Conflictos sociales

El regreso de El Zorro

Hace pocos días el barrio marginal El Palo perdió su tranquilidad, cuando se vio caminar otra vez por sus calles luego de veinte años de encierro, a un individuo llamado Rolando, conocido popularmente como El Zorro.

Rolando padece severos trastornos mentales desde niño y aunque su madre intentó que aprendiera en las escuelas normales, a partir del segundo grado tuvo que asistir a una escuela especial, donde no avanzó nada. Presentaba problemas en el lenguaje y en sus relaciones afectivas. Su única afición era empinar papalotes y que le llamaran El Zorro.

Los muchachos del barrio para fastidiarlo empinaban sus papalotes cerca del de Rolando y le ponían cuchillas en los rabos para cortarle la cuerda y mandárselo a bolina, algo que lo enfurecía. Les gritaba a los muchachos que allá ellos, que El Zorro los iba a coger a todos, uno a uno, para cobrárselas.

Un día que los muchachos lo mortificaron demasiado Rolando perdió los estribos y dijo que iban a ver lo que les iba a pasar. Sacó a la madre al portal jalada por los pelos y le partió una botella en la frente delante de todos. Lo internaron en el hospital, pero la madre lo rescató al no poner cargos y responsabilizarse completamente por su hijo.

Comenzaron a medicar a Rolando y los muchachos dejaron de fastidiarlo. Todos en el barrio le temían y lo esquivaban. Se convirtió en un grandulón con una fuerza terrible. Trabajaba como ayudante en la panadería, empujando un carretón para llevar el pan a domicilio. Caminaba con la mirada clavada en el piso, como si cavilara algún plan. Cuando levantaba la vista y la gente veía sus ojos, que eran como dos bolas de fuego, todos se aterraban.

Un día que no hubo pan y no pudo trabajar se paró en el portal y gritó a todos que presenciaran la primera venganza del Zorro. Sacó el cuerpo de su madre a rastras, cubierto de sangre, apuñaleado de pies a cabeza y con la cabeza cortada; entonces cundió el pánico en el pueblo. Cuando la policía lo arrestó en su casa, partió las esposas y los médicos tuvieron que sedarlo. Fue ingresado en el hospital psiquiátrico de Mazorra, donde mató a dos pacientes en su primer día de estancia. Lo aislaron. Fue sometido a un riguroso tratamiento médico con electro shocks, que lo mantenía como un zombie, fuera del mundo real.

Estuvo encerrado durante veinte años en una prisión de alta seguridad, en celdas solitarias. Le faltaban aun dos años para cumplir su condena, pero salió este fin de año en libertad beneficiado por el proceso de indultos llevado a cabo por el gobierno de Raúl Castro. La casa se la estaban cuidando unos parientes, que salieron por la puerta de atrás en desbandada cuando apareció la mole humana en la puerta, con aquellos ojos que aun miran como si lanzaran llamas.

Hoy el zorro empuja otra vez el carro del pan por las calles del Palo, con los ojos clavados en la tierra cavilando, como si preparara un nuevo plan. Los que recuerdan que juró cobrárselas a todos, uno a uno, lo esquivan, toman otra calle, viven en un constante desasosiego por su regreso.

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