Conflictos sociales

Abusos en territorio enemigo

Nunca la Policía Nacional Revolucionaria ha tenido tanto trabajo. Pero cada vez lo hace peor. Será porque se siente rechazada o porque está tan podrida como el sistema. Su disciplina de multas, tonfa y spray pimienta no logra garantizar la tranquilidad ciudadana, sino todo lo contrario. Y no es sólo que la delincuencia crezca en proporción directa a las carencias, sino que los agentes del orden están forzados a hacer cumplir prohibiciones absurdas e impopulares y leyes injustas que son de estricto cumplimiento solo para los de abajo.

Prestos a reprimir sin ton ni son y a poner, en vez de orden, todo bien malo, está la Policía Nacional Revolucionaria, cuyo accionar, por abusivo y arbitrario, parece cada día más desatinado. Hace años que la PNR se comporta como un ejército de ocupación. Parece moverse en territorio enemigo. Paranoica, a la defensiva. Como si no reconocieran las calles, los barrios y sus pobladores. La policía no es respetada, sino temida. Y lo que es peor: cada vez más odiada. Uno se asombra cuando da con un policía correcto y decente, que se comporte como una persona. Por suerte todavía quedan. Pero son los menos. No debemos asombrarnos. En definitiva, en esta sociedad, los canallas ya casi son la norma y la mayoría.

En las calles de La Habana se ve muchos tipos con mala facha, pero inspiran menos aprensión que una pareja de policías cuando viene para encima de uno. Nadie sabe como puede terminar el incidente. En el mejor de los casos, siempre te sientes impotente y humillado. Intentar, no digamos discutir, razonar con un policía, que se cree la mismísima ley, y no un simple agente de ella, puede acarrear que te acusen de agresión, atentado, desacato o de lo que se les ocurra acusarte.

Continuamente uno escucha de los abusos policiales. Sus víctimas son los más humildes y desprotegidos: ancianos vendedores callejeros, pordioseros, bici-taxistas, carretilleros de viandas, mujeres que ocuparon casas deshabitadas porque no tenían donde vivir con sus hijos, pobladores de los llega y pon, gente de las provincias orientales que emigra a la capital buscando mejorar su vida, muchachos, preferentemente negros, provenientes de familias disfuncionales…Y ni hablar de los disidentes. Para todos ellos siempre están listos las tonfas, el spray urticante rociado en los ojos, las esposas bien apretadas en las muñecas, los calabozos, la ley de peligrosidad social pre-delictiva… Recientemente, la policía detuvo violentamente a un loco en San Miguel del Padrón. Cuando su familia fue a buscarlo y se quejaron de los maltratos que sufrió el enfermo, el oficial, al descubrir por su acento cantarín que los parientes eran orientales, igual que él mismo, amenazó con deportarlos inmediatamente para su provincia si no se callaban.

Ya no sorprende de ver a policías por la Habana Vieja o El Vedado, en actitud de chulos, como extorsionan a las jineteras, muchas veces adolescentes. Y qué decir de los registros en plena calle, o en las guaguas y trenes que viajan del interior del país hacia la capital, de la comida que decomisan sin orden de decomiso y que va a parar a sus casas. Para colmo, se supone que entiendas que "los nagüitos también tienen que vivir" y que saliste bien, que debes agradecerles que no te multaran o te llevaran detenido para la unidad.

¿Por qué la policía se presta con tanto entusiasmo a apoyar los desalojos ordenados por los burócratas de la Dirección de Vivienda y el Instituto de Planificación Física? ¿Los viejos, los niños, los enfermos, que tiran a la calle o en el mejor de los casos, amontonan en los almacenes de náufragos que son los albergues y las llamadas comunidades de tránsito, no conmueven sus conciencias? ¿Acaso investigan antes de actuar los intereses turbios y la corrupción que hay detrás de muchos de estos desalojos? ¿O es que la policía está al servicio, no del pueblo que con su sudor paga sus salarios, supuestamente para que garantice el orden, sino de un puñado de privilegiados egoístas y de la burocracia corrupta que paga sobornos para que la dejen campear por sus fueros?

Allá quien se consuele con los cuentos de que hay otras policías más corruptas y abusivas en otros países. A nosotros, la que nos duele, y mucho, es la PNR.

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