¿Quién se acuerda de los cines de barrio?. Casi todos los cines se perdieron, y quizá ya no se recuperen jamás

El cine llegó a Cuba el 15 de enero de 1897, tras el arribo a La Habana del francés Gabriel Veyré, representante de los hermanos Lumière. Se sabe que unos meses antes los habaneros y los españoles ya habían comenzado a disfrutar del quinetoscopio (el precursor del proyector de películas) desarrollado por el fotógrafo e ingeniero Dickson mientras trabajaba con el inventor Thomas Alva Edison.

Gabriel Veyré alquiló un local en Paseo del Prado, al lado del Teatro Tacón, donde montó su salón oscuro, al que llamó Cinematógrafo Lumière, con capacidad para unos ochenta espectadores. La entrada costaba "50 centavos para las personas mayores y veinte para los niños y militares sin graduación".

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A pocos metros de la entrada del Cementerio del Santo Cristo del Buen Viaje, de la ciudad de Camagüey, se encuentra una supuesta sepultura en la que aparecen inscriptas estas rimas a modo de epitafio, que según historiadores locales, aparecieron allí en 1833.

Aquí Dolores Rondón
finalizó su carrera
ven mortal y considera
las grandezas cuáles son: el orgullo y presunción
la opulencia y el poder
todo llega a fenecer
pues solo se inmortaliza
el mal que se economiza
y el bien que se puede hacer.

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Cuenta la historia legendaria que en la antigua laguna del Tesico—convertida después en vertedero municipal—y a una legua de distancia del centro de la Octava Villa, habitó durante bastante tiempo—nunca comparado con Matusalén, quien vivió según decir bíblico por más de novecientos años—un sapo toro de descomunal tamaño. Se calcula que la estancia de este batracio en la laguna corrió a mediados del siglo XVIII, pues los moradores de entonces dejaron constancia, de que el croar del mismo resultaba tan formidable, por ejemplo, como un agudo que pudieran dar hoy al unísono, los impecables y famosos tenores Carreras, Pavarotti y Plácido Domingo.

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En la zona que hoy conocemos como la provincia de Matanzas, vivió un joven cacique que se encontraba celebrando con todos los de su tribu, el nacimiento de su primera hija, a la cual la llamaron Coalina.

Todos en el lugar venían a rendirle homenaje y a traerle numerosos regalos a la pequeña que recién acababa de nacer, hasta que llego ante el cacique un anciano behique que le dijo:

-Cuida a tu hija, y por favor, no dejes que se enamore jamás.

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El gallo de pelea es símbolo de altivez, valor, belleza, hidalguía. También lo relacionan con la fuerza y la virilidad, la contingencia y el apasionado espíritu de lucha que no lo abandona hasta el fin de su vida.

Cuba es un importante exportador de estos animales. Se destaca en el mercado internacional por la pureza de sus razas. Las peleas de gallos fueron toda la vida parte de la cultura popular. En los pueblos del campo las vallas eran el lugar más concurrido, no sólo por los amantes a las apuestas, también los comerciantes encontraban en el ruedo una posibilidad especial para sus negocios.

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