Generalidades de la literatura cubana

Las rimas perdidas de Alicia

Vuelvo a caer en otra trampa de la memoria. Hoy que soy amigo de tantos buenos poetas, me acuerdo de Alicia escribiendo versos que no conservé. Casi de madrugada, mientras sus hijos dormían en la barbacoa y las manchas de humedad seguían extendiéndose por el techo.

Se llamaba Elena Montes de Oca, pero todos la llamaban Alicia. No sé si era su segundo nombre o si simplemente se lo inventó o se lo inventamos.

Había nacido en Unión de Reyes. Llegó a la Habana tan cargada de sueños que, todavía sin descubrirse, carenó en una cuartería de La Víbora con tres niños y sin marido, y sus libros empacados en cajones de cartón.

Trabajaba doce horas diarias y dos domingos al mes en una micro brigada. Sus manos se encallecieron y sus cabellos perdieron el brillo. Algunos decían que no se veía femenina. Luego de varios años y de varias obras sociales adicionales exigidas por el partido o el Poder Popular, Alicia perdió las esperanzas de que le dieran un apartamento. Entonces, dejó el trabajo.

Se ganaba la vida haciendo zapatos o azulejando baños y cocinas. De algo le sirvieron sus años en la construcción. Lo que no podía permitir era que sus hijos pasaran hambre, decía. Pero nunca dejó de escribir poesía, animada por desmesuradas dosis de rabia y ternura en raro equilibrio.

Un libro suyo de literatura infantil había sido premiado y publicado por la editorial Gente Nueva. Ella prefería la poesía. Nunca le habían vuelto a publicar.

Vagaba desconsolada por peñas y talleres literarios. La consideraban irritante, inadecuada e inconveniente. Aspirantes a comisarios culturales municipales que evitaban mirarle a la cara, le hacían severos señalamientos formales e ideológicos a su poesía.

Fui a dar a su casa una noche que soplaban vientos de Cuaresma. Nos presentó un amigo común. Luego del tercer vaso del peor ron de la comarca, Alicia se empecinó en confundirme con algún Ernesto. En el tocadiscos, sonaba Vivaldi o Serrat. O tal vez los Bee Gees aludían, una vez más, a las luces apagadas en Massachussets, casi 20 años antes de que mi amiga acudiera, con los ojos aguados, en Miami, al concierto del Milenio.

En noches así aprendimos que más valía ser amigos duraderos que improvisar un amor de náufragos. En vez de reproches y de filosofar sobre decepciones, anotó uno de sus versos en la tercera página de mi libro de Whitman. Desde entonces, anunció a todos que se acordaba de mí cada vez que escuchaba a John y Paul cantar Help.

Una tarde que llegué a su casa la visitaba Excilia Saldaña. Hacía confesiones rimadas y sinceras. Su estrabismo no le impedía ser la más brillante y ufana de las mulatas bellas.

Hablamos de libros y de escritores. De William Blake, bajando la voz, pasamos a Heberto Padilla. Hacía poco habíamos hallado, entre los escombros de un demolido almacén del Instituto del Libro en Santos Suárez, un deteriorado ejemplar de "Fuera de Juego".

Ellas preferían la poesía hecha por mujeres. Mejor si eran proscritas, dijo Alicia con un guiño. Por ejemplo, Belkis Cuza Malé, comprando muebles viejos en el museo de la vida o navegando, junto a todos los fotogénicos de la isla de los vasos rotos, por todos los mares del mundo.

De pronto, apareció, rodeado de misterio y admiración, un poema copiado a máquina de María Elena Cruz Varela.

Cuando nos quedamos solos, Alicia me dijo que se había unido a Criterio Alternativo. Me habló de registros y amigos arrestados y me confesó que a veces sentía miedo.

Alicia fue la primera disidente que conocí. En carne y hueso, fuera de los libros de Solshenitzin, y en sentido bíblico además.

La Unión Soviética, que no creía en lágrimas, erguida, eterna e inamovible, comenzaba a ser azotada por los vientos de la Perestroika. En Cuba, el Comandante, una vez más, rectificaba errores y anunciaba que ahora sí iba construir el socialismo.

Hoy, la lluvia, a cántaros y con truenos, me ha vuelto a recordar a Alicia, no lejana en Miami, sino escribiendo poemas en un cuarto con goteras de un solar en la calzada de 10 de Octubre.

Luis Cino - Viernes, 26 de Mayo del 2006

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