Opinando sobre Cuba

Pies Mojados

El gran problema de los cubanos

Una persona que aprecio, expresó ante mí un criterio que me pareció, entonces, en extremo radical: “El principal problema de Cuba es la Ley Pies Secos, Pies Mojados. Gracias a ella los cubanos sienten que no tienen la responsabilidad de cambiar lo que les afecta en su propio país. Todo se resuelve lanzándose al mar”.

Leyendo tardíamente la entrevista Desventuras de un balsero cubano, por Ivette de las Mercedes, y los comentarios de los lectores, por primera vez sentí que la opinión de este amigo es tristemente cierta.

La historia de Jorge Mendoza Correa me estremeció al punto, que me descubrí pensando cómo podría ayudarlo y al resto de los sobrevivientes de la horrible experiencia. Creo que no es imposible coordinar una colecta, incluso entre colaboradores de HT o lectores, aunque seamos cubanos de a pie y cada uno aporte únicamente lo que pueda.

Pero el problema más serio seguirá siendo esa engañosa tentación de creer que la estampida es la única vía de cambiar nuestra vida. Y resulta más desesperanzador aún que los comentaristas (todos cubanos) se ataquen unos a otros propiciando el perder de vista la causa real, como siempre pasa en la política.

Días atrás vi un excelente filme que resume esto con implacable exactitud. The Truth es expresado por la actriz que interpreta a Mary Mapes, una reportera de TV estadounidense cuya prestigiosa carrera cayó en desgracia por cuestionar el expediente militar del entonces presidente George Bush:

“Nuestra historia era sobre si Bush completó su servicio. Nadie quería hablar sobre eso. Querían hablar sobre los frentes y teorías de conspiraciones extranjeras. Porque eso es lo que hacen las personas si no les gusta una historia. Señalan y gritan, cuestionan tu política, tu objetividad, ¡demonios!, tu humanidad básica. Y esperan que ¡por Dios!, la verdad se pierda en el camino. Y cuando finalmente acaban, han pateado y gritado tan alto que no podemos recordar siquiera cuál era el punto inicial”.

Si en Cuba ha existido un éxodo sostenido desde 1959 por “cuestiones económicas”, es un indicativo innegable de la errada administración del gobierno, ¿a quién más vamos a responsabilizar? Si una empresa quiebra, el primero en ser cuestionado es el director, tanto si fue responsable directo o si no previó las irregularidades que provocaron las pérdidas, pues la supervisión del curso empresarial estaba bajo su responsabilidad.

Nunca he entendido por qué en términos gubernamentales, el análisis puede permearse de relatividades, ideologías, y hasta de sentimentalismos. Es una cuestión matemática. Y suponiendo que la actitud del gobierno, humano al fin y al cabo, haya sido bien intencionada, eso no lo exonera en el sentido administrativo ni político, pues la presidencia de un país es un cargo que implica tan altos privilegios como obligaciones. No se puede gozar de los unos y prevaricar con respecto a las otras.

Ahora, que el éxodo no ha sido ni será jamás la solución del problema cubano, es una verdad que se viene demostrando por el mismo hecho innegable de que no cesa.

Cuando leo las noticias sobre el conflicto migratorio que han provocado las recientes olas de emigrantes cubanos en Centroamérica, cuando veo las fotos con carteles donde piden ayuda, me pregunto cómo han llegado a colocarse en semejante situación de orfandad. También, al conocer historias como las de Jorge Mendoza.

Si un hijo nace y crece en una casa a la que tiene pleno derecho, si huye de ella por no enfrentar, digamos, la arbitraria autoridad paterna, si se coloca en posición de mendigo, suplicando que lo dejen entrar en un hogar que no es el suyo, los primeros culpables de su desamparo son los padres, que tienen la responsabilidad legal de garantizarle condiciones para su vida y desarrollo.

En caso de que el vecino lo acoja, por piedad o por el interés de explotar tal circunstancia, ¿exime su actitud la negligencia de los padres? No me imagino a un juez dictando sentencia contra el vecino por haber recogido al hijo ajeno, e indultando a los padres biológicos.

