Misceláneas

La envidia con los cubanos

Todo se inició con un malintencionado comentario a principios del exilio cubano cuando comenzaron a llegar los cubanos de la Isla que decía: “Tengan mucho cuidado con el recién contratado janitor cubano porque dentro de poco será el presidente de la compañía”.

Y también trataban de mofarse diciendo que “Un perrito cubano se juntó con un perrito puertorriqueño y el puertorriqueño le dijo al cubano: “¡Qué bueno que me encontré con un perrito sato igual que yo!” Y el perrito cubano le respondió: “Bueno, quizás tú me consideras un perro callejero aquí pero en Cuba yo era Pastor Alemán”.

Sí, hubo mucha coña y pujos contra nosotros pero cinco años después aquel perrito habanero estaba en Hialeah viviendo mejor que “Lassie” y el conserje cubano era el C.E.O. de la empresa.

¿Eran chistes, eran sarcasmos o eran los primeros síntomas de la envidia que se abalanzaría contra nosotros al paso de los años? Y ese es el motivo principal de que bloquearan y les pusieran zancadillas a los artistas y locutores cubanos en la televisión de habla hispana. De ahí provenían la sorna anticubana de “Don Francisco” y el terror de “El Gordo y la Flaca” de darse a conocer como cubanos.

Para ponerles un solo ejemplo entre cientos: Efrén Besanilla era superior a todos los comentaristas radiales del área, sin embargo nunca los envidiosos le dieron el espacio que él merecía. Lo que pasaba -y sigue pasando- simplemente era que la mayoría de las inmigraciones en este país está compuesta en un 90 ciento de personas humildes, de trabajadores del campo, de obreros de la construcción y los que llegaban de la Isla eran los más brillantes de sus hijos.

Y…mientras muchísimos extranjeros hablaban mal -y siguen hablando- de los Estados Unidos, se quejan de discriminación y de abusos cometidos por “La migra”, los cubanos jamás se unieron a ese coro de protestantes y críticos. Al contrario, nosotros constantemente lanzamos a los cuatro vientos y proclamamos lo agradecidos que estamos por refugio que nos brinda esta gran nación.

Porque Fidel Castro, digámoslo de una vez y por todas, le quitó todo a los cubanos -y eso nosotros se lo hemos inculcado a nuestros hijos- les incautó negocios, pulverizó las fortunas hechas con muchos sacrificios, se robó a la nación y los obligó a salir con tres mudas de ropa, pero no pudo quitarles los estudios realizados ni sus mentes privilegiadas.

Con tremenda moral, sin bajar la cabeza, y sin quejarse podíamos ver a abogados, médicos, dentistas, hacendados, y hasta miembros del Tribunal Supremo de Justicia de Cuba, lavando platos en hoteles de Miami Beach.

Yo me fui de Miami, estuve en New York, en el Ejército y en el “Jure”, y después de haber vivido varios años en California regresé de vacaciones a Florida y a las dos horas de estar allí me quedé frío y admirado del progreso de mis compatriotas.

Me pareció como que Miami era una Cuba nueva, o mejor dicho una preciosa copia de la Cuba próspera de ayer con banderas cubanas en cada esquina, con alcaldes cubanos, con dueños de bancos cubanos, con policías y empresarios cubanos y miles de florecientes negocios cubanos. Y mientras yo me sentí el más orgulloso de los seres humanos había muchísima gente que resentía el éxito de la generación más formidable que ha dado mi país. ¡Qué emoción fue notar que los que triunfaron en nuestra nación de nuevo salieron adelante en el extranjero! Pero, no todos compartían mi euforia.

Uno de los días más felices de mi vida fue cuando uno de esos resentidos entrevistadores -con toda la mala leche del mundo- le preguntó en la televisión a un distinguido comerciante cubano: “¿Es verdad que ustedes los cubanos se creen superiores al resto de los latinoamericanos?” Yo pensé que el cubano se iba a acomplejar pero levantó la vista, se sonrió y respondió: “¡Oh, y eso no es nada SOMOS MEJORES QUE LOS NORTEAMERICANOS TAMBIÉN!”

Y ahora sí que le estamos poniendo la tapa al pomo ¿ustedes no han visto los debates Republicanos? A la legua se puede ver que los dos pichones de cubanos son mil veces superiores al resto de los aspirantes del Partido del elefante.

Si ustedes creen que existe envidia contra nosotros -ayer y hoy- imagínense como será la movida el día en que estos dos brillantes compatriotas -sin el voto de los envidiosos, desde luego- barran en las elecciones a doña Hillary Clinton y tengamos a Marco de Presidente y Cruz de Vice. Qué lástima que no esté vivo Guillermo Álvarez Guedes para que el día de la toma de posesión simplemente se pare con alegría ante los micrófonos y grite:

“¡Ñooooooooooo, ahora si llegamos!”

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