Generalidades de la literatura cubana

De remate

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En Cuba, la venta de libros usados se convirtió en un lucrativo negocio con la llegada del período especial. Los más caros resultan las ediciones príncipes y los textos raros. También los que tratan el oscurantismo, los remedios cubanos tradicionales y las Reglas de Ocha de la religión Yoruba, secretos muy bien guardados por siglos que ahora salen a la luz y se comercializan con buena demanda.

Entre los textos políticos, Cien horas con Fidel y Escritos y discursos, de Ernesto Guevara, son los más cotizados por los turistas extranjeros.

F. C., escritor y poeta, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, quien se pasó la vida escribiendo, sin publicar un libro, a pesar de haber participado en todos los concursos literarios y los proyectos promocionales, despertó hace poco al borde del paroxismo.

Sin comida, dinero ni empleo, con dos niñas pequeñas que alimentar y su esposa enferma, recibió la noticia de que la editorial Letras Cubanas no le publicaría el libro donde tenía depositada sus esperanzas de subsistencia.

Cuenta que miró con lástima a su familia, y luego su biblioteca, repleta de excelentes obras, y sin pensarlo dos veces las echó en un saco. Se fue con la pesada carga a la parada del ómnibus, soñando con sacarle plata y librarse de aquella vida miserable.

Llegó al municipio Habana Vieja. El saco y el hambre le doblaban las rodillas; en un timbiriche cambió un par de frituras de bacalao por Quevedo. Intentó cambiar un refresco por Cortázar y un prú oriental por Julio Verne, pero le dijeron que preferían el peso.

En la Plaza de Armas un policía hurgó su impedimenta. Cuando vio que eran libros dejó que se marchara. Continuó peregrinando por las calles. Se había convertido ya en cuestión de vida o muerte vender el saco. Al atardecer, en la intersección de Zanja y Manrique, Centro Habana, descubrió un cartel en la ventana de una casa: “Se compran libros viejos”.

Lo atendió un anciano, que dijo estar saturado y ya no compraba. F. C. colocó el saco en el suelo. Hizo una oferta irrechazable.

-Doscientos libros, a diez centavos: veinte pesos.

-¿Veinte pesos moneda nacional, no cuc? –preguntó el viejo.

Cuenta el escritor y poeta F.C. que jamás ha vuelto a ser feliz desde aquel día. No por la soledad de su biblioteca, que ya no es tal, sino porque la ira, el hambre, el desespero, lo obligaron vender en un remate, al mismo precio, a Shakespeare, a Cervantes, a Padura y Lisandro Otero.

Miércoles, 23 de Septiembre del 2009

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