Historia de Cuba

¡Al abordaje!

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Relato de un combate protagonizado por el comandante Marcial de Jesús Gómez Cardoso

EL GENERAL insurrecto Marcos García aplastó los mosquitos como si fueran soldados españoles. Era la mañana del 19 de febrero de 1870, parecía ser un día cualquiera de la vida en Cuba libre. Estaba con su brigada en el monte firme de Palo Alto, en el sur avileño.

De vez en vez, llegaba una tenue brisa marina que se filtraba a través de la cerrada manigua. El comandante Marcial de Jesús Gómez Cardoso disfrutaba de aquella paz octaviana. Se sentía feliz, orgulloso de la compañía aguerrida bajo su mando que, dos días antes, había demostrado su arrojo al atacar una columna de 200 soldados en el camino de Ciego de Ávila a la finca El Purial, encuentro en el que le causaron numerosas bajas.

Marcos García sintió el galope de los exploradores y los esperó al pie del rancho que le servía de tienda de campaña. La noticia cambió su semblante, marchito luego de una noche de aguijonazos y palmadas. Le informaron los sudorosos jinetes que del embarcadero de Juan Hernández una columna hispana trasladaría un convoy hacia el Jíbaro.

Pensó el jefe del distrito de Sancti Spíritus que la oportunidad era excelente para abastecer a su famélica tropa. Ordenó la marcha forzada para vencer, en el menor tiempo posible, los 48 kilómetros que le separaban del enemigo.

A pesar del esfuerzo no pudieron alcanzar a la fuerza colonialista, pues ya esta había salido hacia su destino. En aquel momento el fiasco enardeció el espíritu guerrero de los libertadores, decididos a desenfundar los machetes después de la intensa cabalgata.

El General conoció por los confidentes que en los almacenes estaba depositada la producción del ingenio La Crisis, perteneciente a la jurisdicción espirituana, ordenó entonces ocupar las instalaciones.

LA GOLETA

Antonio Jiménez, patrón de la embarcación que trajo el cargamento transportado por el convoy hacia el Jíbaro, agitaba a los marineros de la goleta, pues temía que los insurrectos intentaran tomarla por asalto y se apoderaran de los cueros, la cera, el azúcar y las pacas de yarey que llevaban al puerto de Casilda.

Echavarría, teniente del pequeño piquete de voluntarios oculto en cubierta, les disparó a los insurrectos. Lo imitaron el sargento Villamil y el resto de los subordinados.

Las dos compañías de mambises, dirigidas por los comandantes Marcial de Jesús Gómez Cardoso y Félix Carrazana, no se detuvieron ante el fuego. Era tal el empuje que algunos osados se lanzaron al agua en su afán de evitar la fuga de la nave. Sus defensores también se tiraron por la borda, en su caso para poner a salvo la vida.

En la acción relámpago se apoderaron de siete fusiles Remington, dos carabinas y dos escopetas. El Cubano Libre informó también, en su edición del 12 de marzo de 1870, que los peninsulares tuvieron siete muertos durante el combate.

Las llamas devoraban los 60 bocoyes de azúcar y los 5 000 pies de madera depositados en los almacenes. En el caserío de Juan Hernández, dos niños miraban la oleada de sombreros que se alejaba cada vez más.

Fuente: INVASOR DIGITAL

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