El segundo responsable inmediato del problema cubano somos nosotros mismos, por estar dispuestos a abandonar nuestra Isla nativa y convertirnos en parias del mundo. ¿Cómo hemos llegado a sentir que nuestro país no es Patria, que nuestra casa no es ni podrá ser hogar? Viajar y emigrar es un derecho natural, pero los peligros que corren los cubanos y el fracaso de tantos, expone escandalosamente y desde hace ya demasiado tiempo que esta hemorragia no es libertad, sino enfermedad.

Discrepo con el entrevistado cuando dice que nunca antes había tenido problemas políticos. Que en pleno siglo XXI la población de un país considere como opción viable viajar en naves rústicas e inseguras, huyendo como delincuentes, ¿no es un problema político?

El entrevistado, que es profesor, tal vez haya visto que hasta en nuestros medios oficiales se informa sobre cómo en otros países, los profesionales de la Educación hacen huelgas para reclamar sus derechos. En Cuba semejante iniciativa puede costar que un profesional de la Salud, como el Dr. Jeovany Jiménez Vega perdiera su empleo, la interrupción de la especialidad que cursaba, seis años de reclamaciones legales infructuosas, la creación de un blog y una huelga de hambre pública, para recuperar lo que había perdido y, sin aumento de salario.

Los cambios salariales para los médicos, que por boca de ellos mismos, siguen siendo insuficientes, llegaron mucho más tarde.

Pero vamos a desmenuzar mejor el cuadro: un país con una economía en crisis, salarios “simbólicos” que empuja a sus ciudadanos a delinquir desviando recursos estatales, un país con envejecimiento poblacional, y un largo exilio, es obvio que tiene problemas en su organización social y, por tanto, política.

Y si uno reacciona, como es natural, no tiene problemas uno, sino los responsables de esa organización. Reaccionar a una disfuncionalidad no prueba que somos culpables, sino víctimas. No tenemos que sentirnos estigmatizados por sentir la necesidad de protestar por lo que nos afecta.

Nosotros no decidimos los precios ni los salarios ni el que las disfuncionalidades no puedan expresarse, y ahora ni siquiera debatirse según las “reglas” enunciadas recientemente por la prensa oficial.

Sí, es cuestionable que Estados Unidos sostenga una ley que convierta el “imperio”, en la estrella polar que incita los sueños de tantos desesperados, pero qué decir de un gobierno que autoriza a sus ciudadanos, como sucedió en el año 94, a que se lanzaran al mar en la mismas primitivas condiciones de inseguridad que convierte tal tentativa en suicidio.

Es sabido que durante el éxodo del Mariel se obligaba a repletar las embarcaciones de los que venían a recoger a sus familiares, con personal ajeno, que incluía egresados de las cárceles y esquizofrénicos. Esto ponía en peligro a los mismos navíos, y hay testimonios de marielitos que cuentan cómo vieron naufragar a una tripulación entera, no solo por el sobrepeso, sino porque Cuba dio la orden de partir justo cuando empezaba el mal tiempo.

Pero qué importa, los hechos no cuentan siempre que se pueda desenfocar la atención señalando y vilipendiando a quiénes los exponen, y lo peor es que hasta personas a quienes supuestamente les preocupa el futuro de esta Isla, se prestan para el juego del chanchullo sin fin, (incluida la eterna dicotomía socialismo-capitalismo), mientras nuestros compatriotas siguen muriendo en el mar, las estadísticas no se publican y tal vez ni se archiven, y las pérdidas, y el dolor, solo lo sufren las familias.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.: Por años me fue difícil elegir entre escribir, pintar o danzar. Escribir resultó lo más rentable e inmediato. Vivo en Alamar, un proyecto de ciudad abortado, que sólo respira por lo que queda de la naturaleza, por la alternatividad cultural, y sobre todo, por la voluntad infinita del alma humana. No me considero periodista. Escribir en Havana Times ha sido sólo una oportunidad para decir lo que creo que se puede mejorar en Cuba.

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