Historia de Cuba

El hombre que pudo matar a Castro

Nadie quiere molestar al presidente de los Estados Unidos discutiendo en su presencia el asesinato de presidentes extranjeros, se hacía de forma que se saltara la cadena y que tal decisión no pudiera explotarle en la cara haciéndole responsable”. El escándalo nunca le “explotaría” en la cara a John F. Kennedy porque una bala en Dallas que le voló la cabeza en 1963 lo impidió. El “presidente extranjero”, según las palabras del director de operaciones de la CIA, Richard Helms, era el dictador cubano Fidel Castro, y los intentos de asesinarlo se referían al periodo de 1960-1963. Kennedy había autorizado la operación Mangosta de subversión y sabotaje en Cuba y la CIA se desbocó.

“Se daba por hecho que si las órdenes de la operación Mangosta eran las de derrocar el régimen castrista al precio que fuera, el asesinato de Castro estaba entre ellas, aunque no hubiera un orden expresa”. Así testificó Helms ante un Comité del Senado de EEUU entre 1975 y 1976 para desentrañar si la Casa Blanca había ordenado o no asesinar al dictador cubano y otros líderes extranjeros. No incriminaba directamente a Kennedy, pero le arrastraba a un lodazal.

Un año después de su asesinato, varios agentes de la CIA se reunían en Madrid con el comandante Rolando Cubela Secades, uno de los integrantes de la Revolución del círculo cercano de Fidel y Raúl Castro, nombrado brevemente agregado militar de la embajada de Cuba en Madrid en 1959. Cubela había perdido progresivamente la fe en el movimiento revolucionario y desde los inicios se había mostrado supuestamente crítico con Fidel.

No era el primer intento. En 1960 la CIA ya se había visto envuelta en una conspiración para envenenar a Castro con la participación de elementos de la Mafia, como el gángster de Chicago, Johnny Rosselli. Pero para cuando Rolando Cubela, médico de profesión y un hombre con acceso cercano a Castro, fue reclutado por la CIA, Johnson había abandonado la idea de derrocar al líder cubano y prohibido las operaciones de sabotaje en Cuba, a diferencia de su predecesor, que fue lo que estimuló las operaciones encubiertas.

La Historia ha sido esquiva con el presidente asesinado en Dallas, pero lo cierto es que Kennedy estaba involucrado en derrocar a Castro al igual que Eisenhower, si bien sus métodos fueron más sutiles. Durante la campaña de 1960, Kennedy fustigó al candidato republicano Richard Nixon, vicepresidente con Eisenhower, por su debilidad ante la cuestión cubana. Castro se había convertido en el enemigo número uno de EEUU cuando Eisenhower dejó la Casa Blanca y acabar con él, en una obsesión para la CIA, que continuó bajo tres administraciones más, la del propio Kennedy, y tras su asesinato, la de su sucesor Johnson.

Era el juego del ratón y el gato. Había que hacer lo que fuera, pero sin la intervención directa de EEUU: los anticastristas cubanos de Miami y la CIA tomaron el protagonismo. Las directrices del grupo especial creado por Kennedy eran evitar otro charco como la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, cuando las milicias anticastristras desembarcaron en la playa Girón para iniciar una guerra civil que derrocara a la Revolución.

Habían sido entrenados y armados por la CIA, que dirigía entonces Allen Dulles, superviviente de la administración Eisenhower, durante la cual se gestó la operación. Pero presionaron a Kennedy para que los marines y la aviación de EEUU apoyaran la invasión y acabaran con la amenaza comunista. Kennedy se negó: admitía las milicias cubanas del exilio, pero no la bandera de las barras y estrellas detrás.

Sin apoyo directo, fueron masacrados por las fuerzas militares de Cuba. No hubo soldados de EEUU, pero el escándalo político le explotó igualmente al presidente. A partir de entonces, diseñaron nuevas estrategias, siempre encubiertas. ¿Asesinato de Fidel? Para Helms, que sería director de la CIA entre 1966 y 1973, se leía entre líneas de la operación Mangosta; según la Casa Blanca, no. La diferencia era notoria.

Durante la investigación del Comité del Senado, los hombres de Kennedy, como el secretario de Defensa Ronert McNamara, que estaba en el grupo de control de Mangosta, declaró: “Estábamos de los nervios en lo concerniente a Castro tras la invasión de Bahía de Cochinos y por lo tanto Kennedy y su hermano Robert presionaban para que se hiciera algo. No creo que se contemplara el asesinato, aunque sí el derrocamiento”. La presión del Fiscal General Robert Kennedy es lo que esgrimiría en cambio Richard Helms para sobreentender que “estaba dentro de las atribuciones de la CIA valorar operaciones como el asesinato del líder cubano”.

