Generalidades de la música cubana

Martín, el gaucho perrero

A Martín Pedreira, el guitarrista, lo conocí a finales de los años 60 del siglo pasado en la Escuela Nacional de Arte. Era un músico nato y un guitarrista excepcional. Estudiaba guitarra y aún no había cumplido los veinte años. Por la obra argentina Martín Fierro y su afición al rock duro, los bromistas le bautizaron “el gaucho perrero”. Al rock and roll duro se le llamaba por aquellos tiempos, “perrera”.

Martín era un joven sensible que sufría alopecia por stress. Cuando se estresaba, su pelo caía en mechones. Quizás por eso no le molestaba para nada el pelado reglamentario de las becas. Sólo sus nervios, de vez en vez, dejaban ver algunos claros discretos en su cabello, pero nada importante.

En la beca, interpretaba en la guitarra a Credence Clearwater Revival, Jimmy Hendrix, Jethro Tull y otras estrellas de aquel momento, pero dedicaba toda su devoción al británico Eric Clapton.

Esto podía representar un problema. Los comisarios y otros arribistas identificaban el gusto por el rock con el diversionismo ideológico. De Martín se decía que “tenía una gran penetración ideológica”. Esto se traducía en que debía ser vigilado. Como la mayoría de los artistas sensibles, Martín era sumamente ingenuo, y no sabía o no podía cuidarse.

Pese a todos los obstáculos de aquel momento, consiguió graduarse en 1973 o quizás en 1975. Este momento en Cuba pasó a la historia como el "decenio gris". Comenzó su vida profesional impartiendo clases de guitarra en el Conservatorio Guillermo Tomás, en Guanabacoa. Paralelamente ofrecía conciertos y recitales de guitarra. La obra de Tárrega, Rodrigo, Vivaldi, Bach y otros clásicos fue paseada por Martín en su fructífera -aunque efímera- vida profesional.

En aquel momento, mucho más que en este, un viaje era lo máximo. Un viaje a cualquier parte. No importaba dónde, a la Unión Soviética o a Tombuctú. Salir fuera de Cuba era una meta para muchos. Los artistas, con independencia de su talento o de la ausencia absoluta del don, querían viajar.

Martín creyó sinceramente que su oportunidad había llegado con aquella mujer tan bien vestida que lo abordó a la salida de Casa de las Américas, concluido un recital. La mujer, una extranjera que dijo ser argentina, lo citó a su habitación en el hotel Capri. Una vez allí, bebieron algunas copas, pasaron un buen rato y hablaron de política. Martín fue letalmente sincero…

Días después de la desaparición de la misteriosa extranjera, Martín fue arrestado por la policía política. Su velada en compañía de la “argentina” había sido grabada. Luego de varias semanas de arresto fue liberado, confesión mediante. Comenzó su muerte civil y social.

Su incipiente carrera de concertista terminó así, de forma abrupta. Perdió peso y perdió cabello. Le enviaron a trabajar a un taller de mecánica. Se hundió en una amargura sin regreso. Sus amigos aprendimos de primera mano el significado exacto de depresión. A los pocos meses murió. Martín Pedreira se nos murió de tristeza.

Hoy le pago una vieja deuda a la vida y a mi amigo de la adolescencia. Ellos le quitaron sus sueños, su música, y al final, la vida. En ese espacio que el cielo reserva a los que viven para sus sueños, que la tierra te sea leve y el dolor efímero. Ya eres libre de micrófonos ocultos y perversos al acecho.

Fuente: CubaNet

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