Generalidades de la música cubana

La música llena la soledad

El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos.
Oscar Wilde

La música puede definirse cuando se asocia a otras manifestaciones del desempeño humano. Es complejo algo que alcanza al hombre en todas las edades y culturas. Es el arte que expresa el espíritu humano con la armonía de sus notas, revela su lugar en la historia, la personalidad de los compositores, y las atribuladas experiencias de sus vidas.

Pero la música es sobre todo recuerdos. Hay melodías que se quedan grabadas en nuestra memoria para siempre y sin que nos demos cuenta quedan allí. Nos acompañan desde niños las canciones de cuna y después a medida que crecemos un aluvión de melodías inundan nuestras vidas. Estas vienen de las radios que permanecían conectadas horas tras horas en los hogares, las melodías que nos sorprendían en la calles, en las fiestas populares o en los bares y cantinas por donde pasábamos de forma ocasional. Mis recuerdos más intensos son de aquella vieja Vitrola en el Bar de Morales que no dejaba de sonar durante todo el día, sobre todo en aquellos fines de semanas de improvisado bullicio en un poblado de campo.

Pienso que más que escuchar una canción y gustarnos musicalmente, lo que hemos hecho, es asociar la música, el sonido, la voz u otra cosa similar, al momento que la oímos por primera vez. De ésta forma, asociamos la canción al primer momento en que la escuchamos: a un recuerdo agradable, a un buen momento vivido. Es probable que se trate de tiempos y recuerdos que nos encantaría volver a vivir. ¿Recuerdan la traída frase de: recordar es volver a vivir? Esto es cuando se acompaña al recuerdo con una melodía

Seguro que nos ha pasado en más de una ocasión que, al escuchar una canción, nos sentimos trasladados a otros momentos de nuestras vidas. Así que, decir que existe una asociación entre música y recuerdos, no es nada nuevo porque todos los hemos experimentado.

Es interesante que en la Universidad de California, se han conducido investigaciones donde ha quedado demostrado que hay una zona específica del cerebro donde se conectan las melodías con las memorias. Esto es que las células del cerebro (neuronas) trabajan como centro de conexión entre melodías familiares, memorias y emoción.

Pienso en todo esto para después llevarlo a esta página, cuando regreso de las habituales horas de interpretaciones y recuerdos que nos trae el Trío Romance (que en realidad es cuarteto) en La Gran Plaza de Fort Worth, cuando nos deleitan con sus canciones los fines de semana. Es la mejor actuación trovadoresca que podamos encontrar en este entorno.

Hay en el escaso pero fiel auditorio, una conjunción de generaciones y nacionalidades, pero sobre todo, hay una convocatoria al recuerdo. La música se hace nostalgia imperecedera, evocación que nada puede borrar y azarosas vidas que se encuentran en lugar distante y distinto.

Cuando el Trío comienza sus canciones, sobre todo esos boleros que traen el recuerdo una y otra vez, aquellos que allí están sienten como suya cada una de las notas. Es así que el repaso de intensas tardes de enamorados, lugares remotos, encuentros y desencuentros; convergen en un instante en que un verso se hace presente. Más de una lágrima puede hacerse actual y la imagen casi borrada de un ser querido puede resultar real. La soledad parece desaparecer. No es exagerado cuando se afirma que: El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla ¡Cómo no ha de habitarse el presente si el mismo pasado ha llegado! Esto de asociar el recuerdo a las melodías y las vivencias ya superadas por los años; encuentra especial asidero cuando escuchamos un bolero. Este género musical estas destinado ser, por excelencia, "el escondite de la nostalgia y el paradero central de los amores que van y vienen…, es en suma el lugar donde descansan los sueños que no se consumaron".

Por eso con las canciones en las tardes de La Plaza, cuando el Trío interpreta una y otras respondiendo a las peticiones de los que escuchan sus canciones preferidas y casi olvidadas; hay en ello un desafío al aislamiento, un llegar a ese espacio solo habitado por las nostalgias. Allí, unos y otros reivindican sus melodías, como procurando acabar con su estrechas soledades, alcanzar el misterio dejado en el repaso de los sueños que no se realizaron y los amores que, tal vez, fueron alcanzados o rechazados pero nunca olvidados. Cuitas de amores que llegan al presente con la levedad de un canto.

¿Qué es esta música que escuchamos, estas tonadas que acompañamos golpeando levemente y llevando el compás con discreción y fascinación?

…., es el amor que baila y es la danza que se fragua en el espíritu, cuando cesan los acordes. El espacio geográfico del estremecimiento. El territorio donde todo es posible, la compleja conjunción entre el olvido y la memoria, el arribo y la partida, el derroche que alcanza el encuentro y la tristeza mayor de las ausencias y las despedidas…, es el amor que baila y es la danza que se fragua en el espíritu, cuando cesan los acordes. El espacio geográfico del estremecimiento. Y es el regazo donde descansan los sueños que jamás se realizan.
("El Bolero, huerto de imaginerías" por Mary Sananes)

Llamada a la soledad, a lo trémulo de una vida de desarraigo. Esta música que dicen, "excava el cielo" parece abrigarse en el alma del que vive un prolongado tiempo de congoja.

Hoy, cuando las notas elegiacas de las guitarras nos extrañan y el jolgorio de la gente es nota triste; me acompañan los recuerdos, las nostalgias, las acabadas pasiones, las ideas irreconciliables, pero sobre todo, me acompañan sueños tan tardíos que son desbordados por un tejido de imaginerías. Mejor así.

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