Abre, que ahí viene...

La cabeza no puede ir delante de los pies.
Proverbio yoruba

Difícil encontrar a un cubano que no pueda completar la frase que le da título a estas líneas. Sería imperdonable, algo así como olvidar la hora en que mataron a Lola, el nombre de la criolla que trascendió por sacarle brillo al piso, o desconocer que las distancias en nuestros campos se miden por el “cantío de un gallo”.

Tan sencillas palabras, la vasta riqueza de nuestro refranero popular, son parte también de la memoria, de la identidad de esta nación. Con el abre que ahí viene el Cocoyé han arrollado por las calles de la Isla varias generaciones de cubanos. ¿Quién no ha “echado un pie” a su paso? Tanto ha pegado el viejo estribillo de la Conga de Los Hoyos que en la zona occidental del país la centenaria agrupación, oriunda de la provincia de Santiago de Cuba, se le conoce más por la comparsa de El Cocoyé, o el Cocuyé, como equivocadamente le dicen muchos.

Sin embargo, la Conga de Los Hoyos es mucho más que El Cocoyé —nombre de un cabildo de origen franco-haitiano que se asentó en la zona en la segunda mitad del siglo XIX, del que se sienten herederos—, es la imagen pública de su barrio, considerado por los santiagueros el lugar donde más se han conservado las tradiciones de la ciudad, a pesar de que nunca fuera reconocido como barrio, ni antes del triunfo revolucionario, ni luego con la nueva división político-administrativa del país.

El barrio de Los Hoyos —uno de los históricamente más marginados por ser asentamiento de grandes grupos de negros y mestizos— creció sin delimitación geográfica exacta y ocupa un territorio enmarcado por la tradición oral. No obstante, la sociedad lo acepta como tal desde hace más de un siglo.

No se puede hablar de la Conga de Los Hoyos sin referirse a ese barrio, principal consejero y jurado más intransigente a la hora de valorar la preparación del grupo para el inevitable enfrentamiento con sus rivales —las congas de San Pedrito, San Agustín, Paso Franco, El Guayabito y Alto Pino— en el carnaval santiaguero, el incentivo mayor para las comparsas, porque les llaman así cuando a los músicos se unen el cuerpo de baile, los caperos, los pendoneros y los faroleros.

Pero, además, el barrio de Los Hoyos es la fuente inagotable de buenos tocadores, bailadores, músicos todos de altos quilates… reserva incuestionable de tradiciones en las que desde hace más de cien años se sumerge la agrupación.

El llamado de la sangre

“Aquí se nace con la música, se lleva en la sangre”, nos asegura convincente Félix Bandera, quien de sus 54 años lleva 45 en la agrupación, de ellos 30 en los que ha sido coreógrafo, jefe de percusión y actualmente es su director. “Imagínate, comencé con nueve años. Es decir, que toda mi vida ha sido aquí.”

Y sigue: “Tengo una nieta de un año y medio que toca cuando le pongo delante un tambor. Cuando mi hija suena las manos en la pared, la chiquitica arrolla. En el barrio de Los Hoyos los niños, desde que nacen, ya saben tocar el tambor. Tengo hijos, sobrinos, primos que tocan aquí, son buenos percusionistas. Esta es la única conga que no ha tenido que buscar músicos en otros barrios. Aquí todo el que toca es de Los Hoyos. Y me enorgullece, porque veo que la tradición se mantiene”.

Conversamos en la sede, ubicada en el número 320 de la calle Martí, entre Moncada y San Rafael. En las paredes, diplomas, reconocimientos, fotos… recuerdos de familiares y amigos que ya no están, como Gladys Linares, única mujer campanera que ha tenido la agrupación, la primera que fue acompañada al ritmo de los tambores hasta el cementerio. Hay también una vela encendida en el altar de Elegguá, el santo que abre los caminos de estos hombres y mujeres que desde hace mucho tiempo cuidan su música, hábitos y costumbres que heredaron de sus ancestros robados hace cientos de años al continente africano por el colonialista europeo.

Advierte Bandera que la Conga existe desde las guerras por la independencia. “El general Guillermón Moncada fue uno de los batuteros de esta conga, pero se ha establecido como fecha de fundación el año 1902.”

Afuera, un cartel anuncia que estamos en el Foco Cultural Conga de Los Hoyos, lugar en el que además de los ensayos de la agrupación se promueven actividades para la comunidad y donde frecuentemente entran y salen miembros de la Conga (la integran 32 personas) y amigos del barrio que se movilizan a la velocidad del mejor regimiento de soldados, con la única diferencia de que para llamarlos basta con hacer sonar los tambores.

