Opinando sobre Cuba

Nos gustaría que ustedes entendiesen la finalidad de esta sección. Aquí no se trata de que uno tenga la razón absoluta de las cosas y el otro esté completamente equivocado, se trata de que cada cual exprese libremente su opinión.

Esto es lo que diferencia claramente a Conexión Cubana del resto de páginas sobre Cuba, que aquí todos tienen derecho a decir lo que quieran dentro de unas reglas básicas de comportamiento que por ser tan evidentes no vamos a nombrar.

Pensamos que una página web que solo recoge un único pensamiento al final solo es un aburrimiento, porque sin discrepancia no existe el debate.

No nos acusen de partidismos porque a más de uno le hemos demostrado que aquí se publican todo tipo de opiniones. De lo que no somos responsables es que unos escriban más que otros, eso no depende de nosotros.

Ustedes pueden enviar sus opiniones desde el apartado "Envíar artículo" y tenga en cuenta que al igual que a usted se le publicarán sus artículos sin censura alguna, tampoco habrá censura en los comentarios.

La carroza fúnebre se paró de golpe

El coche empujado del difunto Fidel Castro

Cinco jóvenes uniformados impulsaron el remolque que llevaba las cenizas del último revolucionario

El incidente fue silenciado por medios de la isla

La pintoresca carroza fúnebre se apagó de golpe a media mañana, camino del camposanto. Pero a ninguno de los presentes les extrañó. Durante unos segundos el viejo jeep ruso tuvo que ser empujado por los cinco "jóvenes oficiales revolucionarios" que a pie escoltaban las cenizas del líder, que viajaban dentro de una urna de cedro, recubierta con la bandera de Cuba. A nadie del público, presente en todo el recorrido coreando "¡Yo soy Fidel!", le sorprendió.

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La servidumbre de los sabios

A través de los tiempos numerosos intelectuales han padecido de una fatal afinidad con los déspotas.

Los eruditos, supuestamente más cultos, sensibles e ilustrados que el resto de los mortales, que supuestamente disfrutan de un mayor discernimiento sobre el hacer y pensar humano son proclives, en muchos casos, a ser magnetizados y seducidos por los autócrata, y cuando sucede sólo tienen ojos y oídos para quien ejecuta la fuerza y no para quien libera y cultiva el pensamiento en oposición al despotismo.

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Lo que está por venir

En una tertulia celebrada la semana pasada en la universidad conversábamos sobre la posverdad, palabreja de moda, y sobre cómo los bulos tenían una gran capacidad de viralizarse en redes sociales, con frecuencia con mayor alcance que las noticias reales.

Uno de los ejemplos que salió a relucir era el de la muerte de Fidel Castro, patraña que cada cierto tiempo se asomaba por el ciberespacio y circulaba pródigamente. Para que un bulo tenga éxito tiene que ser pertinente y verosímil, y resulta claro que cada vez iba a ser más verosímil la muerte del anciano líder. Las redes sociales habían matado a Fidel tantas veces como el propio Fidel solía decir que la CIA había intentado matarle a él, más de 600 según sus cuentas. Por eso era difícil de creérselo a la primera… pero era cierto: en plena era de las fakenews y la posverdad, Fidel había muerto. Y murió en su cama, como los caudillos eternos.

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Fidel no ha muerto, está crionizado

Me van a disculpar ustedes que les facilite una información que me llega desde Cuba sobre un tema tan serio y que afecta al menos a doce millones de cubanos (tres millones de ellos en el exilio). Concierne, además, a un sinnúmero de peregrinos internacionales genuflexos que, en estos días, van a rendir homenaje a un bote con cenizas que, supuestamente, contienen los restos mortales del tirano de Cuba, Fidel Castro. Me limito a trasladarles lo que me escriben.

