Conflictos sociales

La "Enfermedad del Empingue"

Los indicadores mostrados por Cuba en los resúmenes anuales del ministerio de Salud Pública, entre los que destacan la más baja tasa de mortalidad infantil de América Latina, un promedio de vida similar al de países desarrollados, un cuadro de vacunación integral y rigurosos controles epidemiológicos, sitúan a la isla, según la Organización Mundial de la Salud, entre los países con mejor organización y vigilancia en el combate contra enfermedades. Sin embargo, un estudio que realiza el investigador y promotor independiente de Sanidad -como se auto denomina- Joaquín Bustamante, arroja un crecimiento desproporcionado de dos enfermedades crónicas que afectan seriamente a la población cubana y el Estado no toma medidas para combatir.

Joaquín analiza los comportamientos sociales en los pueblos del campo y centra su tesis en la repercusión de la economía en la salud del individuo. Recorre la isla de punta a cabo observando, compilando datos, cotejando el efecto pernicioso en el organismo humano producido por la crisis económica, política y social que azota a Cuba. En su estudio morfológico y conductual del ciudadano en los diferentes pueblos que visita, define al infarto y la hipertensión como primeras causas de muerte, pero hace poco descubrió otro padecimiento, muy relacionado con los anteriores porque actúa como su detonante.

Esta enfermedad se propaga en sentido proporcional al crecimiento de la crisis y debido al empeoramiento progresivo que ha tenido la economía cubana. El experto considera que pudiera llegar a convertirse en virus. La bautizó como "La Enfermedad del Empingue". Dice que se muestra cuando la persona encuentra todos los caminos sin salidas, las múltiples fuerzas externas actuando sobre él y aplastándolo, y el discurso oficial, radial y televisivo erosionando como una burla sobre su equilibrio emocional, psíquico y sus normas de conducta. Los principales síntomas son irritación, malestar, desespero, angustia, carácter huraño, envejecimiento prematuro y una extrema violencia verbal y física.

Su más reciente periplo fue de tres días por las provincias del centro del país. Además del alto número de infartados e hipertensos que encontró, también contabilizó numerosos divorcios, lesionados en trifulcas, encarcelados, asesinatos y suicidios.

Tras el panorama desolador que encontró en esos pueblos del campo, donde se vive bajo una desprotección total y una miseria rampante, donde vio a hombres y mujeres discutir y pelearse no solo en las fiestas populares, también en la bodega, en la cola del pan y hasta en los pozos colectivos, discutiendo por un cubo de agua, Joaquín confiesa haber regresado a La Habana contagiado con este nuevo virus, que dice ya ha comenzado a acabarle la vida.

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