Humor cubano

Nunca imaginé que en el pueblo de Santa Fe, situado al oeste habanero, aparentemente tan tranquilo y sin un pasado turbulento, descubriera a cada rato historias realmente impresionantes, como por ejemplo, la historia de los Pedros.

Son cinco en total: Pedro el padre, tres hijos que se llaman como él, y el más pequeño, José Luís. Todos viven en la misma casa, en calle 19 entre 306 y 308, aunque dividida a lo largo en varias partes independientes, como si se tratara de una cuartería.

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La ollita roja

La mujer, algo nerviosa ante lo que parecía una inminente partida, preguntó:

-Hija, ¿revisaste bien? No vaya a ser que por cualquier detalle se nos fastidie la salida. -Sí, sólo queda esperar al inspector.

En ese momento tocaron a la puerta. Era el funcionario. Inventario en mano inició la revisión. Primero el auto, un Chevrolet de 1953, en buen estado. Después la sala, el comedor. Luego entró en las habitaciones. La última fue la de la abuela. Miró debajo de la cama. Sí, ahí estaba el orinal. Entró en la cocina y repasó el inventario: refrigerador marca Westinghouse, americano, año 1950. Comprobó el buen funcionamiento del equipo. Había también una mesa con sus cuatro sillas y una tostadora de pan antigua. La inspección se centró finalmente en los cacharros de cocina, uno por uno; acercó el papel a sus ojos, volvió a leer y dijo:

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El zapatazo

¡Coño, caballeros! Estoy contento, me la han puesto de jamón. No hacen falta balas, ni banderitas, ni movilizaciones, ni nada de eso que exigen para convertirse en un héroe de la noche a la mañana. ¡Uuuun zapato! Yo no había pensado en eso. Con un buen zapatazo aparezco a los pocos minutos por televisión y hablan de mí hasta los presidentes. Va y escapo de paso de la pincha que tengo, y hasta me filman una película. ¡Me veo, me veo!

-¡5,4,3,2,1, cámara, acción! Ahí mismo es donde debo arremeterle un buen zapatazo a un cabrón, ¿a cuál de ellos?

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El actor

Nicasio Pérez estaba retirado. Vivía de su modesta pensión y trabajitos que hacía en la barriada. Fue cartero durante veinticinco años. Cuando se jubiló el médico le dijo: ” Tienes que caminar todos los días y poco a poco reducir tus caminatas para que tu organismo se adapte a tu nueva vida, de otra manera podrías tener problemas.”

Nicasio caminó durante una semana, caminó desde Luyanó hasta el parque de la Fraternidad, como le dijo el médico, pero depués se quedó en cama descansando. Pensó que había caminado bastante en su vida.

Por la mañana daba una vuelta. Visitaba a los amigos o leía los períodicos o iba a jugar dominó con su amigo Loló, un carpintero

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El cubano y su autoestima

El cubano no tiene problemas mentales: tiene guayabitos en la azotea.

El cubano no dice, "trabaja muchacho": el cubano dice, "trabaja Facundo".

El cubano no habla tonterías: es un come-gofio.

El cubano no baila bien: baila como un trompo.

El cubano no dice, "cae mal": dice, "es un pesao".

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