Opinando sobre Cuba

Las cárceles cubanas son centros de terror

Egberto Escobedo: "Las cárceles cubanas son centros de terror"

Egberto Escobedo, que cumplió cárcel por su activismo político, asegura que la divisiones en la cúpula gobernante ofrecen un escenario propicio para la resistencia interna

A Egberto Ángel Escobedo Morales, que cumplió cárcel en Cuba por oponerse al régimen, la noticia de la muerte de Fidel Castro le llegó mientras estaba de visita en Miami, a donde viajó a reencontrarse con su familia tras ser liberado.

Para Escobedo, el deceso del exgobernante significa “el fin del símbolo de la división y de la ruina de la nación”.

Considera a Castro “el peor hijo de Cuba” y asegura que con su muerte finaliza una etapa, “incluso, [para los cubanos] fuera de la isla”.

En entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, antes de su regreso a la isla, advirtió que con Raúl Castro al frente del Gobierno, “queda otro tirano y el sistema dictatorial”.

Escobedo asegura que el fallecimiento del dictador cubano “es el principio del fin” y vaticinó que “el cambio es inevitable”.

“Sólo hay que acelerarlo y realizarlo bajo controles verdaderamente democráticos para que sea una transición positiva”, dijo.

Durante el presidio, su cuerpo sufrió serias lesiones. Asegura que alcanzó a ser testigo de las más crueles torturas y que corrió peligro de ser asesinado por otros condenados, a quienes les ofrecieron la libertad a cambio de eliminarlo.

Para poder salir de la isla cumplió en total 21 años de sanción y a finales de 2016, gracias a la ayuda de organizaciones del exilio recibió atención médica especializada en EEUU. Tuvo la oportunidad de que asilarse, pero regresó para continuar su lucha pacífica contra la dictadura.

Apenas aterrizó en La Habana, la policía política lo apresó, interrogó y amenazó, para amedrentarlo.

“Regresé para seguir en pié de lucha, pues no podemos tener otra actitud, si de verdad queremos un país libre”, aseguró.

¿Por qué no aceptó quedarse en el exilio?

Varios de mis familiares no querían que regresara. Me decían que ya había hecho suficiente. Me escondieron el pasaporte, y hay quien me amenazó con desatenderme con tal de que no regresara. Otros trataron de comprarme con carros, casas y otras cosas. Pero en estos momentos nada puede superar el sentido del deber que tengo ante Dios y la patria. Hay quien tuvo que salir de Cuba, pero sigue trabajando desde fuera por su país, apoyándonos. Lástima que algunos se han cansado y otros siguen luchando por ambiciones personales y caudillismo. Regresé porque soy consciente de la necesidad de luchar en mi tierra. Conozco bien los riesgos, pero tengo fe y confianza en el triunfo y en la necesidad de cambios reales.

¿Cómo valora la experiencia de haber viajado a EEUU?

Pude respirar aires de libertad y disfrutar la democracia, la tolerancia más plena, con orden y respeto, como debe ser. Me reuní con la historia real y viva en la capital del exilio cubano, comprobé muchas ideas y enriquecí otras, coordiné acciones con organizaciones que trabajan para democratizar mi país. Disfruté de mi familia, entre ellos un hermano que no veía desde hacía 21 años, vi a mi hija, mi madre y a otro hermano, a mis primos y tíos con un inmenso cariño. Una parte de mi familia vive en Miami y fue muy emotivo abrazarles. Tuve que dividirme entre la familia, las actividades como activista y además atenderme la salud, porque la prisión me hizo más daño en el cuerpo que en el espíritu. Fui operado de la próstata y la verdad casi no pude hacer reposo, pues el tiempo vuela en Miami.

¿Qué trato reciben los presos de consciencia en las cárceles cubanas?

Las cárceles cubanas son centros de terror y tortura para los presos políticos, incluso para los presos comunes, aunque muchos de ellos se acostumbran a vivir en esos lugares, bajo la presión de los guardias y los delincuentes. Fui golpeado varias veces y vi cómo golpeaban a muchos presos sin misericordia. Vi como torturaron antes de fusilar a los condenados a muerte, vi realizarle simulacros de fusilamiento a Humberto Real Suárez en varias ocasiones, vi como los guardias vendían ron y drogas a los presos y los hacían encontrarse con enemigos para que se mataran.

¿Alguna vez atentaron directamente contra su vida?

Lo hicieron en dos ocasiones. Al preso Rafael Cruzata Borcelá le pidieron que me eliminara a cambio de su libertad. Él llevaba cerca de 20 años en prisión y le faltaban otros 20 por cumplir, por tener tres muertos en prisión, pero se negó a hacerlo, por dos razones, por la amistad que existía entre nosotros y porque él sabía que si lo hacía sería fusilado. Borcelá sigue preso en el Combinado del Este. También en la cárcel Kilo 7, de Camagüey, el teniente coronel Lázaro David Roca le ofreció la libertad, a un preso llamado Yoan, a cambio de mi muerte. Estuve dos años aislado en una celda de castigo sin poder recibir visitas por negarme a vestir el uniforme de preso. La historia es larga y terrible. Algún día pienso escribirla. Y lo peor, te confieso, ya no es lo que yo pasé, sino que esas cosas siguen pasando, ahora mismo están sucediendo en las cárceles cubanas. Y por supuesto contra eso también lucho.

¿Cómo ve el entendimiento de la realidad cubana en el mundo?

La extrema izquierda internacional ha logrado unir las fuerzas más radicales y extremistas contra el mundo democrático, y si a ello se une que las fuerzas democráticas se sienten menos eficientes, es una situación muy grave que atenta contra la liberación de los pueblos e incluso contra los países libres. La dictadura cubana es muy astuta y peligrosa, lidera estas maniobras junto a China, Rusia, Corea del Norte e Irán, que han ganado mucho terreno y confundido hasta al Papa. En lo interno le llamamos la “tregua fecunda”, trabajamos, nos unimos y nos reorganizamos sobre la marcha.

¿Qué vio a su alrededor tras la noticia de la muerte de Castro?

Cuando me enteré, faltaba una hora para que llegaran las 12 de la noche del 26 de noviembre y celebrar mis 50 años. Estaba con mi familia, hubo un alboroto espontáneo. Al momento salimos rápidamente hacia el Versailles y cuando pasamos frente a La Carreta de la 40, ya había un pueblo manifestando su alegría, la gran mayoría jóvenes, familiares de mártires y víctimas de Fidel Castro. En Miami sentí cómo festejábamos no la muerte de un ser humano sino el final de un diablo, la imagen del mal en la máxima expresión. Festejé doble mi cumpleaños. Fue un regalo de Dios que todo eso coincidiera durante mi visita a Miami.

¿Muerto Fidel Castro, piensa que hay oportunidades para democratizar Cuba?

Nuevas circunstancias significan nuevas oportunidades. Hay muchas divisiones en la cúpula de Gobierno, entre fidelistas y raulistas, también en el pueblo, y hay supuestos revolucionarios y muchos disidentes que ya se manifiestan libremente, aunque no se involucran directamente con la lucha por el cambio. Pero todo esto inevitablemente va a fortalecer la oposición. Tenemos que ser muy cautos y a la vez arriesgados para acelerar la lucha y no desaprovechar las señales del tiempo.

¿Cómo vislumbra el proceso de cambio?

El cambio que los miembros del Foro por los Derechos y Libertades estamos impulsando, se basa en la presión popular, el levantamiento del pueblo en las calles para protestar contra las violaciones de los derechos humanos. También estamos observando las divisiones internas de la dictadura con las reformas para sostener el poder. A la par nos estamos preparando para asumir responsabilidades pues no podemos esperar al 2018 para ver si nos dejan una migajita de derechos. Hay que presionar en las calles para que se realicen cambios irreversibles. O se quitan los dictadores o los quitamos, con divisiones o no, pero tenemos que derrocarlos.

¿Qué hace el Foro por los Derechos y Libertades para lograr un cambio real?

La solidaridad internacional con nuestra causa es también muy importante. El Foro reúne a los más fuertes y decididos activistas y grupos. Sin dejar de coordinar y trabajar con otras iniciativas. Nuestras ideas y las verdades de la realidad cubana que no publican los medios, las estamos repartiendo en volantes y discos en municipios bien escogidos. Es un trabajo arduo, arriesgado, constante, pero es lo que Cuba necesita para de verdad cambiar.

¿Está de acuerdo con la permanencia de Ley de Ajuste Cubano?

Mientras que exista una dictadura en Cuba, la Ley de Ajuste Cubano será siempre una ley justa, pero necesita reformarse. Penosamente hay muchos cubanos oportunistas que se aprovechan de esa ley en detrimento del pueblo, regresando a la isla a especular con la miseria popular. Se dicen emigrantes económicos pero al llegar a EEUU piden asilo político. Y no les interesa hacer absolutamente nada por cambiar y mejorar su patria, sólo usar esa ley en un inmoral beneficio personal. Los cubanos escapan del país buscando libertad y oportunidades, o sea democracia, pues no existe seguridad económica si no hay seguridad social y política, tolerancia. Creo que [quienes piden] ser refugiados deben ser bien analizados. Los activistas políticos y cívicos dentro de la isla debemos contar con visados especiales, nada de visas de turismo a EEUU ni a la inversa, hasta que seamos libres y democráticos, pues no sólo de pan vive el ser humano y hay que terminar de una vez con el totalitarismo.

¿En qué trabaja después de su regreso a Cuba?

He continuado con lo que ya veníamos haciendo, que es lo que llamamos La Tregua Fecunda, un camino en el cual confiamos para el triunfo definitivo. Al tiempo nos juntamos y reorganizamos sobre la marcha, bajo nuevas presiones y persecuciones pero con nuevas potencialidades y oportunidades. También voy a rehacer el Partido Ortodoxo, luego de ser nombrado secretario General en Cuba, bajo la presidencia del ilustre Luis Conte Agüero, que sigue trabajando desde el exilio con 92 años. El Partido Ortodoxo es miembro del Foro por los Derechos y Libertades y de la resistencia dentro de Cuba. El cambio hay que acelerarlo y estar bien atentos para que exista justicia, no venganza.

Por Luis Leonel León

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