Los Reyes Magos no son tan malos

Después de tantos años, y no solamente me refiero a los vividos, la celebración de Los Reyes Magos no alcanza ni la memoria. Pero eso sí, allí está aferrada al recuerdo alguna que otra anécdota que deja traslucir experiencias inacabadas, en el confuso límite entre la niñez y el ocaso no tan lejano.

¿Cuál es el significado de esta celebración? El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que "lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”, Mt. 25, 40. De tal manera que los niños viven la hermosa y delicada fantasía del acontecimiento y a los mayores les toca vivir una práctica que es muestra de amor y fe al Cristo recién nacido.

Movido por una noticia en la prensa es que me siento a escuchar a los recuerdos, mirando con tranquila prestancia la presencia del fuego de la chimenea que crece y produce esa extraña magia de poder y destrucción. Nada hay tan atrayente y pavoroso como la magia de las llamas que consumen.

Así al abrir el Diario me encuentro la información de un hombre en Texas que, agobiado por el comportamiento de sus hijos, decide subastar en Internet los regalos que para ellos había comprado. “No es broma, tres chicos desagradecidos se han pasado. Esta noche nos hemos sentado y les hemos enseñado lo que no tendrán por Navidad este año”, declaró el Padre quien en la puja sacó el triple a los juegos de video que había comprado para sus hijos. Con un clic, el férreo Padre dio al traste con los sueños de sus hijos y de paso zarandeo a los Tres Reyes Magos, Santa Claus y todo su cortejo de personajes y sueños. Aplicó la relación castigo-consecuencia y estas fueron inmediatas, proporcionales y directas, según dicen los educadores. ¡Lo que hay que ver y oír!

No juzgo como cruel lo hecho por el exasperado padre tejano. Disciplinar es bueno, y oportuno. Traigo anécdota y concepto solo ahora, en el agradable ambiente donde me encuentro, acompañado del recuerdo de mi Madre: Ofelia y que todos conocían como, Nieves Negrín. La Revolución había triunfado el 1ro de enero de 1959 y habíamos pasado ese año unas vacaciones como nunca antes. Era la Navidad del 59. Mi hermana y Yo esperábamos un Día de Reyes Magos especial como lo habían sido las vacaciones, pero la escasez y privaciones se habían hecho presentes en la familia. Agregando a esto, nuestro comportamiento de adolescentes indisciplinados, malagradecidos y crueles en el trato para con nuestra Madre que tanto se esforzaba por sacarnos adelante sola. Esta conducta fue por aquellos tiempos, del diario vivir y obrar.

Entonces lo dijo y lo hizo. No le fue difícil porque ya los sueños y la magia del Día de Reyes habían desaparecido para nosotros con eso de la carta, la espera y finalmente el premio merecido. Sentenció dos días antes y así fue: “No hay regalos para el Día de Reyes’, creímos que era una broma pero no fue así; en la madrugada del 6 de enero del 1960 al levantarnos, no había nada.

Las reacciones a aquélla acción de castigo-consecuencia fueron desproporcionadas, lloramos, maldecimos y pensamos todo lo peor de nuestra Madre y no hubo argumento que nos convenciera. Pasaron 3 largos meses y entonces llegaron los Reyes Magos: un brillante reloj de pulsera dorado para mí y una novedosa cámara fotográfica para mi hermana. El Amor superó la desdichada celebración de ese Día de Reyes.

Es que los Reyes Magos que toman forma en nuestros Padres, no son tan malos. Año tras años ellos velan y cuidan de nosotros, nos proveen de su Amor y nos hacen ver que más allá de los sueños están ahí, viéndonos crecer y gozándose en nuestros progresos.

Cuando recorrí el regreso al Hogar al terminar la Universidad sólo le dije a mi Madre: “ya soy Médico’; era una frase suficiente y que contenía todo el significado que traía en sí misma. Fue el mejor regalo que recibió en toda su Vida y me siento orgulloso de ello; devolví con creces el valor y la lección que significo aquel Día de Reyes del año 1960.

Caminó mi Madre por las sendas de la sabiduría, el buen obrar y la sencilla generosidad, esa de todos los días. Alcance a ver apagarse su vida de sorpresa y vi venir, - después de eso-, el espanto y significado de la Muerte.

Hoy me adentro en la memoria, - nada vacía-, cuando el Exilio y la tristeza vienen de la mano y me encuentro angustiado y temeroso, con esa angustia letal de más de medio siglo ya vivido. Ya decaído el corazón como hierba marchita y viendo pasar los días como sombras es que vuelvo a la Vida, - y nutre mi pupila estas líneas-, el recuerdo de la cálida mirada de mi Madre tres meses después de la Epifanía del año 1960, regalando: autoridad, amor, y un sencillo reloj dorado que me acompaño por tantos años.

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