“Ya lo verás mañana”, comenta Bandera, luego de explicarnos que al otro día harían una breve presentación para un grupo de visitantes norteamericanos interesados en conocer la cultura santiaguera. “Si se lo decimos a la gente del barrio, se llena esto que no da más; de todas formas, cuando comiencen a escuchar la música, los vecinos se avisan unos a otros.”

Al carnaval de Oriente me voy

Los investigadores de la cultura popular tradicional afirman que la Conga de Los Hoyos es el espíritu del carnaval santiaguero, algo que va más allá de la gran cantidad de premios obtenidos en las competiciones de cada año. Está relacionado con el hecho de que en la agrupación se sintetizan rasgos de la personalidad cultural de esta ciudad. “Aquí, cuando se desfila, la Conga de Los Hoyos tiene que ser la última. Porque si lo hace de primera se lleva a toda la gente”, cuenta orgulloso Rey Salazar Caballero, subdirector y campanero.

Bandera vuelve a la carga: “una vez se acercaban los carnavales y nos íbamos de viaje a España. Estábamos en La Habana resolviendo porque había problemas con las visas. Y no sé que lío se armó que tuvimos que regresar corriendo para Santiago, porque decía el gobierno que sin Los Hoyos no había carnavales”.

Y es que la vida en el barrio de Los Hoyos tiene que ver mucho con el carnaval. Cuando estos se acercan ya se respira un ambiente de alegría que tiene que ver mucho con los ensayos, con la preparación de la comparsa, el vestuario… proceso en el que participa “hasta el gato”. No hay apáticos, porque la Conga es la bandera, el orgullo de esta gente. Cierto que cuando finalizan las festividades algunos se alejan, las visitas al Foco se hacen menos frecuentes, pero reaparecen cuando su presencia es necesaria: otra vez hay que prepararse para ganar en el próximo carnaval.

Los marcianos sí bailan

Al otro día llegamos a la sede de la agrupación una hora antes de lo acordado. Más allá de las reales expectativas, queríamos ver cómo se tejería aquella urdimbre de músicos, la mayoría jóvenes de formación autodidacta, que se habían ganado su puesto en las tamboras, fondos (quinto, requinto) y la corneta china a fuerza de mucho empeño y práctica para demostrarles a los mayores —en muchas ocasiones sus propios padres— que ya estaban aptos para recibir de sus manos el instrumento. No hubo exámenes. Porque tampoco sus padres los tuvieron. Pero no dude de la excelente calidad de estos músicos.

En el espacioso local nos reunimos todos, incluidos los visitantes. Esperaba que en cualquier momento se armara una buena rumba, de esas que obligan a moverse hasta a un marciano. Estaba deseoso de ver la reacción de los norteamericanos. Y una sorpresa: en el sonido de los tambores descifré la mítica Comparsa, de Ernesto Lecuona. Luego vinieron El Manisero, Siboney, Lágrimas negras, obras de Simons, Chepin, Matamoros… un repertorio de clásicos de la mejor música cubana.

Tambores y campanas inundaban el recuerdo de una música usualmente tocada con violines, pianos, instrumentos de viento, desafiados ahora por el contagioso sabor del cuero. Voces negras de pueblo que se fundían alrededor de la buena melodía.

Y como era de esperar: aunque no se avisó del espectáculo, poco a poco las caras de Los Hoyos fueron poblando los cristales de las ventanas de la casona donde desde hace muchos años habita la más famosa conga santiaguera.

Estábamos maravillados con lo novedoso de aquellas interpretaciones. Pero sin dudas el clima de éxtasis comenzó a invadir el recinto cuando el sonido de la corneta china —inevitablemente fundido al compás del requinto, como unidos están hijos de africanos, asiáticos y europeos en esta Isla— anunció que ahora sí escucharíamos el mágico sonido de la Conga de Los Hoyos.

“El toque de nosotros es único —dice orgulloso Salazar—. Es un ritmo que no lo tienen las demás congas. Si usted está parado ahí y siente la Conga, los pies se le van aunque quiera evitarlo.” Bandera agrega: “Tenemos los ritmos pilón, masón y columbia, que son muy sabrosos. Y está nuestro sello que dice así: uno, dos, tres, cuatro, abre que ahí viene el Cocoyé”.

