Generalidades de la literatura cubana

Los libros prohibidos

El poder de los sin poder

En nuestra Isla, donde la censura tiene la edad del régimen que detenta el poder, hay libros prohibidos; tan prohibidos, que la inmensa mayoría de la población desconoce títulos y autores imprescindibles para entender la propia realidad insular. Es el caso, por ejemplo, de obras como Rebelión en la granja y 1984, del gran escritor inglés George Orwell. Tales libros, sin embargo, circulan de mano en mano como un desafío a los policías del espíritu, que pretenden controlar las expresiones más íntimas del ser humano.

En esta cuerda divergente se inscribe la obra del escritor y político checo Vaclav Havel (Praga, 1-10-1936). Al lector cubano se le impide el acceso a sus libros, pues el dramaturgo y poeta se sumergió en la lucha pacífica contra el régimen impuesto en su patria por la antigua Unión Soviética. El creador de Fiesta en el jardín, Memorandum, El foniatra, Anticódigos, Los conspiradores, La audiencia, El hotel de montaña y otros textos de gran valor literario, fundó el Círculo de autores independientes y la Carta de los 77, en las que ejerció un protagonismo que lo llevó a la cárcel. Al caer la dictadura fue elegido presidente de Checoslovaquia, en diciembre de 1989, y de la República Checa en 1993 y en 1998.

A Vaclav Havel se deben, además, ensayos de gran agudeza sociológica como Cartas a Olga, La reconstrucción moral de la sociedad y El poder de los sin poder. El último es uno de esos libros medulares que sólo pueden ser escritos por quienes han padecido en su propia piel el problema que describe, por lo cual el texto literario cobra vida y llena de luz las experiencias de las multitudes que sufrieron en silencio el fenómeno analizado. La mesura de la prosa, el estilo conciso, los ejemplos empleados y las formulaciones ideológicas de este ensayo contribuyen a la comprensión del desastre que representó la construcción del socialismo en Europa del Este. La praxis del modelo descrito por Havel se hizo extensiva a otras latitudes, donde aún subsiste la dictadura del proletariado.

Hemos localizado un ejemplar de El poder de los sin poder, en La Habana. Corresponde a Ediciones Encuentro, Madrid, 1996. Quiero compartir con el lector las impresiones que me causa esta obra, pues en sus páginas Havel desnuda con precisión el carácter que distingue a nuestro modelo socio-político y las herramientas que le permiten sostenerse.

El autor reflexiona en torno al concepto de "disidencia", su sentido excluyente, la "oposición de los ciudadanos de segunda", su papel en el cambio, el lenguaje como instrumento de poder, el sistema de gobierno totalitario, la actuación de los "sin poder" y la respuesta de la élite burocrática ante estos luchadores pacíficos.

El escritor checo señala que el socialismo difiere de las dictaduras tradicionales, pues no tiene una extensión limitada, sino que es común a un bloque, aunque posee peculiaridades temporales y locales. Se basa en la autenticidad de los movimientos sociales que le dieron origen, lo cual legitimiza su permanencia en el poder mediante un grupo de principios comunes y una red de instrumentos de manipulación que le aseguran una estabilidad extraordinaria. El sistema asume o hereda "la inteligencia de la lucha originaria, pero dispone de una ideología más concisa y mejor estructurada", que adquiere la importancia de una religión secularizada: ofrece al hombre una respuesta rápida ante su incertidumbre y una gran sugestión hipnótica.

Al valorar el peculiar lenguaje comunista, advierte que "es uno de los instrumentos más diabólicos de avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros. Es un lenguaje lleno de señuelos, esquemas ideológicos, flores retóricas y estereotipos idiomáticos; un lenguaje capaz, por una parte, de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad, o a las que no hayan tenido que vivir en ese mundo manipulado, y al mismo tiempo, un lenguaje capaz de despertar en otras personas el miedo y el terror, obligándolas a disimular permanentemente". Y agrega: "La gran ventaja de ese lenguaje es que todo está enlazado en firmes acoplamientos mutuos de un sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo que no encaja en él, calificándolo de subversión ideológica".

Al margen de la caracterización del lenguaje charlatán y seudo heroico -que aún sufrimos en la Isla- hay que agradecerle al ensayista checo otras coordenadas ideológicas que pueden orientar la lucha pacífica contra el sistema totalitario que justifica las persecuciones, denuncias, censuras, elecciones de participación obligatoria; mientras "califica la esclavitud como una forma superior de libertad, al pensamiento independiente una servidumbre al imperialismo, al espíritu de iniciativa personal una depauperación de los otros y a los derechos humanos un invento de la burguesía".

