundación por la que siente un gran compromiso.

En 1994, a partir de una inquietud por abrir las posibilidades a nuevos artistas cubanos que llegaban a Estados Unidos, forma la fundación que lleva su nombre. "Me considero muy afortunado por lo que he logrado en mi vida y necesito devolver las tantas bendiciones que he recibido".

De repente, mientras daba los primeros pasos de este proyecto, comenzó el movimiento de cubanos que, subidos a precarias balsas, llegaban masivamente a las costas del Sur de la Florida, lo que obligó a replantear la obra de esta organización. "Comenzamos a enfocarnos en ayudar a los recién llegados, dándoles asistencia. Fuimos a Grand Cayman, a Guantánamo, a Panamá", resume.

Con estas actividades fueron apareciendo comunidades cubanas en otros países que requerían urgente asistencia. "Fuimos descubriendo la diáspora cubana que se encuentra regada por el mundo con carencias, tanto en los niños, como en los ancianos. Otros estaban en un limbo migratorio como en Perú, donde nos topamos con una gran comunidad que escapó por el Mariel y tenían más de dos décadas de incertidumbre".

Este compromiso lo lleva por buena parte de Latinoamérica en búsqueda de compatriotas. Sus tareas encontraron eco en Nicaragua, República Dominicana y hasta en Europa. "En Suecia ayudamos a unos cubanos que eran perseguidos y los obligaban a vivir ocultos. Intermediamos con el gobierno sueco para evitar la deportación de nuestros compatriotas y le llevamos asesoría legal", comenta con orgullo.

Cada año, una gran gala se celebra en la ciudad de Miami para reunir los fondos que hacen viable este logro solidario. De múltiples maneras, la comunidad que rodea a este artista integral, se ve representada en este proyecto humanitario invaluable. Su labor como empresario convirtió a este músico en protagonista de su propio negocio. Luego de pertenecer por décadas al catálogo de artistas de CBS y luego Sony Music, decidió enfrentar el desafío de crear su propio sello discográfico. "Me di cuenta que nadie podrá tomar decisiones sobre mi carrera mejor que yo y decidí tomar partido en estas decisiones creando mi propia compañía de discos", explica.

Una vez libre de su compromiso con la multinacional, lanza Latinum Music Inc, debutando con la producción de un disco doble de su esposa, la renombrada cantante Lissette, grabado en vivo en Puerto Rico. Unos meses después produce Afro-disiac, su más reciente trabajo, logrando cifras que lo llenan de satisfacción.

Otro proyecto concretado fue su restaurante Zarabanda. "Desdichadamente, debimos terminarlo en su mejor momento por situaciones ajenas a nuestra decisión", pero asegura que "fue un gran suceso comercial y un lugar de encuentro social en Miami".

Sin dudas, el reconocimiento permanente del público en todo el mundo, es el regalo del que este artista más agradece. Pero hay un mérito reconocido que rara vez cuenta y nada tiene que ver con el mundo del espectáculo. "En 1976, recibí por parte de la Legión de Honor de los Estados Unidos un reconocimiento", dice con modestia. "Una noche iba conduciendo cuando un automóvil que iba frente al mío en la autopista cayó a un lago en Hialeah. Inmediatamente me tiré al agua, rompí el cristal y ellos pudieron escapar, se salvaron". Así es como llega este reconocimiento a su labor humanitaria, convirtiéndolo en miembro de un grupo selecto de norteamericanos que llevan este honor.

Luego vino el reconocimiento público con un trofeo creado con la piedra que salvó las vidas de los conductores: dos empleados aeronáuticos que iban a su trabajo, y hasta fue recordado con un comic protagonizado por Superchirinos, en referencia a su desempeño en aquel incidente.

Con casi cuatro décadas de carrera, son múltiples los galardones recibidos. Uno de los que más valora es la calle que lleva su nombre en la ciudad de Miami, la estrella en la famosa y cubanísima Calle Ocho de la misma ciudad, un FACE Award, un reconocimiento de UNICEF y el Hispanic Heritage Award, otorgado hace dos años por el Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos.

Por su discografía, que cuenta con más de 20 álbumes originales, recibió discos de platino por Oxígeno (1991) y Acuarelas del Caribe (1990), mientras que Zarabanda (1985), South Beach (1993), Asere (1995), y Afro-disiac (2000) llegaron a conquistar el oro.

"Miami es una bendición, es lo mejor de los dos mundos, el mejor lugar para cualquier persona que valore la democracia", precisa al hablar de la ciudad en la que vive desde hace 40 años, y que fue reflejando su crecimiento como artista y su evolución como ser humano.

Esta ciudad, de permanentes cambios, lleva el sello que la música de Willy Chirino ha dejado en su ecléctica cultura. En el mundo, su ritmo es particularmente conocido como el sonido de Miami. "Es una ensalada", estima, "es como una combinación donde el ingrediente fundamental es la música cubana, pero con aportes del rock y la música brasilera y del Caribe".

