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Inventando

“Inventar”, así le llaman los cubanos al sobrevivir el día a día. Inventar es conseguir comida para sus hijos, poder comprar ron, pagar el gas, arreglar las grietas de la casa,… y todo ello a cualquier precio, caiga quien caiga, pase lo que pase, engañe a quien se engañe, muchas veces con una moral dudosa,… Ellos dicen: “Chico, ¿y qué puedo hacer?”. Y así continúan su paseo por esta vida, sintiéndose comprendidos por todos los demás cubanos.


Reparaciones sin calidad

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Unos 600 talleres de reparación de equipos electrodomésticos existen en toda Cuba. Millones de servicios han prestado a la población; aunque la calidad de estos mantenimientos ha disminuido en las últimas décadas.

El ciudadano común no se siente complacido cuando acude a estos talleres. "Ya todo cambió. Ahora te dicen que no hay la pieza pero que te la pueden conseguir "a tanto", y lo que te costaba cinco o diez pesos te sale en más de cien"-argumenta un vecino de Centro Habana, a la salida del taller Bostock, en la Calle San Lázaro.

"Son los mismos trabajadores, de muchos años, tratan de resolverte el arreglo pero tienen que vivir, sacarle algo al arreglo. Los tiempos han cambiado mucho, aquí tienes que seguir con un equipo por mucho tiempo, se te vuelve "un cacharro viejo", no lo puedes botar, cuestan muy caro en la shopping"- dice el mismo anciano que no pudo resolver la pieza del ventilador por no alcanzarle el dinero.

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Cuentapropistas o revendedores

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La capital cubana luce un contraste desalentador en los últimos meses. Por una parte los trabajadores por cuenta propia que hacen un esfuerzo por granjearse sus clientes a partir de la calidad de sus servicios, del otro lado, los revendedores que se hacen pasar por cuentapropistas, o quienes se unen en un dúo siniestro que nada tienen que ver con la satisfacción del público.

Estos duetos escogen los lugares tentadores, sobre todo donde acuden niños como sucede en el Parque Metropolitano, conocido como el Bosque de la Habana, donde se encuentra el área abierta que incluye un museo techado, de la exposición de dinosaurios itinerantes, traída a la Habana por especialistas venezolanos, la cual fue inaugurada en abril y estará hasta septiembre.

Cerca de donde se hace la fila para entrar en la zona de exhibición se ven rústicas mesas y personas que lo que menos tienen es aspecto de trabajadores no estatales y si de burdos revendedores. Después cuando se sale de la exposición aparecen decenas de tarimas con todo tipo de atracción infantil.

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La candonga de 114

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Desde un simple mazo de lechuga hasta un pichón de cocodrilo, valorado en 30 pesos convertibles (33 dólares), se vende en la llamada "candonga para carretilleros", un sitio ubicado a 15 kilómetros del centro de La Habana, en la avenida 114 y autopista de Pinar del Río, en el municipio de Marianao.

Este lugar -de aproximadamente 150 metros cuadrados- habilitado por el Estado, recibe a diario entre 20 y 25 camiones particulares con productos agrícolas, provenientes de todas las provincias del país. Mientras los carretilleros (vendedores de viandas, frutas y hortalizas, extinguidos por la revolución desde hace más de 40 años) están de vuelta en La Habana, los Mercados Agropecuarios Estatales se deprimen. ¿Y por qué razón se deprimen?.

Ante tal interrogante, hace poco decidí visitar este punto de venta mayorista, en la periferia capitalina, hoy equivalente a lo que fueron la plaza de Cuatro Caminos o el mercado de Carlos III antes del triunfo de la Revolución. Este centro de acopio, descontaminado de impagos al productor y de toda la sarta de mecanismos burocráticos propios del socialismo, vende de primera mano todos los productos agrícolas que ofrecen los particulares en la capital, y hasta incluso los que consumen algunos organismos e instituciones del Estado.

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Botando el sofá

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Desde marzo, proliferan en portales y parques de ciudades y pueblos de Cuba tarimas, kioscos y mesas en que los vendedores con licencia para trabajar por cuenta propia venden ropa, zapatos y artículos de ferretería y el hogar. La ropa que venden resulta atractiva, sobre todo para los jóvenes, por ser prendas que están de moda.

A diferencia de muchas otras iniciativas privadas, este mercado paralelo no es abastecido con mercancías robadas de los almacenes de las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD). Los productos que venden estos vendedores proceden principalmente de Ecuador, Panamá y Miami y el surgimiento de este mercado paralelo ha sido posible por las facilidades aduanales que permiten la entrada de esos artículos en Cuba. Los que reciben esta mercadería, apoyándose en una eficiente red de distribución, se la hacen llegar a los dueños de tarimas y kioscos.

