El automovilismo cubano

El inicio y el final del automovilismo deportivo de la Cuba Republicana

El 22 de julio de 1894 tuvo lugar un evento automovilístico donde participaron 21 autos en una carrera desde París hasta Rouen. Al año siguiente se celebró otra competencia París-Bordeaux-París y el ganador fue Emile Levassor al volante de un Panhard et Levasor, quien cubrió la distancia en 48 horas. Así comenzó el automovilismo deportivo mundial.

No pasó mucho tiempo para que en Cuba comenzara la fiebre de las carreras de automóviles. A finales del año 1901 los cubanos de buena posición económica comenzaron a importar autos, la mayoría de ellos europeos, donde se destacaban los De Dion Bouton y Panhard Levassor. Sus dueños, al sacarlos de los muelles, comenzaron a disfrutar del embrujo de la velocidad, tratando de ir más rápido a través de calles y avenidas.

En julio de 1903 se celebró la primera carrera, auspiciada en esa época por el entonces Havana Auto Club (HAC). Cinco atronadores autos se lanzaron a fondo devorando la distancia y el ganador fue Dámaso Laine al volante de un Darracq de fabricación francesa.

Sin embargo la figura principal de esos primeros años del automovilismo en Cuba fue Ernesto Carricaburu, el chofer personal del presidente de la República, Don Tomás Estrada Palma, quien implantó un record mundial de velocidad de 53 millas por hora al volante de un Mercedes y en septiembre de 1911 escribió su nombre nuevamente en el libro de récords al completar los 108 kilómetros entre La Habana y Matanzas en 1 hora 12 minutos.

En 1905, se celebró la segunda carrera, ésta con un sabor internacional ya que fueron invitados pilotos de otros países. El gran evento se celebró en San Cristóbal --ida y vuelta-- cubriendo un total de 99 millas. El vencedor de la prueba fue Ernesto Carricaburu al volante de un Mercedes quien cubrió la distancia a un promedio de velocidad de 53 millas por hora, implantando un nuevo record.

Con la presencia en La Habana, en 1906, del campeón mundial Bob Burman, quien ofreció una demostración especial al timón de su bólido de carrera Mercedes, se encendió la llama del automovilismo en Cuba, y al año siguiente, en 1907, se celebró la primera carrera de circuito en el hipódromo de La Sierra. Por desgracia el piloto local de apellido Losado perdió la vida durante la competencia.

En el año 1912 pilotos locales y extranjeros competían en las pistas de la zona de Almendares y en esa época Rodolfo Lusso, alcalde de Remedios, implantó un nuevo récord de velocidad nacional con 55.4 millas por hora al volante de un Marmon.

El 17 de marzo del mismo año, el auto ''Mercer'' del piloto Teódulo Valhuerdi y su copiloto-mecánico Rosario González, perdió el control en la segunda vuelta, llegando a una curva, y se volcó saltando fuera de la pista.

Según el reporte de la época el piloto cayó sobre un tronco que le atravesó el pecho y su copiloto se destrozó el cráneo. Este tipo de desgracia siempre causa gran emoción y los empresarios de la carrera cedieron a las familias de las víctimas el importe de las entradas.

El resto del programa se desenvolvió sin más incidentes y la poderosa máquina Bilitzen Benz, de Bob Burman, con una potencia de 200 caballos de fuerza, no tuvo competidores e hizo el recorrido de una milla en 59 segundos.

Más tarde, durante la década de los 50, la mayoría de las carreras se celebraban en trazados de carretera abierta, entre ellas Pinar del Río-La Habana y Sagua-La Habana, y también en algunos circuitos en pistas de aeropuertos. Máquinas preparadas en garajes privados como: Mercedes Benz, Jaguares, Chevrolets, Fords y Studebaker, entre otras, competían por esas difíciles rutas en manos de pilotos locales, entre ellos Alfonso Gómez Mena, Santiago González, Rafael Cabrera, José Salazar Cubillas, Diego Febles, Rafael Gallinat, Manuel Pérez de la Mesa, Modesto Bolaños, y muchos otros.

Sin embargo fue el Primer Gran Premio de Cuba, celebrado el 25 de febrero de 1957, el magno evento en el país y la máxima representación del automovilismo cubano a nivel mundial. En esa oportunidad más de 100,000 espectadores inundaron el circuito del malecón habanero para ver a los mejores pilotos del momento luchar fieramente por la victoria y arriesgar sus vidas y al mismo tiempo arriesgar la vida misma de ellos, en el filo de las aceras que bordeaban al circuito para presenciar una de las más espectaculares carreras de autos deportivos celebrada ese año.

Una selección de los mejores pilotos del mundo, todos ellos campeones de sus respectivos países y encabezados por el monarca mundial, el argentino Juan Manuel Fangio, se dieron cita en el trazado del Malecón con las mejores máquinas de carrera que competían por el campeonato mundial de marcas: Ferrari, Maserati y Jaguar.

Entre las figuras que se presentaron ese año se encontraban: Alfonso Cabeza de Vaca y Leighton, Marqués de Portago, de España; Stirling Moss y Peter Collins, de Inglaterra; Carrol Shelby, Phil Hill, Masten Gregory y Harry Schell de Estados Unidos; Olivier Gendebien, de Bélgica; Eugenio Castellotti, de Italia y la representación local en manos de Alfonso Gómez Mena al volante de un Jaguar D-type, entre muchos otros grandes del automovilismo mundial.

La carrera fue un duelo entre Fangio y Portago. Todos los ojos estaban fijos en la Maserati número 2 de Juan Manuel y la Ferrari número 12 de Alfonso. Sin embargo al final y debido a una falla mécanica en la Ferrari del español, Fangio se llevó la victoria seguido por el potente Ferrari del norteamericano Carroll Shelby.

Sin duda el héroe del día fue el marqués de Portago por su tercer lugar. Por su agresividad y valentía se ganó el corazón de los fanáticos cubanos y de su amiga, la actriz norteamericana Linda Christian quien fue invitada al evento acompañada por el famoso actor norteamericano Gary Cooper, sin dejar de mencionar el honroso sexto lugar del cubano Alfonso Gómez Mena al volante de su Jaguar D-type.

Desafortunadamente el segundo y último Gran Premio de Cuba, celebrado en el mismo circuito, en 1958, estuvo envuelto en varios acontecimientos que hasta el día de hoy son tema de discusión. Un día antes de la carrera el campeón mundial Juan Manuel Fangio fue secuestrado por motivaciones políticas cuando se encontraba charlando con otros corredores y miembros del equipo Maserati en el vestíbulo del hotel Lincoln. Al día siguiente la carrera tuvo un saldo elevado de muertos y heridos cuando el piloto local Armando García Cifuentes, al volante de la Ferrari número 54 perteneciente a la 'Scuderia Cuba' perdió el control del auto y arremetió contra el público. Finalmente la carrera fue detenida en la sexta vuelta declarando ganador al británico Stirling Moss, quien manejaba una Ferrari, cuando en realidad quien ganó la competencia fue el norteamericano Masten Gregory al mando de otra Ferrari.

Sin embargo, hoy día, en las pistas más famosas del mundo, sea en los 'pits' (garajes) o en las tribunas, la historia de los grandes premios de Cuba sigue siendo tema de gran interés y nostalgia entre la vieja y nueva generación del automovilismo deportivo.

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