Generalidades culinarias

Las chucherías en Cuba

En Cuba hay que sentirse como un buen economista para llevar la planificación hogareña, con vistas a no salirse de lo estrictamente necesario, ya que el nivel de vida está sumamente alto; los gustos son lujos y la herida del trancazo tarda meses en cicatrizar.

Las chucherías, esas menudencias que de sólo pensarlas hacen la boca agua, están agrupadas en dos bandos: las libremente convertibles y extremadamente caras, y las otras, las de pesos, que tienen muy baja calidad. Cuando das una mordida a una panetela que parece un masa real o a un pastel que cruje de duro y hueco con una ínfima porción de relleno, vienen a la mente los de verdad, como si se recorrieran las fotos en un álbum antiguo.

¡Aquellos pasteles de la Casa Potin! Grandes, redondos, dorados, en su caja con servilletas decoradas, dulces o salados. Y los dulces de las cafeterías de los hoteles. La del Nacional tenía dentro de su gran variedad, un panqué suave, cubierto de crema de chocolate al que llamaban "El Pello".

Cerca de allí, en la calle 21 entre M y N estaba la dulcería Sussette, que después se llamó Karla (ahora hay un Silvain, cadena de dulcerías dolarizadas con muy pocas ofertas) donde los clientes se sentaban frente al mostrador para escoger los dulces que se llevarían a casa. Karla sufrió una metamorfosis deslumbrante que la convirtió de zapato Amadeo en chancleta de palo. Una panadería donde se vendía antipan a la población.

Y qué decir de los pasteles de hojaldre, de carne o guayaba, y de las torrejas cubiertas con una capa de natilla de la cafetería de la General Motors, en la calle Infanta. Las chucherías eran riquísimas en cualquier sitio de la ciudad. Por eso las "palmeritas" de la panadería La Candeal, en la calle San Lázaro, el helado de mamey o melón de los chinos, o los bombones de licor que vendían en la bodega de la esquina eran una delicia.

Para los que preferían lo salado no había más que caminar hasta el puesto de fritas que se levantaba en la acera de cualquier esquina para comprar mariquitas, majúas fritas, chicharrones de viento y bollitos de carita que le hacían la competencia a las fritas y al pan con minuta.

En estos tiempos de apretarse el cinturón para que alcance más o menos la mesada, las chucherías son tema de sobremesa de mujeres y hombres de la segunda y la tercera edad. Después de haber ingerido un dulce casero bajo en calorías, o un buchito de café sobre lo amarguito para alejar enfermedades como la diabetes, la obesidad y la hipertensión, no hay nada como hablar y recordar las chucherías de antaño.

Jueves, 18 de Mayo del 2006

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