Misceláneas

De mal en peor

No pocos cubanos estiman que la situación del país marcha de mal en peor. O, al menos, que todo sigue igual. El advenimiento de un nuevo año no rejuvenece la economía ni mejora las condiciones sociales de la nación, y mucho menos presagia mejorías para el desarrollo individual.

Quienes piensan así, aseguran que las tímidas medidas de cambios socio laborales implementadas por el Estado no afectan el control total de la dictadura. El burocratismo y la corrupción crecen en la Isla, y las opciones para la mayoría se limitan al trabajo en timbiriches por cuenta propia, el negocio ilícito y a marcharse del país.

Nadie con un salario estatal puede sobrevivir. El déficit de viviendas se incrementa por el deterioro de la infraestructura a nivel nacional. El transporte público nunca se ha podido recuperar, y los alimentos alcanzan precios prohibitivos para quienes no reciben remesas del exterior.

Entonces ¿qué celebrar?, se pregunta este amplio sector de la población, aunque algunos intenten mirar con optimismo el porvenir. Para muchos, el rotundo silencio e indiferencia con que los pobladores de Centro Habana esperaron este año 2013, fue un reflejo del desencanto que recorre el país.

Las ofertas especiales de fin de año en La Habana dejaron mucho que desear. La gastronomía popular colapsó. Sólo algunas instalaciones ofrecieron cenas para llevar. La oferta para el fin de año “Ritmo y Sabor” era en dólares o CUC. Platos entre 15 y 45 CUC por personas y cenas entre 100 y 250 para ocho, quedaron fuera del alcance de los más soñadores y laboriosos cubanos de a pie.

Más de una semana después del comienzo del nuevo año, las expectativas de mejoras siguen sin materializarse. Las aguas albañales continúan corriendo por las calles de La Habana, los edificios en ruinas no avisan para caer, miles de trabajadores perderán este año su empleo, y los agobiantes problemas cotidianos suben como la espuma.

Adalberto Legrá, trabajador de un taller de la industria ligera, expresó que pronto se aplicará la reducción de plantillas en su trabajo, y el está en la lista de los que quedarán desempleados, a merced de cualquier empleo que aparezca u obligado a recurrir al trabajo informal.

¿Qué porvenir tengo yo, con 52 años, dos hijos, esposa y una madre enferma que mantener? ¿Abandonar el país? ¿Vender tamales o rositas de maíz, rellenar fosforeras? ¿Robar?, se preguntaba este hombre que siempre trabajó como operario de una maquina cardadora en un taller textil.

Para él jamás ha existido Nochebuena, pues la revolución la extirpó de raíz, quien la celebrara era considerado un desafecto y este cartelito podía tener serias repercusiones. “Ahora, nos autorizan a celebrar, pero como están las cosas, ¿qué y con qué puedo celebrar?

Por su parte, Alicia Gastón, una jubilada del sector de la educación especial, aseguró que los 242 pesos de su pensión (alrededor de 12 dólares), no le alcanzan ni para comer, mucho menos para celebrar. Nada le indica que los anunciados cambios la beneficiarán.

También agregó: “Las familias cubanas están divididas, y si los jóvenes nacidos con la revolución no encuentran el camino para realizarse, ¿a qué pueden aspirar las personas de la tercera edad, que son mayoría en el país? Para nosotros todo se acabó. Sólo nos queda subsistir, hasta que nos llegue la muerte”.

Como Adalberto y Alicia piensa la mayoría de los cubanos, desde San Antonio a Maisí. Y aunque todos no digan públicamente que Cuba va de mal en peor, lo sienten, sobre todo, a la hora de servir la mesa o abrir el refrigerador.

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