Informadores fiables de La Habana, a quienes conozco desde 1992, gracias a los buenos oficios de Gustavo Arcos Bergnés y del poeta Raúl Rivero, me envían por emails no localizables, la versión que circula por amplios círculos gubernamentales cubanos, próximos al nieto guardaespaldas de Raúl Castro (Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como el Cangrejo) y en algunos ámbitos muy secretos de la facción reformista interna del régimen (Carlos Lage y otros).

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El ‘tsunami’ Fidel Castro

De lo que caben pocas dudas es de que Cuba no era país para periodistas

Todo gobernante latinoamericano que tocara un día Fidel, aunque fuera episódicamente, nos lo tiene que explicar con pelos y señales para que se le contagie algo del gran taumaturgo cubano, muerto esta semana a los 90 años. Tenemos, sea cual fuere el punto de vista del autor, detractor o entregado, resistir el chaparrón de artículos que van a alegrarnos la vista durante varios años. El que no hubiera hablado nunca con Fidel no era nadie.

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Morir con el enemigo en casa

Fidel Castro se distanció tanto como pudo del repudiado "imperio". Pero al momento de su muerte había un crucero, aviones comerciales, un hotel, oleadas de visitantes y hasta una bandera oficial de Estados Unidos ondeaba en la isla.

Castro falleció en un momento de histórica aproximación entre los viejos enemigos de la Guerra Fría. Una paradoja en la larga vida de un hombre que convirtió a Estados Unidos en su obsesión.

En 1958, en plena campaña guerrillera, el exmandatario prometió en una carta a Celia Sánchez, su mano derecha, que le haría "pagar bien caro a los americanos" su apoyo al dictador Fulgencio Bastista, a quien derrocó menos de un año después.

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El proyecto imperial de Fidel Castro

Hay que reconocer que Fidel Castro fue uno de los pioneros de la globalización, porque independiente a su condición de decano de los dictadores, fue el único que no se conformó con imponer a sangre y fuego su voluntad en Cuba, sino que intentó exportar el fundamentalismo del poder que le animó.

El expansionismo castrista era consecuencia de la visión mesiánica que Fidel tenía de sí mismo, también, porque compartía la visión de León Trostky y de Vladimir Lenin que para que una revolución socialista pudiera sobrevivir tenía que ser global y permanente, de ahí, su manía de llamarle revolución a un proceso anquilosado y negado a la lógica de los cambios por necesarios que estos sean.

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El bloqueo interno

Por estos días la propaganda castrista publica cifras astronómicas relacionadas con los costos que el embargo norteamericano —el bloqueo, según su vocabulario— le habría ocasionado a la economía cubana. A lo anterior se agrega que la isla es “víctima” de programas injerencistas financiados por el vecino del norte.

En ese contexto, el periódico oficialista Juventud Rebelde, en su edición del 25 de octubre, publica el artículo “Cerco que congestiona las líneas”, que trata acerca de las supuestas afectaciones que el embargo ha ocasionado al sector de las comunicaciones.

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Devastación cubana

Los únicos que rinden homenaje consciente al dictador son aquellos que, en última instancia, comparten tan inhumano modelo económico y social.

Ha muerto Fidel Castro, uno de los tiranos más longevos del siglo XX. La historia no debería absolverlo a pesar de que muchos estén rindiéndole servil homenaje a su caudillo y tratando de lavar su deplorable imagen. Uno de los argumentos más manidos para intentar justificar su represiva y sanguinaria dictadura —más de 7.000 muertos y 1,5 millones de exiliados a sus espaldas— es que, al menos, Cuba ha experimentado un importante desarrollo socioeconómico bajo su mandato: esclavos pero más desarrollados que otros países de su entorno.

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Miedo en Cuba

Vi este titular en la portada de El País:

Cuba se resiste a la apertura económica por miedo al mercado.

¿Todo un país contra la libertad? Esto no ha sucedido en la historia, que más bien sugiere lo contrario: los pueblos no suelen amar la servidumbre. Debía tratarse, en suma, de un error.

Ya en el suplemento Negocios se aclaraba que no era Cuba la que rechazaba, temerosa, el mercado. El titular decía:

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