Entre esas coordenadas de gran valor sicológico, Havel demuestra la esencia inhumana de un régimen cuyos dogmas exigen la incondicionalidad del ciudadano al orden político, imponiendo el silencio, la mentira, la purga, la cárcel o el exilio. Cabe preguntarse entonces: ¿Cómo romper las tabulaciones de un sistema cerrado? ¿Cómo vivir en la verdad, sin la doblez ética y la incoherencia moral? ¿Cómo desmentir el discurso de la nomenclatura oficial que denigra el pensamiento liberador? El autor se detiene en el amplio y difícil camino de la liberación personal y de la necesidad de una revolución espiritual para frenar el totalitarismo rampante y emprender la reconstrucción moral, a fin de poner el poder en servicio del hombre y no a la inversa.

En El poder de los sin poder, Havel esclarece el papel dominante que juega la ideología bajo la dictadura de una burocracia política sobre la sociedad igualitaria. La ideología llega a situarse por encima del hombre y hasta del poder al cual sirve. Advierte, asimismo, que el régimen basado en la propiedad estatal puede ser el único gestor de trabajo, invertir en el mismo y manipular a su antojo la propia existencia humana. Con ese propósito retoma el ideal revolucionario y convierte al ciudadano en rehén de una gran patria exclusiva con rango de Dios omnisciente y omnipresente. El castrismo es un ejemplo ilustrativo, pues es una dictadura que finge no serlo: pregona la libertad, la igualdad y otros valores y derechos universales que utiliza y aplasta con habilidad de prestidigitador.

En el ensayo que glosamos, el escritor checo revela otras peculiaridades del socialismo, desde las consignas ideológicas del entorno habitual que conectan al hombre con el poder, hasta el abismo entre los planes del sistema y los planes de la vida: la vida tiende al pluralismo y la organización independiente, pero el sistema exige uniformidad y disciplina; es decir, vuelve sobre sí mismo, pues conservar el poder exige la autocinesis: el mundo de la apariencia se impone como realidad. Tan sugestivas y profundas acotaciones ponen en evidencia la red de mentiras e hipocresías que atraviesan la vida. "Al poder de la burocracia se le llama poder del pueblo; a la clase obrera se la esclaviza en nombre de la clase obrera; la humillación total del hombre se contrabandea como su liberación definitiva; a la arbitrariedad, aplicación del ordenamiento jurídico; a la farsa electoral como la forma más alta de democracia; a la ocupación como ayuda fraterna. El poder es prisionero de sus propias mentiras, y el individuo ha de comportarse como si creyera esas mistificaciones, soportarlas en silencio, vivir en la mentira".

No escapan a la mirada de Havel los rituales del sistema ni la lucha enmascarada por el poder, que se deshumaniza y elige a hombres anónimos y sin voluntad propia, quienes actúan como víctimas y soportes del mismo. Analiza la estructura alienante del socialismo y cómo el alineado apoya automáticamente al sistema. Señala que a pesar de la autocinesis y la autodefensa de "la vida es la mentira", pueden aparecen alternativas al totalitarismo, pues "la vida es la verdad" llega a alcanzar una dimensión existencial, ética, moral y política, poniendo en peligro las maquinaciones de la burocracia política y revelando sus falsedades.

Se detiene al respecto en el caso de su país, pero esboza cómo el desmontaje del esquema totalitario atravesó experiencias similares, pues en las naciones de Europa que sufrieron el sistema socialista se fueron abriendo paso las intenciones reales de la vida. Los opositores ganaron poder desde la fuerza potencial oculta en cada sociedad, incluidas sus estructuras del poder. Tales fuerzas no compitieron por el poder: operaron en la penumbra de la existencia humana, revelaron los problemas ocultos tras las mentiras oficiales y crearon estructuras alternativas que vencieron la apatía y la desesperanza. Estos movimientos se debieron más a la acción de intelectuales que de políticos. Los disidentes ganaron poder sin usar los métodos políticos tradicionales. La lucha por los derechos humanos tuvo otros matices.

Por analogía -para el caso cubano- resultan de gran interés las formulaciones que hace Havel sobre los conceptos de oposición y disidencia, empleados bajo el socialismo como sinónimos de enemigos. "La postura del disidente es la del interés por el otro, por la mayoría social que sufre, por lo que no se hace sentir". Los disidentes -aclara- poseen más valor ético, pero no son una élite, ni una fauna protegida por el gobierno, sino una fuerza que desafía el orden y lo pone en peligro, por lo cual enfrenta la represión. Otras personas colindan con la vida independiente: escritores, periodistas, artistas, científicos y sacerdotes, quienes se caracterizan por un alto grado de emancipación interior.

Para estimular la lectura del libro de Vaclav Havel, sólo añadiremos que esta obra es un verdadero antídoto contra la indefensión a la que ha sido sometido el hombre por un régimen burocrático, que trató de atarlo todo mediante ordenanzas, leyes, eslogan y manipulaciones, llegando al extremo de robarle al ciudadano hasta los sueños y las perspectivas de cambiar su vida. En nuestra Isla, sin embargo, el modelo tocó fondo y renacen desde el pozo de la miseria las estrellas del cambio. Surge "otra cultura" independiente y reprimida, que niega los rituales del sistema y representa un viraje hacia el hombre concreto.

Miguel Iturria Savón - Martes, 02 de Mayo del 2006

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar