Opinando sobre Cuba

Los privilegios de Iberostar en Cuba

La hotelera española fue la primera empresa extranjera en obtener del gobierno un permiso de exportación e importación

La noticia de que la española Iberostar es la primera empresa extranjera en obtener un permiso de exportación e importación del gobierno cubano solo pudiera ser una gran exclusiva para quienes no conocen los embrollos de la economía cubana.

Aparentemente, hasta hace solo unos meses, ningún inversionista extranjero en la isla podía importar y exportar de manera autónoma. Pero no debemos dejarnos engañar, la obligación de acudir a un intermediario estatal, luego de sortear un engorroso entramado burocrático no exento de corrupción y de tretas políticas, aún continúa en pie.

Téngase en cuenta que el anuncio de lo que para algunos es una muestra de flexibilización no llegó junto con un listado de empresas que acompañen a Iberostar en su buena suerte, de modo que la medida es un privilegio excepcional que quizás se pudiera extender a otros empresarios, según vayan superando la criba de confianza.

Iberostar, durante décadas, parece haber prestado grandes servicios al gobierno cubano para ser la primera de tantas que, pudiera decirse, “se le ha permitido salir del armario” y dejar de usar la máscara que siempre debió llevar, al igual que otras empresas extranjeras radicadas en Cuba, para el trasiego y hasta el contrabando de mercancías. Off shore incluidas, probablemente.

Pero es difícil no preguntarse una y otra vez, ¿por qué Iberostar ha sido la primera?

El gobierno cubano esgrime sus argumentos sobre la base de una lealtad sostenida y, de paso, sobre los datos de estabilidad y crecimiento de la empresa española que se muestran en diversos registros internacionales, sin embargo, disimulará el histórico y hasta maquiavélico entramado de relaciones entre la familia Fluxá, dueña de Iberostar, con algunos de los Castro.

Una extensa y hasta novelesca telaraña que no solo se limita a la aventura de Iberostar en el territorio insular sino que se ha extendido a la Europa peninsular, involucrando a empresarios españoles e italianos. De estos últimos el que más se suele recordar es a Alessandro Cristoforetti, gran amigo de Antonio Castro y miembro de una familia alguna vez vinculada al crimen organizado. Su padre encontró la muerte a manos de mafiosos italianos.

Este es el Sandro (como le llaman los más allegados) al que, involucrado con los Fluxá y dueño de varias propiedades en las Islas Baleares relacionadas con el golf y la hotelería de lujo, Fidel Castro no solo le permitiera traer a Cuba y regalar a Tony un ostentoso auto Hummer (alto consumidor de combustible y, hasta pudiera decirse, que emblema del “ejército enemigo”), sino que, durante los años 90 y hasta bien entrado los 2000, recibiera el privilegio exclusivo de importar cigarrillos de marca y la cerveza Heineken a Cuba, sorteando la burocracia del Ministerio de Comercio Exterior.

A su vez, Sandro podía sacar de la isla todo el tabaco y el ron que quisiera para alimentar sus varias off shore tanto en Panamá como en Islas Baleares, también en Asia, todas muy fáciles de rastrear en internet.

Las mercaderías de lujo de Cristoforetti entraban a y salían de Cuba en contenedores, ligadas con otras importaciones y exportaciones tradicionales pero, a diferencia de estas y por intervención de Tony Castro, no necesitaban demasiados trámites para alcanzar el destino final.

A cambio, el italiano no solo contagiaría o alimentaría al pequeño Castro con su fanatismo por el golf y las carreras de autos, sino que le regalaría largas estancias en sus hoteles en Mallorca y paseos en yate por el Mediterráneo junto a miembros de familiares de esas dos castas rivales, dueñas de Iberostar y de Globalia, también establecidas en la isla caribeña y ambas, en gran medida por influencia de Cristoforetti, con carta blanca en el actual megaproyecto de campos de golf de los Castro.

Sin embargo, la preferida del gobierno cubano siempre ha sido Iberostar por ser la más leal, no a la nación socialista, sino a la familia real cubana.

Globalia ha apostado por Cuba pero no lo suficiente como para correr la misma suerte que su competencia, de modo que, hace ya algunos años, los Castros influyeron en la decisión de Cristoforetti de vender el hotel Son Antem de Llucmajor, en Mallorca, a Iberostar y no a Globalia, una pugna que ocupó los titulares de la prensa española en su momento.

El actual Iberostar Son Antem, propiedad de Sandro, administrado anteriormente por la cadena norteamericana Marriot Internacional y con un excelente campo de golf de 18 hoyos, ha sido escenario en varias ocasiones de campeonatos donde ha participado Tony Castro. Cosas de la vida.

La novela de “amor” entre Iberostar y el gobierno cubano es mucho más extensa y con centenares de tramas y subtramas donde abunda el horror y el misterio. Pero este es solo un capítulo piloto de un enorme culebrón donde nada es lo que parece ser.

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