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Un hombre supura por el vientre abierto, en una cama semejante a una nave de maderas carcomidas, en viaje hacia la inminente presencia de la muerte. Seis meses goteando, contemplando el techo de una habitación donde se mueven figuras armadas, vigilas permanentes, matadores de los rumores, de la luz.

Su oficio corresponde a la actuación del moribundo; su misión: impedirle el respiro bajo un árbol de barrio, el perenne ajetreo del libre, la humilde condición del asustado delante de su minuto final. De todas formas no se lo merece, sus fieles servidores lo saben y le castigan.

Con pantomimas solapadas, reverencias y risas de ocasión le dicen que todo va bien, “eres el faro de este viaje; negaste el norte, la posibilidad, naufragamos a la deriva, entre brumas, obligamos a bracear, ahora aprovechamos tu desfallecimiento, a eso nos has acostumbrado, a flotar…”

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..... ya no hay modo de morir como los otros.
Belkis Cuza Malé

Fue en una gélida madrugada que estaba junto a sus familiares allí esperando al hombre que habría de regresar del Exilio. El recuerdo de aquella noche y aquel encuentro me produce un escalofrió como de muerte. Lo vi llegar como suelen verse esos espectros que salen de las tinieblas buscando entrar de nuevo a ellas.

El hombre con pasos quejosos se bajó del avión que le traída de la distante Italia, y que ahora reposaba en la loza del aeropuerto Internacional de La Habana, después de salir de éste los cansados viajeros de esa jornada transatlántica. Él, el hombre de nuestra atención, venia de Italia, aquel país que le dio refugio cuando más de veinte años atrás decidió abandonar la delegación oficial cubana y solicitó asilo político. Observé desde la terraza junto a sus familiares que le esperaban, su lento andar, su fatiga y el espanto que ya le había sobrecogido.

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Dolores desperto sudorosa a la misma hora de costumbre, las seis de la mañana, atormentada por el espíritu de Monona. Se sento en la cama y bebió un poco del vaso de agua que dejaba todas las noches en la mesilla. El espíritu de Monona había logrado sobrevivir en el tiempo incluso a la generación posterior a ella, su propio hijo, que había muerto hacía diez años en su casa de Centro Habana de un infarto mientras leía el periódico.

_ ¿ Habrá existido Monona o solo era uno de los inventos de mi abuelo ?.

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El cubano Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso, apodado así por su incapacidad visual y su virtuosismo musical, escribió y musicalizo una bella letra en tiempo de bolero allá por el año1947. Popularizada unos años después en 1954 por dos grandes de la música latinoamericana: Pedro Vargas y Benny More. Su titulo es "La vida es un sueño" y en parte de su letra dice:

La vida es un sueño
y todo se va
la realidad es nacer y morir
por que llenarnos de tanta ansiedad
todo no es mas que un eterno sufrir
el mundo esta hecho
sin felicidad.

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-¿Pero quién carajo eres tú?, vociferó con sorpresa y hasta cierta furia que da el extrañamiento, y su voz rebotó contra el cristal de la ventana y fue a parar dentro del lavamanos del baño, cuya gotera intermitente y lasciva era una de las tantas terapias psicológicas de Andrés en los días de soledad y abulia cuando no podía hilvanar ni una oración decorosa delante de la muda pantalla de computadora.

-- Soy un payaso y colecciono máscaras para cada segundo de la vida. Ahora mismo- tú no te das cuenta- pero traigo puesta la del hombre que quiere conversar y hacer nuevos amigos. Aunque por tu cara de pocos amigos me parece que no lo voy a conseguir. No temas...

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