Generalidades de la literatura cubana

La lectura como desafío

Siempre escuche hablar de Jorge Luis Borges, el escritor argentino que tanto mencionaban en los corrillos intelectuales en Cuba. Era uno de esos escritores proscritos, sus libros eran verdaderas piezas raras en manos de intelectuales escurridizos que se negaban a compartirlas. Nunca pude leer una línea de este escritor cuando vivía en Cuba y ahora, en este Exilio de acabado enojo, me veo ojeando un libro de su autoría en la Biblioteca pública cercana.

Se trata de su Obra Poética completa, considerada así por el autor quien preparó la edición. Decido solicitar el libro para leerlo, es tan sencillo como un acto de libertad. Eso quiero leer y voy a hacerlo, algo tardío por cierto.

La lectura es por definición, el proceso de la recuperación y aprehensión de algún tipo de información o ideas almacenadas en un soporte y transmitidas mediante algún tipo de código, usualmente un lenguaje, ya sea visual, auditivo o táctil, otros tipos de lectura pueden no estar basados en el lenguaje. Pero más que una definición la lectura es placer  y sobre todo desafío.

Nunca olvido mi primer encuentro con los libros, esto ocurrió cuando entré a la Biblioteca de la residencia de un conocido senador de la época pre-revolucionaria, para decirlo de alguna forma. Corría el año de 1962 y cerca de cien estudiantes habíamos llegado a aquella inmensa mansión que seria mi Escuela Secundaria por los próximos meses. La Biblioteca se conservaba muy bien, aún no había llegado a ella la barbarie de aquellos años. Fue una experiencia única encontrarme con aquellos estantes llenos de libros y revistas y aquellos asientos cómodos y relucientes. Recordando a Borges, quien imaginó el Paraíso como una Biblioteca; aquella Biblioteca se convirtió para mí en un oasis de placer y contemplación por 7 largos meses.

Sorprendido por tantas experiencias tempranamente amargas, fueron los libros fuente de sosiego y paz en mi adolescencia y juventud. Cada día tenia a mano un libro que me proporcionaba un encuentro único, era como un amigo que espera.

De tal manera que me fui haciendo de algunos  libros que atesoraba en un pequeño librero casi vacio, confiado siempre en llenarlo en poco tiempo, nunca lo logré. Pero allí fueron a parar el primer libro que compré con mis ahorros: La Edad de Oro y un libro de Gramática española que obtuve a muy bajo precio en un viaje que hice a un poblado cercano. Lo demás eran  los libros que pedía prestado a la Biblioteca de la Escuela. Por aquellos días leí casi toda la obra de Julio Verne que pudo caer en mis manos.

Sobrecogido por la soledad y el hastío de  tiempos aciagos, siempre encontré en los libros una fuente de conocimientos  y avenencia que me han acompañado durante toda la vida. Aún hoy que el fastidio es otro, un libro me causa ese encanto especial que me provocaba en la juventud ya remota.
El teólogo alemán, Tomas de Kempis, afirmaba: He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos. Así es de cierto hasta el mismo momento en que escribo estas líneas, a mi lado, el libro de poemas de Borges espera para producirme la misma placidez que he experimentado con otros libros.

Hay un encanto  inmediato cuando usted toma un libro en las manos, hay siempre algo familiar en la cubierta; cuando los dedos pasan por las páginas hay una comunicación casi instantánea. Se establece una relación casi mágica en el mismo momento que usted toma el libro y decide leer.

Pero sobre todo el leer es un acto de libertad. Esto lo sabemos cuando hemos vivido bajo una dictadura. Hay libros prohibidos y la sola idea nos hace desafiar y buscar aquellas lecturas que a los déspotas le son opuestas. De manera que cada acto de leer aquellos libros que a los autócratas no les gusta es un acto de libertad, es un reto que se asume con resolución.

No olvido la primera vez que tuve en mis manos un libro, que por  los 60’s resultaba prohibido y como guardé con ardor y orgullo los tres libros que llegue a tener y que no podía mostrar. Más que la lectura de esos libros, disfrute del desafío de tenerlos. Eran parte de mi libertad. Si como se afirma: saber leer es saber andar; ya por aquellos años convulsos de los 60’s  había comenzado a andar con pasos apresurados y libre.

La lectura es tanto un placer como un desafío lingüístico, cognitivo y estético. Y un hecho privado, a la vez que una experiencia a compartir. Esta afirmación es muy amplia. Considero que, sobre todo, el acto de leer es un acto privado. Nunca he participado en lecturas colectivas, no creo que pueda concentrarme bien en lo que se está leyendo. Si de compartir se trata, la lectura no pasa más allá de recomendar un libro. Queda de parte del otro el aceptar o no la lectura. Una lectura que en un momento dado nos resulta una revelación, para otros puede ser aburrida y carente de interés. No insistamos en endosarle a otros lecturas que nos han conmovido.

Que la lectura nos completa, es cierto; pero necesita una buena dosis de experiencia y de andar. Lo demás es un reto que nos conmueve. Buscar un libro que no recomendaban algunos y que consideraban peligroso  pero que se precisaba leer, resultó un desafío que nunca olvido. ¡Que bueno era encontrar aquellos libros que se decía de ellos que tenían problemas ideológicos!  

Hoy reto a todos los que evitaron que muchos no alcanzáramos los libros que queríamos leer. A esos que quitan libros de los estantes, que no los publican y que niegan el derecho a la libertad de información. Lo siento, los he desafiado siempre.

Ahora me preparo para leer a Borges, ése, el prohibido. Acerca del él solo oíamos necedades pero ahí estaba en sus libros, esperando. Aún esta esperando, nadie podrá evitar que lo leamos, a éste como a muchos otros autores. Es un acto de desafío, ahora y siempre. De manera que lo siento por los represores.

Hoy, con la tarde, ha llegado mi nieta con una sonrisa que arranca la tristeza; me voy con ella al Patio por el cual se derrama el cielo en la casa, siempre es conmovedor el ocaso. Con ella de la mano no hay falsía ni cesan los sueños. También  me traigo los versos recién leídos, que definen el ocaso y esta tarde:

Ya casi no soy nadie
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.

©2008 - * Columnista. Panorama de Nuevos Horizontes. Hispanic Newspaper. 16-sep-08. Fort Worth, TX. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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