Humor cubano

Los gordos cubanos

La obesidad en Cuba es un estigma político. A los problemas para la salud corporal que acarrea la gordura, se añaden los problemas de salud política personal.

Un gordo en el extranjero pasa desapercibido. Es eso, un gordo más que pasea unos cuantos kilos que le sobran ,por aquí y por allá. Su problema no tiene una connotación más allá de las fronteras de su cuerpo. Ese gordo irá al hospital o a la consulta de su médico de cabecera y éste le pondrá tratamiento para que rebaje unas libras, y le dará consejos para que deje de comer esto o lo otro. Ah, y que camine un poco más. Será un gordo anónimo. Los vecinos no sabrán ni siquiera su nombre. Puede ser alto, bajito, rubio o trigueño. No importa. Alguien que se fije en él, muy extraño que esto suceda, pensará: " Uff, ¡qué trigueño más gordo!" Un pensamiento si se quiere pueril,¿no? A quién puede importarle si un gordo es rubio, trigueño, bajito o alto. Es una persona, simplemente eso.

En Cuba no. En nuestro país un gordo no es un ente anónimo que pueda acarrear su humanidad por las aceras de su entorno sin que la gente repare en él. No señor. Un gordo en Cuba llama poderosamente la atención, porque a sus colgajos de grasa se añaden otros: cadenas, relojes, pulseras y sortijas.

El gordo cubano es único en su género. Es un tipo bonachón, que disfruta del momento. Que expende su alegría a todo el que se le acerca. Es raro que un gordo isleño sea introvertido. La mayoría son dicharacheros, bonachones, abiertos al contacto físico y verbal.

Además, como la gordura es expresión de bonanza económica, gustan de recrearse en la contemplación de sí mismo. Por lo que concluimos que el gordo cubano, que no es lo mismo que los cubanos que están gordos ( más adelante explicaré por qué), son intrínsecamente narcisistas. Lógico, la obesidad es signo de opulencia.

Y la opulencia corporal y monetaria facilita muchas cosa en la Isla: cuadrar una jeva, ir a un paladar, visitar un centro turístico, etc.

¿Cuántos macetas flacos conoce usted? Deben existir, seguro que sí. Pero no es frecuente. Cuando se es pudiente es casi imposible ser delgado, al menos en Cuba.

El maceta lo primero que hace, cuando se convierte en maceta, lo cual no es de la noche a la mañana, porque es un proceso lento, es comprar comida en abundancia, arreglar la casa y conseguirse un cacharrito para moverse. No importa, puede ser un auto antiguo o una moto en desuso. Ya se encargarán, él o sus amigos, de pasarle la mano y convertirlo en un vehículo con una presencia adecuada. El maceta vive para fuera de él, no dentro de él. He aquí su principal error. Quizás también en esto radique la raíz de su obesidad. El crecimiento de todo su ser no sólo es en el aspecto económico, sino corporal, aunque en lo político decrezca a ojos del resto, fundamentalmente de los chivatones. Por cada cuadra un comité, por cada cuadra revolución... Al que primero le echan encima es al presidente del CDR, luego será al Jefe de Sector. Por orden de llegada, como en las colas.

Por eso el gordo cubano es un hombre ( o una mujer) asediado por las fuerzas del orden. Él quiere vacilar su gordura. Su trabajo le ha costado, y su dinero; sin embargo no lo dejan vivir tranquilo. Constantemente está al acecho. Vacila, ríe, se expande, te muestra sus cadenotas, sus pulseras que tintinean, su sonrisa salpicada en oro, en fin, se abre al mundo, pero nunca con total libertad. Siempre hay ojo que lo ve, que lo espía. Un hocico que husmea en sus asuntos internos. Y él lo sabe Por eso el gordo cubano no llega a ser feliz del todo, pudiendo serlo. Tiene de todo a su alcance: sol, playas, mujeres, dinero... El obeso de la Isla sufre persecución. No tanto de los médicos, como es el caso del gordo en el extranjero, como de las autoridades. Esto es lo que marca la diferencia entre uno y otro.

En Cuba ningún médico te puede prescribir pastillitas para que desciendas el colesterol y bajes de peso, excepto el PPG, en el cual nadie cree, y menos los pacientes. Lo más que puede hacer el médico es aconsejarte y nada más. El gordo sale muy orondo de la consulta, sabiendo que él es tu fracaso . Aunque sospeche ser la presa de turno de los depredadores policiales.

En el extranjero el gordo es la presa del médico, sin embargo pasa desapercibido para los policías. Lo acosas en la consulta: dietas, medicamentos, ejercicios, operaciones, liposucciones... Es todo un manantial de riqueza ese señor, para ti, médico. Para la policía y el resto de los viandantes es uno más, enfermo quizás, que la publicidad y el resto de la sociedad discriminan sin ambages.

En Cuba un gordo tiene garantizado un prestigio de "luchador". Las "niñas" del barrio irán tras él, como van las abejas tras la miel. Su grasa trasmuta en almíbar.

Es común esta escena en una esquina de la Cuba de hoy:

Un gordo en una esquina, oteando el horizonte, sabroso, recién duchado, con la piel tersa, rosada.. En eso llega a su altura un flaco que lo conoce de la cuadra y con una sonrisa de oreja a oreja, mitad envidia, mitad admiración, le saluda: " Qué bolá, asere, en qué andas.." Y le palpa el vientre prominente, con suavidad. Recreándose en el globo aerostático que surge de las entrañas del conocido. El gordo inmutable responderá: "Ahí, en la luchita..." Una respuesta convincente, segura, de dientes para fuera. Su intuición le dice que algo anda mal. Ha divisado dos chivatos en lo que va de mañana,¡ qué jodienda! El flaco que lo saluda es uno de ellos, pero su misión de gordo cubano, maceta, abierto y "transparente" es no demostrárselo. En ello le va la vida, y la gordura también.

Publicado originalmente en Conexión Cubana el Jueves, 16 de Marzo del 2006

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