Conflictos sociales

El rostro oculto de la violencia

Rosita es una de esas médicas nuevas, especialistas en medicina general que labora en la policlínica "Primero de Enero", del municipio Playa. Pero, contrario a la mayoría de sus colegas, no disfruta del respeto de sus vecinos, que son sus potenciales pacientes,

Y es que esta doctora de familia maltrata a su pequeña hija de siete meses, alegando que la niña no se adapta a jugar sola en el corral, y con frecuencia le pega tan duro que en la tranquilidad del mediodía, y desde la acerca de enfrente, sus vecinos escuchan el prolongado llanto de la bebita por más de 30 minutos.

Los casos de abuso infantil en Cuba carecen de estadísticas, según admitió un sicólogo en un raro programa de la radio provincial dedicado al tema, que evidenció la desatención a la violencia familiar, tanto de los especialistas de salud como de las autoridades encargadas de aplicar la ley.

Y es que la ley en Cuba es imprecisa para estos casos, y se engloba en una figura jurídica digna de una antología del absurdo: "Actos contra el normal desenvolvimiento del menor", dentro del cual cabe todo, pero difícil de demostrar ante un tribunal.

Algo similar ocurre con las agresiones contra las mujeres por parte de sus parejas, o el maltrato de los ancianos por familiares más jóvenes.

El especialista reveló que los médicos que ahora se gradúan en Cuba apenas reciben clases de medicina forense, y desconocen incluso que existe el certificado médico de lesiones, un documento legal que los galenos deben expedir para probar una denuncia judicial contra los agresores.

Las autoridades policiales, de otro modo, hacen lo mismo que los médicos en los cuerpos de guardia de los hospitales: registran las agresiones de violencia familiar como "politraumatizados", que los libera de emprender cualquier acción judicial, y de paso mantienen libre sus estadísticas, de manera que "oficialmente" el tema no es un problema de salud ni tampoco una tendencia delictiva.

Sin embargo, la violencia familiar no se ignora en los niveles políticos del régimen; sólo que como otros graves problemas sociales asociados (alcoholismo, drogadicción, prostitución y hechos de sangre) se escamotean de la información pública y los sicólogos se dedican a las inoperantes tareas de educación sexual que no logran contener tampoco los embarazos prematuros y las enfermedades venéreas, entre otras.

Hace dos años, una encuesta de la oficialista Federación de Mujeres Cubanas en dos policlínicas de la Habana Vieja reconoció la alta influencia del alcoholismo en el abuso físico y moral de mujeres y niños, pero al mismo tiempo reconoció la incapacidad de las autoridades para reprimirlo.

La estadística revelada entonces era del 52 por ciento de casos de abusos atribuidos al alcoholismo de la pareja, y se logró registrar porque las víctimas acudían a unas casas de la mujer operadas por la entidad, para recibir servicios de consejería. Aún así, se reconoció que los resultados eran incompletos, pues tanto las autoridades policiales como potenciales testigos del vecindario rehuían su deber, alegando que era un asunto de privacidad familiar.

Publicado originalmente en Conexión Cubana el Jueves, 14 de Octubre del 2004.
A pesar de no estar actualizado, creemos que es bueno que no se borre de nuestra memoria.

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