Este movimiento, que se forma al final de la década del sesenta con la mezcla de distintos ritmos, es el umbral de un estilo ahora muy usado en las producciones actuales. "Nosotros fuimos los pioneros en fusionar varios estilos musicales", señala.

Sus canciones han dado varias vueltas al mundo, interpretadas por él y otros cantantes. Ese el caso de Soy, que ha sido grabada por más de sesenta artistas, entre ellos, los Gipsy Kings que llegaron a vender más de 7 millones de copias, lo que para un creador significa un ingreso importante. Pero hay otra composición en su largo catálogo de canciones que, si bien no tiene un significado millonario en las ventas, expresa la su experiencia como exiliado y el clamor de esperanza del pueblo cubano por recuperar su libertad. Se trata de Nuestro día ya viene llegando, uno de los emblemas del repertorio de Chirino y la canción que toca la fibra más profunda de los cubanos.

Su mensaje como autor es tan amplio que va desde historias de amor y desamor, hasta el reflejo de su compromiso en ser vocero de la opresión que sufre su pueblo. "Un artista toca diferentes emociones humanas y ese es mi trabajo", explica.

Cantantes como Raphael ,Rocio Jurado,Vicky Carr, Dyango, Celia Cruz y Oscar de León, entre muchas otras primeras figuras, han llevado sus canciones por el mundo. También ha colaborado con sus creaciones en el suceso de tres telenovelas: La Zulianita, Pobre Diabla y Laura Virginia.

Al recorrer tantos años de experiencia con públicos y culturas tan diversos, son muchos los momentos que graba en su memoria, haciéndose difícil poder enumerarlos. Cada uno es importante en su vida de artista.

"Yo soy una persona simple, conciente que hay muchas cosas que esta carrera trae pero que no son importantes. Sin dudas, la más fuerte es el ego, porque en su dominio nada es suficiente y estás preso de una permanente infelicidad".

Su vida cotidiana se parece mucho a la de cualquier trabajador y muy poco al de una estrella. "No necesito del lujo ni de cosas especiales para ser feliz", afirma. Su hobby es el deporte, especialmente el football y su equipo favorito, los Dolphins de la Florida. Su debilidad, sin dudas, es la comida cubana, que nunca falta en su casa. "Me apasiona la vida de familia y vivo pendiente del bienestar de ellos, cada vez que pido a Dios lo hago por mi familia, si ellos están bien, yo lo estoy", reconoce.

A los 22 años contrajo matrimonio por primera vez con Olga María Rodríguez, formando una familia junto a sus tres hijas: Angie, Olga María y Jessica, producto de esta relación de 12 años. Luego llegaría la mujer con quien, desde hace 23 años, comparte su vida. "La conocí cuando ella era muy niña y ya era una artista famosa", cuenta al hablar de Lissette. "En 1965 nos vimos por primera vez cuando yo trabajaba como percusionista de la orquesta de Julio Gutiérrez, en Nueva York, y ella era la gran estrella de la noche".

De la admiración a la pasión nada más hay un paso. Por eso, cuando Lissette se radica en Puerto Rico y llega a sus manos el primer disco de Willy, enseguida descubrió en el músico pinareño un gran valor como compositor y le pide una canción para grabársela.

Así siguieron las coincidencias, derivando en una simple amistad para luego dejarse llevar por el amor que los uniría definitivamente. Junto a ella, tres hijos llegarían a su vida: Nicolle, Alana, y Gianfranco. De todos, las cinco hijas mantienen viva la pasión por la música con que crecieron en su hogar, algunas a través de la composición, otras como intérpretes.

Por su casa, grande y con el mismo espíritu familiar que reinaba en las de sus padres en Cuba, pasan a diario sus amigos artistas. Entre ellos Marisela Verena y Arturo Sandoval, entre tantos amigos, que encuentran allí, un refugio para su arte y sus emociones.

"He logrado lo que llaman el sueño americano, haber hecho de mi vida lo que he querido, vivir de la música", dice con satisfacción, aunque reconociendo que quedan muchos territorios por conocer, mercados por conquistar y gente a quien llegar con su arte. "Mi desafió de cada día es mantener lo conseguido, superar los quince minutos de fama que es donde la mayoría de los artistas quedan atrapados".

Sabio y profundo, disfruta mucho más del trabajo cotidiano que del sabor perecedero de un momento exitoso. "Siempre uso las palabras de Alberto Cortés que resumen esta filosofía muy claramente: 'Prefiero más que llegar pensar que ya voy llegando, andar por andar andando, caminar por caminar' ".

Muchos de los sueños del niño de Consolación del Sur están repletos de realizaciones, pero el todavía se resiste a dejar aquél niño que vivía soñando. "Si hay algo que un artista no debe hacer, es dejar de soñar".

Fuente del texto: Gabito Grupos

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