Opinando sobre Cuba

La Habana entre bambalinas

Escrito por Fernando García. Imprimir

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La Habana es escenario de actos sonados, pero tanto o más interesante es lo que ocurre fuera de los focos

Un coro local se mosquea porque a última hora le borran del concierto de los Rolling. La lencería desaparece de las habitaciones donde se aloja el equipo de rodaje de House of lies . Los vecinos del centro de La Habana protestan por su exclusión del desfile de Chanel. Las hermanas Kardashian sonríen a las cámaras, pero no puede soportar ciertas privaciones de la isla. El deshielo con Estados Unidos ha traído consigo la transformación de la capital cubana en escenario, plató y pasarela de alta costura. Artistas y personajes de toda índole, desde los más prestigiosos hasta los más horteras del planeta, han elegido La Habana para sus últimas actuaciones. El concierto de los Rolling Stones y el desfile de Chanel han competido en los titulares con los paseos de Paris Hilton o las Kardashian, así como con los rodajes de Fast and furious 8 o Transformers 5. Los ecos de lo uno y lo otro han llegado al ­mundo entero. Menos resonancia ha tenido lo sucedido entre bambalinas pese a resultar a ­veces tanto o más interesante que la acción ­bajo los focos, y en todo caso más ilustrativo de las peculiaridades de este país singular. El concierto que los Rolling Stones dieron gratis el 25 de marzo en la Ciudad Deportiva de La Habana fue todo esplendor y emoción. Pero antes y después hubo lío, aunque fuera subterráneo. Antes, por el berrinche que miembros de la coral Schola Cantorum Coralina –elegidos para el estribillo de You can’t always get what you want– se cogieron cuando la oficialidad decidió sustituirles a última hora por el Coro Entrevoces. Días antes, una de las cantantes inicialmente convocadas, Camila López, famosa por haber actuado meses atrás en la misa allí oficiada por el papa Francisco, había declarado: “Todos los años de prohibición de grupos como The Rolling Stones marcaron a varias generaciones cubanas”. Una afirmación que al parecer no gustó a quien estaba al mando del cotarro. El reemplazo del coro causó gran revuelo en medios artísticos. Pero enseguida las aguas volvieron a su cauce...

Hasta unos días después, cuando la gente se preguntó quién había pagado el concierto, estimado en siete millones de dólares. Los Rolling, no. Cuba, menos. ¿Entonces? Pues una entidad “filantrópica” llamada Fundashon Bon Intenshon (literal), radicada en el paraíso fiscal de Curaçao y dirigida por el abogado Gregory Elias, presidente asimismo de una entidad, United Trust, que entre otros cometidos busca “movilidad y eficiencia fiscal” a sus clientes inversores en “las situaciones financieras más desafiantes”. Elias también está comprometido en “unir el sector de los superyates para ­crear una mayor igualdad de oportunidades y competitividad”, según su página web. Ni que decir tiene que la clientela de Elias está vivamente interesada en las oportunidades de una Cuba cuyas empresas estatales del ejército llevan años preparando miles de puntos de atraque para embarcaciones de lujo. En suma, el concierto de los Rolling implicó una intrigante joint venture entre un régimen socialista y el capitalismo más descarnado. Pero al menos Sus Satánicas Majestades alegraron la vida de cientos de miles de cubanos. En cambio, Chanel y sus modelos sólo pudieron ser admirados por unas decenas: los selectos invitados que la noche del 3 de mayo ocuparon los laterales del Paseo del Prado –entre Centro Habana y La Habana Vieja– y los escasos vecinos que lo vieron desde el balcón. Al resto se le impidió el paso con vallas, lo que causó no pocas protestas.

A los habitantes de la zona ya les venían incordiando desde hacía días con el corte del Malecón para el rodaje de Fast and furious. Pero si algo hubo de incomodar al Gobierno fueron las críticas internas, por ejemplo del jefe de Internacional del diario Granma, Alejandro Gómez, ante la opacidad oficial sobre el destino de los beneficios obtenidos con estos y otros eventos. Máxime cuando el pueblo venía paliando con su ingenio y hospitalidad la falta de mínimas infraestructuras padecidas por el equipo de esa serie. O por el de House of lies, cuyas estrellas se tomaron con deportividad las carencias e incluso la desaparición de las sábanas en su hotel.

No tan bien lo llevaron las hermanas Kardashian –Kim, Khloé, Kylie y Kourtney–, que también a primeros de mayo viajaron a La Habana para grabar un capítulo de su inefable reality show. Khloé se ganó una enorme bronca de la congresista republicana de origen cubano Ileana Ros por haberse fotografiado junto al rótulo de una cita de Fidel. Pero lo peor no fue eso. Ni la falta de conectividad a internet. Lo que se les hizo insoportable a las Kardashian fue que nadie las conociera en Cuba. “¿Quiénes son? ¿Por qué las filman?”, preguntaban los habaneros ante la incredulidad de las celebrities. Terrible.

Fernando García - La Vanguardia

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