Generalidades de la música cubana

Bolero en Cuba, un género que no morirá jamás

Vestida de seda celeste, enormes tacones, blonda cabellera de peinado armado, uñas esmaltadas y labios delineados de rojo, la compositora y conductora de espectáculos, Olga Navarro, no dudó un instante: "¿El bolero? "chica, tú sabes... es la vida, es la muerte, es licor, es alegría, fiesta, amor, una forma de expresión con música", dijo casi sin respirar.

A metros de distancia, junto al pequeño escenario con luces de colores giratorias, la esperaban decenas de personas _en su mayoría con más de 50 años como la propia Navarro_ que abarrotaban el Cabaret "Las Vegas", un lugar legendario y este día dedicado a homenajear el bolero, nacido en Cuba hace más de cien años y de rápida propagación continental.

"El pueblo sigue oyendo boleros aunque en la televisión o la radio ya no los pongan tanto. Para la gente no morirá, porque el sentimiento seguirá vivo para siempre", explicó con firmeza a la AP.

La suya es una de las por lo menos 50 "peñas" dedicadas a cultivar esta viva Olga Navarromanifestación del sentir latino en la capital caribeña.

Basta cerrar los ojos para imaginar la cálida pasión que proyecta el clásico firmado por Isolina Carrillo:

Dos gardenias para ti
con ellas quiero decir
te quiero, te adoro mi vida
ponle toda tu atención
porque son tu corazón y el mío".

Para cuando les tocó subir a escena a las damas del legendario Cuarteto de las "D'Aida", los asistentes a "Las Vegas" deliraban.

"El o la artista siente en su alma lo que está cantando, por eso el público lo recibe así: debe ser el clima tropical y porque somos fogosos, sentimos con mucha intensidad", exclamó coqueta la cantante Lilita Peñalver, sucesora de una de las hermanas Portuondo en el grupo femenino, gloria de los años 40.

Esta fue una noche especial pues el local formó parte de las subsedes del Festival Internacional Boleros de Oro, un evento que lleva anualmente el género a todo el país intentando restituirle espacio a un canon con dificultades de difusión, pero infaltable al final de las fiestas cuando se impone la media luz y el abrazo para bailar apretados.

Basta cerrar los ojos para imaginar el drama de amor que supone un clásico firmado por María Teresa Vera:

¿Qué te importa que te ame
si tú no me quieres ya?
el amor que ha pasado no se puede recordar .

Lejos de los escenarios los expertos buscan interpretar la magia.

Aunque no se conocen con exactitud sus fuentes, en general los musicólogos coinciden en fijar el nacimiento del bolero a comienzos de los 1880, cuando el santiaguero Pepe Sánchez compuso "Tristezas", una pieza para serenatas de tradición española e hija del danzón en boga por entonces.

"Era un mulato elegante, sastre", recordó José Padilla Sánchez, nieto del creador y él mismo saxofonista y productor.

Por aquel tiempo, los prejuicios sociales no faltaban y abundaba la necesidad de expresar los sentimientos románticos y por qué no una excusa para poder tocar a la mujer amada proponiéndole un baile para deshacerse de chaperones.

Basta cerrar los ojos para sentir el impulsivo deseo que expresa un clásico firmado por Osvaldo Farrés:

Toda una vida estaría contigo
no me importa en qué forma
ni cuándo, ni cómo, pero junto a ti.

Los discípulos de Sánchez trajeron al bolero aires de son, que se iniciaba con un tiempo lento y luego se aceleraba; mientras los compositores sofisticaron sus letras hasta llegar al "fílin" (cubanización del término inglés por sentimiento), un movimiento que a mediados del siglo pasado hizo despegar la música cubana llenándola de influencias estadounidenses, del jazz y del blues pero sin que perdiera su raíz.

César Portillo de la Luz, Frank Domínguez, Elena Burke y la Diva del Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, conformaron esa tendencia que no descartó nutrirse de la música mexicana y puertorriqueña, donde el bolero ya brillaba con luz propia.

Basta cerrar los ojos para respirar el sabor de un clásico firmado por José Antonio Méndez:

Dios dice que la gloria está en el cielo
que es de los mortales el consuelo al morir
Bendito Dios porque al tenerte yo en vida
no necesito ir al cielo
sí alma mía... la gloria eres tú.

Sin embargo, pese a las inquietudes sociales de los trovadores de los 70, el bolero con su romanticismo melodramático no desapareció. Tal vez Pablo Milanés fue un ejemplo del intimismo con su "Yolanda" o "El breve espacio en que no estás".

En paralelo, el bolero más tradicional siguió reeditándose cada día en los pequeños espacios populares como los de Olga Navarro. "Debemos reconocer a todos estos cantantes del 'undebolero' (subterráneo). Hay cientos de voces que cultivan el género pero que no graban discos", lamentó el investigador musical Toni Basanta.

Pero, en qué situación se encuentra actualmente el género con relación al público joven y los creadores más vanguardistas, se le preguntó por su parte al experto Roberto Zurbano, un treintañero que trabaja para la Casa de las Américas.

"Lo que pasó es que en algún momento se rechazó el bolero por decadente, por demodé", señaló Zurbano, para quien la sobreactuación y la dramatización alejó momentáneamente a la gente de menos edad.

Paulatinamente, los músicos renovadores volvieron a mirar al bolero y no vacilaron incluso en fusionarlo con ritmos tan revolucionarios como el hip-hop o hacerlo parte de las mezclas de disc-jockeys.

A la fecha la riqueza de este canon determinó la maravillosa coexistencia de dos grandes vertientes: "el bolero más tradicional de los viejitos en las peñas y el género pujante de los jóvenes que se renueva", sentenció Zurbano.

Al final de cuentas es como dijo Lino Betancourt, uno de los mayores musicólogos de la isla: "lo importante es que se cante el bolero y se siga manteniendo vivo" y según parece sus deseos se harán realidad... "eternamenteeeeeeeee", como lo auguró la canción.

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