Historia de Cuba

Mano dura / Cuba 1925-1933

Alternativa de mano dura - Cuba 1925-1933

Con clásicos rasgos dictatoriales, el machadato trató de salvaguardar el tambaleante hegemonismo político oligárquico

El 12 de agosto de 1933, una huelga general popular derribó al régimen despótico y autocrático de Gerardo Machado Morales, quien abandonó la Isla precipitadamente junto con algunos de sus principales colaboradores. Para lograr la expulsión del dictador, el pueblo cubano había pagado un baño de sangre sin precedentes.

El viejo caudillo liberal, vinculado como hombre de negocios a los sectores de la burguesía doméstica y al capital monopolista norteamericano, ascendió al poder político en un período en que la relativa estabilidad de la república comenzaba a recibir los primeros embates de su crisis estructural. El crack de 1920 y la tendencia decreciente de los precios del azúcar en el mercado mundial amenazaban con el estancamiento del sector más importante y dinámico de la economía cubana.

Por otra parte, la corrupción política de los equipos gobernantes anteriores y el sistemático injerencismo norteamericano influyeron decisivamente en las proyecciones de los sentimientos nacionalistas, así como en el nivel de organización de las fuerzas revolucionarias y de otros sectores. La fundación del Partido Comunista y de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), en agosto de 1925, unido a la cada día más creciente radicalización del movimiento estudiantil, preocuparon a la oligarquía y al imperialismo. Machado se presentó así como la alternativa de "mano dura" que con clásicos rasgos dictatoriales trataría de salvaguardar el tambaleante hegemonismo político oligárquico.

Inicialmente, combinó la demagogia, mediante el llamado Plan de Obras Públicas, con la represión. Pero el plan, aunque mitigó en cierta medida el desempleo, fue, sobre todo, una fuente de jugosos negocios para su patrocinador, personajes de la política, altos funcionarios gubernamentales y entidades norteamericanas como el Chase National Bank.

En cambio, la represión se manifestó con toda su crudeza. Machado no solo ejerció la violencia contra individuos y grupos de la oposición burguesa, recuérdese los asesinatos del periodista conservador Armando André, en 1925, y años más tarde, del político Miguel Ángel Aguiar y los hermanos Freyre Andrade. Amparado en una serie de decretos sucesivos que legitimaron su accionar, ilegalizó la CNOC y el Partido Comunista, con lo cual aplastaba de forma implacable las protestas obreras y estudiantiles; también recurrió al crimen: ultimó a los líderes sindicalistas Alfredo López y Enrique Varona, a los obreros Noske Yalob y Claudio Bruzón, y al estudiante Julio Antonio Mella, por mencionar solo algunos de los más conocidos.

La institución más querida

El ejército se convirtió en el principal mecanismo represivo de Machado, por encima, incluso, de la policía y otros órganos que creó, como la Porra y la Sección de Expertos. Durante los momentos de más aguda crisis, fueron oficiales de la institución militar los designados para ocupar cargos de supervisores en distintas dependencias del Estado.

Asimismo, la práctica iniciada desde la presidencia de Estrada Palma, relativa al aumento de los sueldos de los oficiales, continuó manifestándose como tendencia y se produjo una elevación de estos a través de las asignaciones, sobresueldos y gratificaciones. Machado logró la aprobación de una ley de amnistía para los delitos cometidos por militares, la cual a su vez dispuso que todas las causas y juicios seguidos contra miembros de las fuerzas armadas pasaran a ser de exclusiva competencia de la jurisdicción militar, lo que estimuló la represión sin límites.

Sin embargo, su experiencia política y militar -recuérdese que había sido el primer Inspector General del Ejército, o lo que era lo mismo el segundo jefe del instituto armado- le indicaron que debía incrementar también de una forma más directa los vínculos de los oficiales con los funcionarios políticos y el aparato burocrático. La Ley Orgánica del Ejército, aprobada en 1915, contemplaba dos situaciones distintas en relación con el estado militar del oficial: la de activo y la de retiro. Pero desde 1926, con la entrada en vigor de una nueva ley, se incorporó la situación de reemplazo que, además de ser concedida solo por el presidente de la república, estableció el derecho de los oficiales a desempeñar cualquier cargo retribuido por el Estado, la provincia o el municipio.

