Misceláneas

Con el apoyo de la familia

A los 14 años no recuerdo haber participado de ninguna ceremonia con tintes iniciáticos para formar parte del CDR. Tampoco he preguntado si mi nombre aparece en algún libro otorgándome esa membresía, ni he pasado por la casa del presidente a preguntar si ya me dio de baja, simplemente porque nunca existió para mí algo que no elegí.

Los cubanos, por defecto, al cumplir los 14 años pasan a ser miembros de “organizaciones de masas”, creadas por el Estado para defender sus intereses en el barrio.

Recuerdo un libro con una entrevista a Fidel Castro donde se le preguntaba al ex presidente si los cubanos tenían libertad de reunión y de asociación. La respuesta fue que para eso existían esas “organizaciones de masas” tales como el CDR, la FMC, la CTC. Todas ellas creadas desde la cima de la pirámide gubernamental cuyo pico tenía su mismo nombre.

Solo se trata, aparentemente, de asistir a las reuniones, a los trabajos voluntarios, a las guardias, pero, sobre todo de “salirle al paso” a la contrarrevolución. No tanto aquella de los que han cruzado la frontera invisible que separa un habitante de un ciudadano como la del ciudadano potencial que cada habitante lleva dentro. El ejemplo yo misma lo he vivido, ningún “cederista” se ha atrevido a venir a mi casa a “salirme al paso, pero han ido a censurar a los pocos vecinos que todavía son mis amigos. 

El método parece inofensivo. La mayoría asiste a las actividades porque se trata de un encuentro entre vecinos, porque hay una “caldosa”, porque es la costumbre. También se da el caso de que algunos estén conscientes de que puede llegar el día en que vengan a verificar qué clase de vecino es, si asiste a las actividades, si “reacciona bien al tratamiento”, si entonces es confiable para tener un puesto de trabajo.

Un vecino me explica que “no hay que marcarse”, otro más decidido se atreve a decirme que lo que no entiende es “por qué las personas no pueden organizarse espontáneamente para defender sus intereses”. Entonces le pregunto si él considera que las personas puedan tener intereses independientes a los del Estado. No duda en responder que sí.

Combatir el individualismo, exaltando el colectivismo; promover el fundamentalismo en lugar de la duda racional; hacer promoción al control del Estado mientras se sataniza el liberalismo en otras latitudes: es la propaganda que se lleva a cabo desde que enciendes el televisor por la mañana, hasta que regresas de la escuela o de la calle (si aún tienes trabajo), donde habrás escuchado (sin que nadie se lo crea de veras) todos esos falsos valores sociales, que además le escucharás también al presidente del CDR  y a cualquier “factor político” del barrio, a pesar de haber caído en un vacío de conceptos. Pese a todas las presiones que ejerce el CDR en la comunidad es un hecho que los asistentes a las reuniones han disminuido considerablemente y que la juventud no muestra interés. 

A mí me han contado, porque nací en 1976,  que era posible intentar avergonzar y ofender a alguien llamándole “burgués”, en aquellos primeros años de la Revolución. La palabra burgués no se refiere tanto al hecho de tener una vida más confortable. Etimológicamente burgués proviene de burgos, que significa ciudad. O sea que la primera acepción de la palabra “burgués” es ciudadano. Eso explica el odio del marxismo hacia la burguesía. En sus orígenes la gente de los burgos pagaba al rey sumas significativas para limitar el poder del soberano. En lo que algunos se vendían a cambio de seguridad, los burgueses pagaban para obtener libertad.

Nadie se extrañe de esta excavación, en Cuba hay que hacer arqueología antropológica. Nuestra identidad ha quedado atrapada debajo de especie de placas tectónicas en la conciencia. Ya casi no podemos articular quiénes somos, ni de dónde venimos, ni mucho menos a dónde vamos.

Nuestros padres se entregaron a todos esos ritos políticos aparentemente sin importancia, creyendo que de ese modo nos estaban protegiendo del mismo poder que reclamaba la participación para revitalizarse año tras año, día tras día, mes tras mes. De las pequeñas dosis de acciones aparentemente sin importancia, dictadas por las costumbres, todos contribuyen a mantener el poder del Estado, que no reconoce plenamente los derechos de los habitantes de este país, quienes aún no logran distinguirse como ciudadanos.

CubaNet

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