Historia de Cuba

El golpe de Batista

Del golpe de Estado castrense al golpe de facto castrista. El New York Times tenía razón

Vale la pena conocer bien nuestro pasado. Por aquellos días de principios de 1952, seguramente Fulgencio Batista leyó las graves denuncias que envió Fidel Castro al Tribunal de Cuentas, publicadas en el periódico Alerta, dirigido por el periodista Ramón Vasconcelos, fuerte admirador de Fidel. Era la continuación a las mismas denuncias que comenzara Eduardo Chibás, poco antes de morir.

Contundentes acusaciones, donde el joven de Birán responsabilizaba al presidente Carlos Prío Socarrás de cometer, entre otros delitos, el robo de cincuenta millones de dólares al tesoro público.

"Yo acuso al presidente Prío, de llevar al país a la ruina, de la adquisición de enormes extensiones de tierra, que hunden a Cuba en el latifundio crónico y el retraso económico", escribió.

Varios informes envió el aspirante a representante de la Cámara al Tribunal de Cuentas, acusando a Prío además de auge del gansterismo, persecución al movimiento obrero, etc.

En uno de aquellos informes, dice: "En manos de esa honorable institución está poner las cosas en orden, salvando al país del precipicio".

El 5 de marzo, al día siguiente de salir publicado su último informe, Pelayo Cuervo, senador de la República, sufrió un atentado, donde hizo explosión una bomba que dejó a varias personas heridas.

De inmediato, Vasconcelos calificó a Prío de "inepto para el crimen y condescendiente con los criminales más empedernidos". Y la sección "En Cuba", dirigida por Enriquito de la Osa, de la Revista Bohemia, lo llamó "un vil atentado, que tan poco honra nuestra condición de pueblo civilizado".

Ante esa realidad, Batista reaccionó a su manera y decidió dar un golpe de Estado, la madrugada del 10 de marzo de ese año.

"El Ejército glorioso de la Revolución vuelve a lanzarse a la senda del sacrificio y del trabajo para intentar la restauración de la paz ciudadana", dijo.

¿Eran esas las intenciones de Batista? Si esas eran sus intenciones, como dijo, ¿por qué el Consejo Universitario, ni aquellos que tanto protestaron y denigraron el gobierno de Prío, aceptaron el cambio de presidente, aunque fuera de la noche a la mañana?

Numerosos colaboradores de la sección "En Cuba" se pusieron de acuerdo en censurar el golpe de Estado, nombrándolo un régimen de ipso y reclamando la normalidad institucional, algo que no hicieron en 1959, puesto que no simpatizaban con gobiernos de fuerza.

Condenaron la cobardía de Prío, pero… ¿por qué no reconocieron sus culpas, al pedir a gritos echar a patadas al gobernante más pronto que tarde?

El 16 de marzo, escribía Enrique de la Osa en Bohemia: "La esperanza en el porvenir, imprescindible a la subsistencia de los pueblos como a la de los hombres, parece hoy extinguida. Sólo una profunda fe en las reservas morales del pueblo cubano puede sostenerlos erguidos en defensa de las instituciones".

El pueblo cubano aceptó a Batista desde el primer momento.

Seguramente pensaron que, a pesar de todo, era mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Había que ver la confianza que tenía el pueblo en general de un partido fundado por un hombre como Chibás, loco de remate, aunque muerto.

Ese mismo día, el periódico The New York Times, que se vendía desde su fundación en cualquier estanquillo del país, le puso la tapa al pomo: "Era natural que tal cosa ocurriera en Cuba y era también natural que el exdictador y expresidente Fulgencio Batista hubiera dado el golpe. Tales cosas no proceden en un ciclo claro, pero el cielo cubano, desde hace mucho tiempo está gris y tronante (…) No hay razón para esperar que la vuelta de Batista produzca algún cambio básico. La tragedia de Cuba, desde el punto de vista político, es que su pueblo, evidentemente, no se ha ocupado como es debido de insistir en un buen gobierno y en luchar por él. Los ocho años que acaban de pasar desde la derrota de Batista se han perdido lastimosamente en ese sentido".

La sección "En Cuba" reprochó los pronunciamientos del Times. Los calificó de "ultra sesudo", "modelo de suficiencia" y "despectivo".

Pero The New York Times tenía razón. El pueblo cubano aceptó el golpe castrense de Batista, así como el golpe de facto de Fidel Castro.

Tania Díaz Castro - Cubanet

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