A inicios de 1930, en ocasión de un almuerzo ofrecido en su honor por los alistados del Sexto Distrito Militar, Machado -según la prensa de la época- expresó muy justificadamente: El ejército es para mí la institución más querida.

Un pueblo contra el dictador

A partir de 1928, con la convocatoria a una Asamblea Constituyente que modificó el Código Electoral y decretó la prórroga de poderes, Machado logró su reelección por seis años más. Aquel hecho arbitrario e impopular acentuó las críticas y protestas de todos los elementos contrarios al dictador.

La oposición política burguesa, encabezada por Carlos Mendieta Montefur, principal líder de Unión Nacionalista, Mario García Menocal y Miguel Mariano Gómez, quienes se habían visto relegados o marginados por el régimen, organizó varias fallidas insurrecciones armadas, que buscaron apoyo en los militares. Pero solo la lucha de los obreros, los estudiantes y los sectores más radicales de la pequeña burguesía creó la posibilidad real de un triunfo revolucionario.

No obstante, Machado se presentaba ante la opinión publica aparentemente seguro y confiado. En junio de 1931, los diarios dejaron constancia de sus declaraciones, cuando reunido en el Palacio Presidencial con una representación de los gremios reformistas afirmó: Estoy tranquilo. Cuando se me habla de renuncia, me río como ustedes lo hacen ahora. Si yo renunciara disgustaría a (...) mis amigos que saben que yo no vacilo ante la amenaza.

En ese contexto llegó a Cuba el nuevo embajador norteamericano Benjamín Sumner Welles, con el propósito esencial de sostener a Machado en el poder, o propiciar un cambio de gobierno capaz de impedir la profundización del proceso revolucionario. La organización celular -secreta y terrorista- ABC, Unión Nacionalista, los seguidores de Miguel Mariano Gómez y otros núcleos y grupos derechistas lo apoyaron.

Mientras tanto, el 27 de julio de 1933 tuvo lugar un paro de los ómnibus de la capital al que se sumaron, días después, los obreros de otros sectores de todo el país hasta quedar paralizadas totalmente las actividades laborales. Una falsa información acerca de que Machado había renunciado y huido, provocó la avalancha de las masas trabajadoras a las calles, y fueron masacradas por las fuerzas públicas.

Este hecho provocó la consolidación de la huelga y su éxito se hizo evidente el 12 de agosto, cuando el ejército obligó a Machado a dimitir. La institución militar y, particularmente su oficialidad, no estaba en condiciones de asumir directamente el poder debido a su alto nivel de comprometimiento con los crímenes del machadato*, por lo que se sumó a los planes derechistas para garantizar la transición del poder dentro de los sectores oligárquicos.

El terror desatado por el régimen y el fracaso de su política económica, acentuado por la crisis capitalista mundial que se prolongaría más allá de 1933, dejó una profunda huella en la sociedad neocolonial cubana. Así lo admitió el informe posterior de una comisión de la Foreing Policy Association, que en una de sus partes señalaba: Aunque Machado ha huido de Cuba, su patria sufrirá los terribles efectos de su gobierno por muchos años.

Con el apoyo del embajador norteamericano y de todas las fuerzas involucradas en la liquidación del proceso revolucionario ascendió al poder Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, amigo personal de Welles. Pero el 4 de septiembre de 1933, una sublevación de sargentos y soldados, respaldados por el Directorio Estudiantil Universitario (DEU), instauró un Gobierno provisional Revolucionario, en el cual descollaría Antonio Guiteras con la promulgación de leyes de marcado carácter antimperialista y de beneficio popular.

La acción traidora del sargento, devenido coronel y jefe del ejército, Fulgencio Batista, favorecido por la falta de unidad de los fuerzas revolucionarias, frustraría este proceso. Reformulada a partir de 1934, la república tendría en lo adelante que tener más en cuenta las aspiraciones económicas y sociales del movimiento popular y revolucionario. La lucha final por la liberación nacional solo quedaba postergada.

Servando Valdés Sánchez - Doctor en Ciencias Históricas. Investigador del Instituto de Historia de Cuba.

* Machadato: Régimen despótico y autocrático de Gerardo Machado Morales, quien gobernó en Cuba desde 1925 hasta 1933

Fuente: Revista Bohemia

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