Todo cambió con la crisis, en octubre de 1962, entre EEUU y la URSS cuando se instalaron bases de misiles en Cuba que estuvieron a punto de desatar la guerra nuclear. Tras los trece días que mantuvieron en vilo al mundo, Kruschev retiró los misiles y Kennedy se comprometió a abandonar cualquier intento de invadir Cuba. Paralelamente, y como parte de un protocolo secreto, no inscrito en el acuerdo oficial, EEUU retiró bases de misiles en Turquía. Se canceló la operación Mangosta pero se siguieron ideando planes menores para desestabilizar al régimen. Fin del juego.

A JFK lo eliminaron de la partida la mañana del 23 de noviembre de 1963 en Dallas. Antes de que Johnson diera carpetazo al fracaso de las operaciones de EEUU en Cuba, la CIA continuó con un guión cada vez más inmerso en las cloacas del Estado, al margen del Gobierno. En octubre, un agente de la CIA, Desmond Fitzgerald, reclutó en París a AM / LASH, nombre en clave de Rolando Cubela Secades. El propio John McCone, director entonces de la CIA, declaró desconocer el plan.

Según el informe del Inspector General de 1967 sobre la operación, desclasificado a finales de los 90, Fitzgerald declaró que él y Helms decidieron que no era necesario “obtener aprobación de Robert Kennedy, para hablar en su nombre”. Después de tantear a Cubela, le ofrecieron en noviembre entregarle una pluma con veneno para que pinchara al dictador cubano en alguna de las ocasiones que estuviera cerca de él.

Cubela prefería utilizar un rifle con mira telescópica y silenciador para no estar cerca cuando se cometiera el atentado y no llegó a utilizar la pluma. Según el historiador estadounidense Waldron Lamar, activos anticastristas de la CIA, entre ellos Manuel Artime, además de un oficial de la Embajada cubana en España, José Luis González Gallarreta, se reunieron con Cubela en Madrid el 27 de diciembre de 1964 donde acordaron entregarle el rifle y el silenciador que debía servir para asesinar a Castro. La operación se demoraría hasta el año siguiente, mientras que la DGI cubana estrechó el cerco sobre el posible grupo disidente. La CIA interrumpió el contacto al considerar a Cubela un activo peligroso, quizás un agente doble.

En febrero de 1966, sin embargo, fueron arrestados. Según la nota de Abc del 6 de marzo, “siete personas han sido detenidas y acusadas de haberse conjurado para dar muerte al jefe del Gobierno, Fidel Castro (…). El martes se anunció la detención de los comandantes Rolando Cubela Secades y Ramón Guín Díaz. Cubela, que es médico, fue uno de los jefes guerrilleros castristas antes del derrocamiento del presidente Fulgencio Batista”.

Fueron condenados a muerte aunque, por intervención directa de Fidel Castro, se conmutó por una pena de 25 años de la que sólo cumplió 12, tras recibir el perdón del líder cubano. En 1979, Rolando Cubela Secades se exilió en Madrid y obtuvo la nacionalidad española en 1988.

Desde entonces ejerció como médico, como ha comprobado El Independiente, aunque a pesar de su liberación tomó precauciones. Sólo apareció públicamente en 2007 en dos actos contra Fidel Castro de la Plataforma Democracia Ya, uno de ellos frente a la embajada de Cuba en Madrid y, el otro, una comida en la calle de Claudio Coello.

El presidente de la plataforma anticastrista, Rigoberto Carceller, ha explicado a El Independiente que apareció de forma “espontánea y casi furtiva”, no porque tuvieran contacto con él. “Vive escondido y aislado de la vida pública, incluso vigilado y bajo la protección de las fuerzas de seguridad de España”. Rolando, el hombre que pudo matar a Castro, es casi un fantasma.

Años después se teorizó sobre si Secades ejerció como doble agente durante los primeros contactos con la CIA. El comité Church concluyó que el asesinato político era incompatible con los principios de EEUU y el Derecho internacional. Tras las órdenes de Lyndon B. Johnson se suspendieron las actividades encubiertas contra Cuba. Según el jefe de seguridad, Castro sobrevivió a 638 intentos de asesinato entre 1960 y 1965.

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