Generalidades de la música cubana

A ritmo de mará

En la esquina de Sol y Jesús del Sol, Loma del chivo, Guantánamo, se levanta una vieja casona de madera, llamada popularmente La casa del mará.

Su propietario, Teófilo Brown, descendiente de emigrantes de la isla Antigua, junto a su amigo Ido Torres, dio vida al movimiento de la negritud más importante que ha existido en Guantánamo durante las últimas cinco décadas.

La casa de Brown se convirtió en escenario de una tertulia interminable, donde se reunían desde el alba hasta la medianoche poetas, periodistas, músicos, teatreros historiadores, críticos y pintores; espacio libre a la expresión.

Ido Torres y Teófilo Brown, músicos autodidactos, para armonizar la tertulia comenzaron a componer changüíes, ritmo autóctono de la región oriental de Cuba, considerado padre del son, y derivaron en un ritmo particular, cuya métrica y la involuntariedad de la síncopa como estructura vertical en la pieza, los convenció de que habían inventado un nuevo, que bautizaron como mará. Viajaron a La Habana a finales de la década del ochenta, y presentaron su creación en las oficinas del Registro de Derecho de Autor.

La comisión de musicólogos encargada de evaluar y otorgar categorías, escuchó con atención varios maraces cantados a capela por los guantanameros. Un experto llevó al pentagrama un mará, y reconoció que se trataba de un ritmo nuevo. No era changüí, ni son, ni guaguancó, ni rumba, ni guaracha; era mará. Lo asentaron en el registro de ritmos cubanos.

El hecho soltó las riendas al espíritu creador de Ido Torres y Teófilo Brown, que en tiempo breve compusieron más de cien maraces. Los tocaban sobre la mesa de la sala, acompañados por las cucharas del Yacan, que hacía el contratiempo. El bajo y la trompeta salían de garganta de Alillo. Al coro se sumaba la tertulia en pleno. Entre verso y verso de un poeta mará, se cantaba una melodía.

El movimiento cultural Mará, integrado por negros, se desarrolló a principios de los años noventa, cuando se desplomó el bloque socialista y el gobierno instauró el período especial para paliar la crisis que se nos vino encima. La tertulia literaria desapareció en el año 1993, cuando arreció la ofensiva de la policía política contra los grupos de derechos humanos que ya despertaban en la región oriental. La casa de Brown se situó en el punto de mira de la Seguridad del Estado, y la sala quedó vacía, sólo con Ido y Teófilo acompañados del Yacan y Alillo, que mantuvieron viva la música.

Músicos egresados de las escuelas de arte han intentado modernizar el mará una y otra vez, y lanzarlo al escenario nacional, pero siempre el proyecto se frustra por algún suceso imprevisto.

Hace poco se realizó otro intento, y los jóvenes pidieron permiso a los creadores para grabar un disco. Se organizaron los ensayos. Ido y Teófilo enseñaron a tocar y cantar mará a los muchachos, que se apropiaron de la libertad y la poesía características del mará. La esquina de Sol y Jesús del Sol se puso caliente y se llenó la casa para ver a los muchachos del mará.

El grupo tenía el triunfo asegurado; lo garantizaban los aplausos y la cantidad de fanáticos que arrastraba el nuevo ritmo. El plan era tomar la radio y llegar a la televisión. Pero como los otros intentos, este también resultó fallido. Los jóvenes fueron reclutados para el servicio militar y trasladados a lejanas provincias.

Ido Torres y Teófilo Brown siguen viviendo en la Loma del chivo, con el ritmo mará esperando a que le llegue su momento. Hasta ahora, lo único valioso que se ha logrado son las tesis universitarias cuyo tema es el mará. La más notoria, la del periodista Reidel Frómeta, premiada en un concurso.

Fuente: CubaNet - Domingo, 03 de Enero del 2010

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