Sí, porque resulta inevitable referirse a los pegajosos estribillos de la Conga. Ellos son la crónica del barrio, recrean la opinión, el sentimiento popular sobre los más disímiles temas de actualidad.

Confiesa Bandera que “lo mismo te hablan de lo que falta a la bodega, de las necesidades diarias, sobre los baches en las calles que de política… ahora, por ejemplo, hay estribillos que piden la liberación de los Cinco Héroes, pero cuando estábamos luchando por el regreso del niño Elián eran dedicados a eso.

“Durante la lucha en la Sierra Maestra había uno que decía Choncholí se va pal monte, cógelo que se te va. Choncholí eran los rebeldes. Lo cantaban con todos los soldados de Batista rodeando la conga. Pero quién se iba a meter con ese pueblo.”

Echar un pie

En aquella espaciosa sala era obligatorio bailar. Hasta el más viejo soltó su muleta. El golpe de gracia llegó cuando la Conga salió a arroyar. Ahí estaba Ramón Camacho, con sus 90 años, sonando el cuero de su tambor, mezclando sabiduría y ganas de vivir con la energía de los 17 años de Lázaro. La calle Martí se fue inundado de gente. Nadie preguntaba qué estaba pasando. No era necesario. Poco a poco se iban uniendo, solo había que moverse.

Famosas son por acá las invasiones que realiza la Conga de Los Hoyos, un recorrido que hacen caminando y tocando por toda la ciudad para visitar las sedes de las cinco congas rivales. Según Bandera, a las invasiones se le unen gente que viaja a Santiago desde Guantánamo, Camagüey, La Habana.

“Claro que ya no se hace como antes. Entonces el cuero de los tambores estaba sujeto por tachuelas. Los vendedores de periódicos se ponían contentos porque ese día le compraban más que nunca. La gente se lo echaba en los bolsillos y cuando la conga caminaba unas cuentas cuadras, paraba, y se prendía una fogata en la calle para afinar el instrumento dándole calor.”

—¿Y qué hay con las historias de violencia que rodean a estas festividades?

—Eso era antes. Nuestro gobierno se ha reunido con los directores de comparsas, se ha organizado bien el carnaval y eso se ha frenado mucho. Ha aumentado la cultura social. Antes la gente se fajaba, se sacaban machetes... La policía cuida la disciplina. Ahora nuestra conga visita a las demás y nos reciben amistosamente.

“La conga hizo una invasión con más de 20 mil personas, casi un estadio de pelota, y se dieron muy pocos problemas. Por algo estamos en el lugar que estamos y nos dieron el Premio Nacional de Cultura Comunitaria: la conga de Cuba es esta.”

“En noviembre pasado tuvimos el honor de participar en el carnaval de La Habana —señala Bandera—. Impactamos. Lo malo es que la gente no puede arroyar. A mí me daba pena, porque se veía que estaban locos por arroyar. Ahí había habaneros, santiagueros, matanceros, gente de todos lados. Nos seguían bailando por la acera del Malecón. Y eso para nosotros es lo más importante. Porque cuando ves que arrastras gente es porque el ritmo tuyo gusta, es bueno.”

Cuenta Salazar que “se nos han unido mujeres que han estado lavando o cocinando y lo mismo han salido en bata de casa que con los rolos puestos a echar un pie. Primero que van a arroyar una cuadra. Y así mismo siguen dos, tres…”

La gente de “la tierra caliente” es muy exigente: asegura que cuando la Conga de Los Hoyos pasa por delante del hospital, si los enfermos no se levantan o se mueven es porque se están muriendo. Como diría un entrañable amigo santiaguero: “Es que esa música sabe a Caribe, huele a café, tabaco y ron. El que no se mueva al compás de ella es porque no tiene sangre en las venas, compay”.

MARIO JORGE MUÑOZ LOZANO -Acreedora en 2003 del Premio Nacional de Cultura Comunitaria, la Conga de Los Hoyos sintetiza la riqueza cultural del carnaval santiaguero

Fuente: Revista Bohemia - Martes, 14 de Febrero del 2006

0
0
0
s2sdefault

Escribir un comentario

NOTA IMPORTANTE SOBRE EL USO DE LOS COMENTARIOS:
Por favor, recuerde que los comentarios son comentarios no un consultorio, es decir, si usted tiene algún tipo de consulta que realizar, hágalo en nuestros foros, (http://www.conexioncubana.net/foro) allí siempre hay personas dispuestas a ayudar.
Gracias.


Código de seguridad
Refescar