Generalidades de la literatura cubana

Ellas leían revistas

La generación de adolescentes cubanas nacidas a inicios de los años 90, más conocida como la del "nada por aquí, nada por allá y nada por ninguna parte", o Período Especial, flota en una galaxia sin lecturas. Si no todas, son muchas las que tratan de evadir o transformar su realidad por otros medios más prácticos o subliminales.

Las de bajo nivel educacional se afanan en la búsqueda del dinero fácil, ya sea en los negocios ilícitos, trabajos por cuenta propia, y a veces en la prostitución. Las que tienen ambas cosas, educación y dinero de papá o mamá, se enajenan y emplean su tiempo libre dentro de una boutique, al aire libre en un concierto de rock, o sumergidas en las cálidas y exclusivas aguas de Varadero.

"A pesar de todo, incluso de la Feria del Libro, en este país se lee muy poco", aseguró el periodista Luis Sexto durante el desarrollo de un evento cultural.

Y no sólo es por el precio de los libros, ni la muerte por intoxicación de antiguas heroínas como Cecilia Valdés, Jane Eyre o Madame Bovary, sustituidas en el imaginario romántico de muchas adolescentes cubanas por Paris Hilton o Angelina Jolie, sino también por la caída en picada de la utopía socialista.

"Los personajes masculinos y femeninos de la épica cubana, defensores a contracorriente, de ideales que dominaron el discurso político y literario durante tres décadas, se esfuman del horizonte cultural de estos años, y lejos de representar una vanguardia revolucionaria, son asumidos como expresión de una patética retaguardia", escribió Jorge Fornet en su libro Los nuevos paradigmas.

De ahí el gusto por leer textos que las acerquen al espejismo del consumo y el confort en revistas especializadas de moda que anuncian lo último en ordenadores, teléfonos móviles, ropa, lencería, trajes de novias y accesorios, en Vogue, Marie Claire y Elle, por algunas de renombre.

De nada sirven las sistemáticas campañas por las lecturas frente al mar, en Ciudad de La Habana, o en cualquier región del país. Tanto las adolescentes de bajos recursos como las que se consideran V.I.P. , no hacen por leer. Las primeras, si acaso, un libro de cocina para complacer al turista belga o español, mientras que las segundas se adentran en El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, cuando se lo exigen en clases.

Ambas vertientes de una misma generación prefieren, antes que leer El caballo de coral, de Onelio Jorge Cardoso, obtener una visa o escuchar a Daddy Yanqui. Y las desafortunadas quieren un puesto de cuidadora de baños en el aeropuerto José Martí, para lo cual no hace falta leer Bola de sebo, de Maupassant.

Como todo parece indicar, ante una realidad alucinante como la que les tocó vivir, prefieren leer las revistas.

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