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El que trabaja no come

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Del desbalance entre los salarios y el costo de la vida en Cuba se ha hablado, menos en los medios oficiales, en todas partes y con abundancia.

De lo que sí, al parecer, nadie quiere hablar es de cómo se las ingenia el cubano medio para sobrevivir. No es fácil explicar una supervivencia que tiene visos de prodigio, de magia.

El salario medio, y esto se ha dicho varias veces, no sobrepasa los doscientos veinte pesos. Y estamos hablando de pesos cubanos, no de dólares, que son billeticos muy diferentes.

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Vendedores callejeros

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Con la emisión de las licencia de trabajo por cuenta propia, los vendedores ilegales de la Avenida Carlos III, en el municipio Centro Habana, invadieron las amplias aceras. De escurridizos se convirtieron en exponentes de la nueva política gubernamental.

La Plaza de Carlos III, uno de los mercados más grandes del país, quedó rodeado por las ofertas de los cuentapropistas que intentan competir con el monopolio estatal. Muebles, electrodomésticos, oro, fotos, celulares, artículos de fiesta, mariscos y la demandada mercadería que importan los "trapo-traficantes", como les llaman a las personas que traen en sus equipajes ropa extranjera comprada en los pulgueros del mundo, para vender en Cuba.

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La mujer del policía

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Salí a buscar algún tipo de carne para compartirla con unos familiares de visita en casa.

-Necesito comprar carne buena. Tengo visita -le dije a un conocido del barrio.

-No hay problema. Sígueme y no preguntes.

Después de caminar un rato llegamos a una casa al final de un callejón inundado de aguas albañales. Entramos en la pequeña sala y una señora pasada de peso nos guió hasta el final de la vivienda donde se encontraba un tipo cortando lo que quedaba de un cerdo.

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Todo adulterado

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De visita en La Habana, un paisano que reside en Europa decidió cuidar de su salud negándose a beber agua corriente. Me ha dicho que sólo consumirá la que se vende embotellada en las shopping con una etiqueta en la que consta que es agua mineral marca Ciego Montero. No pude contener la carcajada. Y él creyó que me burlaba de su desarraigo, pues aquí únicamente los extranjeros se gastan el chavito en agua mineral. Pero el motivo de mi risa era otro.

En un mercado en el que en que los productos más singulares se adulteran, desde el habano, el aceite de oliva, la viagra el perfume francés, hasta los atributos de los dioses del panteón yoruba, se necesita ser no ya extranjero sino mártir del fideísmo para confiar en la autenticidad del agua mineral embotellada.

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Por hambre

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"Hemos fracasado sobre los bancos de arena del racionalismo Demos un paso atrás y volvamos a tocar la roca abrupta del misterio"
Urs von Balthasar

Salió del trabajo a las tres. Las guaguas pasaban abarrotadas, intentó que le dieran botella, pero no resultó. Hombre y viejo eran dos condiciones que impelían a que nadie se fijara en él. Echó a caminar, Monte abajo, a través de los soportales apuntalados y amenazantes. Las tuberías goteantes, como si la ciudad llorara sus miedos. La Habana es una ciudad que carece de transformaciones positivas, hace mucho que lo sabe, en eso y otras cosas, va pensando mientras camina, atolondrado. Desde que salió de casa, en la mañana, muy temprano, hacia su trabajo, no ha comido nada. El estómago se pliega como un nailon al espinazo.

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Devuelve lo que no es tuyo

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Debido a unos trabajos en un Hotel de Varadero, tuve que llevar a un ingeniero de la industria básica a hacer unas mediciones. A primera vista se veía que e mejores tiempos había sido un negro grande como un escaparate y fuerte como un toro, pero en el momento de esta historia era un cúmulo de huesos. Arrastraba una gran miseria por donde pasaba y se veía a las claras que no había visto un dólar ni en fotografías.

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Leche

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De vez en cuando pueden verse por algunas calles o avenidas de La Habana algunos camiones completamente cerrados con un letrero en su carrocería: "Tratándose de lácteos, no lo dude, lo cubano es lo mejor".

En Cuba los niños tienen asignados, hasta los siete años, un litro de leche diario, o un kilogramo de leche en polvo cada diez días. El litro cuesta 30 centavos, y la bolsa de un kilogramo de leche en polvo 2 pesos con 50 centavos.

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