Las romerías

Reliquias que el tiempo dejó

Las tradiciones que ya no existen están en la memoria de los vivos. Tanto que ellos, empeñados por una vindicación a los recuerdos, que marcan el tiempo de los lugareños, tratan de hacer regresar esa tradición que se dejó morir y llaman a recuperar ese festejo de identidad.

Me refiero a las romerías, una tradición cuyo arraigo se hizo sentir mayormente en ciertas regiones del occidente y centro de país, específicamente en las provincias de Pinar del Rió, La Habana y Las Villas, donde inmigrantes de Islas Canarias y el norte de España se asentaron profusamente en el primer cuarto del pasado siglo, para incidir con sus costumbres en el cubano en ciernes.

Famosas en Cuba fueron las romerías en los jardines de las fábricas de cerveza La Tropical y Polar en la capital y, en las asociaciones de canarios y asturianos y sus descendientes en la isla, en la primera mitad del siglo XIX. Constancia de ello son las imágenes en periódicos y revistas de la época, que dan fe de la impronta que mantuvo esa costumbre popular en un sector de la sociedad.

Y si de romerías hablamos, no menos importante parecen ser las que hoy se celebran en la finca San Vicente, del municipio Batabanó al sur de La Habana, auspiciada por el órgano de base de la asociación canaria local en colaboración con el museo municipal.

Durante seis años sus miembros persisten en mantener el rescate de ese hilo cultural que desde 1959 adelante, por falta de visión y torpeza se dejó morir.

El lugar escogido por la tradición no podría ser mejor. San Vicente está ubicada en un paradisíaco y agreste paisaje del municipio, por un camino de tierra oscura. Siembras de berro y malanga pintan de verde esa finca de varios kilómetros que se adentra hacia la costa marítima batabanoense donde abundan el agua y los peces, la sombra y el madero que sirven a las romerías para lograr sus fines.

Bajo la cobija de una ceiba, más de un centenar de personas de diversas edades se reúnen cada año en la confraternidad de sus raíces.

Su día escogido es el Domingo de Resurrección que por no ser laborable facilita una mayor asistencia.

"Antes (de 1959) pescábamos en las zanjas (que corren paralelas al camino principal) las biajacas que íbamos a consumir fritas ese día", comenta Onelio Borgues uno de los promotores. No obstante, el plato predilecto de la romería es el pescado capturado en el mar. Acompañado algunas veces con arroz amarillo, otra de congrís, ensaladas, vino, y los dulces caseros que aportan los participantes no pueden faltar. Algunos cacharros de cocina y suficiente leña del monte son suficientes.

No faltan tampoco los entretenimientos. Niños y mayores pasan el tiempo en la pelota o el dominó, mientras el resto participa en conferencias sobre Canarias. Se expone una muestra fotográfica de las romerías anteriores y se reparten revistas y periódicos de esas islas del Atlántico.

Un cantante entona una décima y una joven artista de la asociación presenta una exposición de dibujos de su autoría relacionados con el paisaje y fauna canarias.

Aportes significativos canario fueron la música, la cocina y en especial la agricultura y su incidencia en el desarrollo del tabaco y azúcar, que constituyen los blasones de la cubanidad.

No pocos canarios participaron en la guerra del 98 contra España. Tal es el caso de Eloi Barrios Días, a quien se recuerda como el ultimo mambí canario que combatió, vivió y murió en Batabanó.

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