Historia de Cuba

Preludios de aquella crisis

Los tres protagonistas de aquella inolvidable Crisis cometieron errores, antes, durante y después de la misma

El ucraniano Nikita, curtido entre leones, tenía a JFK por pusilánime, a partir de su falta de determinación durante el episodio de Bahía de Cochinos. Él había resuelto la situación de Hungría en 1956, incluso frente a un tigre como Eisenhower. Su primer encuentro personal en Viena, cuando sostuvieron la llamada Conversación en la cocina, le había confirmado su impresión: JFK era un gatico sin garras. No te preocupes, yo voy a coger a Kennedy por los testículos, respondió, rebosante de autosuficiencia, a una duda de Raúl Castro.

Así fue que se animó a concebir y ejecutar la mayor expedición militar al Continente Americano desde el Siglo XIX: la Operación Anadyr, más de 40 mil soldados dispuestos a instalar sigilosamente en el occidente de Cuba todo lo necesario para emplazar sus proyectiles termonucleares a menos de 5 minutos de las ciudades del centro-este de los Estados Unidos.

Amenaza tan formidable esta que le puso a punto de ebullición neuronas y testículos al flemático JFK, cuyas anteriores vacilaciones dieron lugar a la descomunal osadía del astuto ucraniano. Puesto ahora en tres y dos, el católico bostoniano reaccionó consecuentemente. Si bien cuando le mostraron las primeras imágenes del reconocimiento aéreo, su primera impresión fue que los rusos estaban preparando un campo para jugar futbol, a partir de ese instante le dio crédito a los expertos, quienes le aseguraron que se trataba de algo muy serio.

De inmediato convocó al Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional – EXCOM- a quienes acuarteló en la Casa Blanca hasta el final de la Crisis.

El error de Fidel Castro fue su ilimitada confianza en la Unión Soviética, que lo llevó a enviarle aquella irresponsable carta a Nikita, donde lo exhortaba a ser el primero en disparar. Ignoraba que la paridad real en proyectiles nucleares era de 17 a 1, favorable a los Estados Unidos. Nikita, quien sí lo sabía, nunca estuvo dispuesto a desatar la guerra. Se trataba de una exhibición de fuerza para probar a JFK. Cuando percibió que este se había puesto duro, retrocedió y aceptó negociar.

De haber logrado su propósito, efectivamente hubiese cogido a Kennedy por los testículos. La diferencia fueron apenas las dos semanas que hubiese necesitado el Destacamento militar soviético para tener empinados en sus rampas de lanzamiento la mayoría de los Cohetes nucleares P-12.

La retirada de los soviéticos enfureció a Fidel Castro. Se ha dicho que las congas de Santiago de Cuba corearon por las calles Nikita mariquita lo que se da no se quita. Sin embargo, tantos años después, hay que admitir que el pequeño ucraniano, curtido entre leones, logró al menos uno de sus objetivos: garantizar la seguridad de la Isla, aunque el brioso Primer Ministro cubano no confiase en la palabra comprometida por el aristócrata católico de Boston, quien, Gracias a Dios, ocupaba entonces la Presidencia en los Estados Unidos de América.

Rogelio Fabio Hurtado

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