Varios autores

Ese instante: Esa mañana de verano era diferente. Lo supo desde que un calor intenso se apoderó de su pecho mientras la mirada de él sutilmente recorría todo su cuerpo. Ella analizaba cada gesto y cada palabra que él con dificultad, quizás por el idioma, quizás por los nervios o quizás por ambas lograba pronunciar.

Él no sabía por qué no podía parar de observarla; aunque su mano derecha, esa con la que firmas, la más cuerda, la más sensata le gritaba que se detuviese alertándolo del peligro, del peligro de querer tocar lo intocable; pero la comparó con la luna y quiso tenerla. Ella no sabía por qué extraña razón su imagen no se esfumaba de sus pensamientos.

Las cosquillas en su estómago, el no comer, el ahogo repentino y el querer abrazarlo le indicaban algo. Sería una enfermedad? Algo que no sabía explicar que irrumpía en su vida como las bravas olas en las rocas de este mar que me observa.

Leer más: Ella cubana, él no

  • Visto: 5702

Surgat reapareció en medio de los raíles de tranvía. Con un pase rápido de las manos se impregnó de la capa de invisibilidad que lo hacía ante la gente que deambulaba por la calle cargada de bolsas de un Caprabo cercano invisible. Lo justo y necesario para ocultar con rápidez su despampanante desnudez.

El manual para la transformación que le había sido entregado tres meses antes de la actual fecha, aun le resultaba una maraña de palabras ininteligible. Casi nunca conseguía recitar las adecuadas para transformarse con éxito en su ascenso hacia el mundo terrenal sin antes perder quién sabe donde las extrañas vestiduras negras que acostumbraba a usar. Paso volando junto al telepizza de la esquina y torció a la izquierda siguiendo la trayectoria de la misma acera. Dos calles más abajo paso por una panadería. Junto a ella una juguetería que anunciaba con grandes carteles un descuento del 50 % en todas sus existencias y justo al lado se encontraba su punto de destino "EL ESTANCO".Un local pequeño de puertas acristaladas. Dos clientas dentro y el dueño, un tipo canoso y paliducho con apariencias corrrientes, vestido con una vulgar y barata camisa a cuadros y unos ajados vaqueros. Espero a un lado de la puerta hasta que el dueño se desembarazó de las dos mujeres y entró.

Leer más: Maldito vicio

  • Visto: 5598

Hace unos días leí estos contornos isabelinos, entre menciones de los barcos que a través de los años visitaron el Puerto de La Isabela, la mención que se hacia de los barcos Noruegos de la Compañía ¨Nortraship¨, organismo creado por el reino de Noruega para coordinar todos los buques de bandera noruega bajo una sola dirección para servir a la Patria durante la Segunda Guerra Mundial. En uno de esos barcos tuve yo el honor de servir, era el “Bruch”. Esta nave llevaba el nombre del celebre compositor alemán, Bruch.

Algún tiempo después de yo estar navegando entre Cuba y puertos americanos transportando azúcar crudo cubano, Armando Hernández, de la familia que tenia el ¨Tren de Bicicletas¨ en la Calle Calixto García, al lado de la Talabartería ¨El Potro Criollo¨, en Sagua la Grande, se une a la tripulación en calidad de camarero. Durante esa travesía nos cruzamos, frente a West Palm Beach, con el barco cubano que tanto hizo y que había de insertarse en la historia, naval de esa guerra, El Camagüey.

Leer más: Dos cubanos en el Polo Norte

  • Visto: 5618

Se cortó las venas en la bañera y con su dedo tambaleante pintó en los azulejos la palabra FIDEL. Lo dibujó con letra de molde en un ejercicio de paciencia mientras las velas parpadeaban por un viento del sur que removía la casa y el otro brazo destilaba unas burbujas brillantes. Simplemente lo hacía por él, con tan pocos años ya se le volvía una obsesión y un capricho. Podría ser la edad, 21 años, o los deseos sexuales reprimidos pero el hombre la excitaba al punto de masturbarse hasta siete veces seguidas viéndole dar un discurso. Si al menos en un discurso se hubiese quitado la chaqueta verde olivo y se la hubiese tirado, se hubiera conformado con su olor y su masturbación solitaria entre banderas cubanas y brazaletes descoloridos del 26 de Julio pero nunca se dignó a mirarla ni a contestar sus cartas de amor.

Leer más: Infierno I

  • Visto: 5650

Cuando comencé en la escuela secundaria me topé con los guapitos, los hijos de los guapos cubanos, vamos a ver, los imitadores de sus padres. El guapo de secundaria no usaba pañoleta y tanto en la guerra como en la paz, llevaba pañuelo rojo para secarse el sudor y la guapería, pantalón campana, camisa apretada, botas rusas con tacón alto y dos tapas de pasta “Perla”, una para cada cordón de las botas. La peineta, aquella arma mortal para “agitarnos” la merienda, compuesta de tres galletas de sal y un refresco imitando al “Ironbeer” pasaban a sus manos a la velocidad de extraer la peineta del bolsillo de atrás. Cuantas veces extrañe a mi abuela con su jarro de café con leche y las dos tostadas repletas de mantequilla, ella que esperaba en la primaria a que me zampara todo aquel meriendón y después se marchaba con su paso lento.

Leer más: De aceres y otros relatos

  • Visto: 5984

© Copyright Conexión Cubana®  Desde 1998 . Todos los derechos reservados