Humor cubano

Crece el lujo en Cuba

Atención para los susceptibles: Lo hemos puesto en la sección de humor.
Conexión Cubana

Crece el poder adquisitivo de los isleños. Las reformas económicas abren la puerta a la llegada de productos y servicios de alta gama.

Vehículos Audi y Hummer en las calles, restaurantes que venden platos de tortuga o ciervo, gimnasios que cobran en divisas, luna de miel en un hotel de cinco estrellas: el lujo reaparece tímidamente en Cuba tras medio siglo de igualitarismo y austeridad, de la mano de las reformas económicas del presidente Raúl Castro.

Como reflejo del tímido retorno del consumo suntuario en la isla, estimulado por los nuevos trabajadores privados o ‘cuentapropistas’ -que ya suman 400.000-, ahora se ven en La Habana vehículos de alta gama con placas de matrícula color amarillo, señal de que pertenecen a particulares cubanos.

Raúl Castro, que sucedió a su hermano Fidel en el 2006, ha abierto espacio a la iniciativa privada para estimular la economía, pero sus reformas han generado brechas en los ingresos y la capacidad de consumo, en un país de 11,1 millones de habitantes, con un sueldo promedio de 20 dólares al mes.

Cientos de salones de belleza, cafeterías, gimnasios, talleres mecánicos y otros negocios privados han aparecido, y se han multiplicado los ‘paladares’, los restaurantes particulares autorizados por Fidel en los años 90. “Con esta cosa de los ‘cuentapropistas’ la situación ha cambiado muchísimo, y eso se nota”, dijo a la AFP la jefa de una agencia de turismo que pide omitir su nombre. “Ahora hay cubanos que van de luna de miel a Varadero y los Cayos (las playas más turísticas de Cuba); los ‘cuentapropistas’ son los que propician eso”, dice.

PARA LOS ISLEÑOS

Las primeras expresiones de lujo aparecieron en la Cuba comunista con la construcción de hoteles en los años 90, cuando Fidel Castro abrió la isla al turismo para paliar la crisis, luego del fin de la ayuda soviética. Con las reformas de Raúl, la oferta de bienes y servicios no esenciales ya no está dirigida solo a extranjeros, sino también a cubanos de mayores ingresos.

Algunos ‘paladares’ ahora venden platos de carne de ciervo y de jicotea (tortuga). Claro que no figuran en la carta, sino que se ofrecen verbalmente a clientes habituales, porque su venta es ilegal.

En los años 90, los ‘paladares’ eran modestos negocios familiares de pocas mesas en la sala de una casa y tenían una oferta escasa. Ahora ocupan una casa entera, están decorados, ofrecen variados platos y vinos importados, y tienen empleados.

El naciente consumo de lujo no es un tema del que se hable públicamente, quizá porque es incómodo para el discurso oficial o porque los cubanos con mayores ingresos prefieren pasar inadvertidos, pues en el pasado hubo gente llevada ante la justicia por “enriquecimiento ilícito”, tras denuncias anónimas de vecinos. Pero el miedo a tener más dinero parece disiparse con las reformas económicas.

En gimnasios de hoteles de cinco estrellas de La Habana ahora solo la mitad de los usuarios son huéspedes extranjeros, pues el resto son socios que pagan una cuota anual de al menos 700 dólares. En los hoteles también hay clases privadas de tenis (10 a 15 dólares la hora), a las que asisten cada vez más cubanos, tanto adultos como niños, y ya no solo huéspedes extranjeros.

LA HABANA/AFP

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