Historia de Cuba

Cuba y el silencio de Occidente

Cuando en 1959 Fidel Castro Ruz irrumpió en La Habana con el rosario colgando de su cuello y prometiendo libertad a los cubanos, después de la dictadura de Fulgencio Batista, toda América se alegró.

Todos esperaban el advenimiento de mejores días para la Isla. Sin embargo, al poco tiempo se quitó la máscara y mostró a sus mismos compañeros de Sierra Maestra, a sus compatriotas y al mundo, cuál era su verdadera convicción y cuál su proyecto para Cuba.

Al conocerse la realidad, no faltaron las voces de quienes, ingenuamente, afirmaron que la sorprendente opción de Castro por el socialismo, era consecuencia de la animadversión de los Estados Unidos hacia él, por haber derrocado a quien estimaban era amigo de los norteamericanos.

En realidad, se supo después, Castro ya era militante del Partido Comunista desde su primer intento revolucionario, el asalto al cuartel de Moncada, y sus convicciones iban orientadas a la instauración de un gobierno de corte marxista en su país.

Por otra parte, no faltan las versiones de que Castro no hubiera triunfado de no haber contado con el apoyo de los Estados Unidos y si Batista no hubiera perdido el favor de la Casa Blanca. Ahora bien, resulta también ingenuo pensar que los Estados Unidos ignoraban las tendencias políticas del comandante Fidel o, al menos, de algunos de sus compañeros, como el Ché Guevara. La pregunta, sin duda, es ¿en qué beneficiaba a Estados Unidos tener tan cerca un gobierno socialista?

Hay que recordar que se trataba de los años de la Guerra Fría, y así como el bloque soviético mantenía en vivo su tesis de denuncia, agitación y propaganda en occidente y el control férreo de los países sobre los que habían implantado su bota después de la Segunda Guerra, los norteamericanos necesitaban también mantener viva la conciencia de su pueblo respecto de la amenaza comunista.

De esta manera la propaganda política de ambas partes se mantuvo vibrante y alerta de manera continua, a niveles de verdadero peligro nuclear cuando la crisis de los misiles.

En la medida en que se fue derritiendo la Guerra Fría, la amenaza comunista pareció olvidarse, no sólo en Estados Unidos, sino en todo Occidente. No sólo eso. Como el “movimiento de la historia” se dirigía fatalmente al socialismo, según las tesis de Marx, toda oposición era inútil, por lo que muchos buscaron aflojar el cuerpo y que su advenimiento fuera suave, con la adopción de la social democracia, que llegó a controlar buena parte de Europa occidental. Esta corriente aún hoy tiene preponderancia en no pocos países.

Todo esto viene a cuento a propósito de la reciente reunión de dirigentes políticos, incluido México, en la isla caribeña. Una reunión más en las que son noticia los discursos de los políticos, pero no el pueblo sometido y esclavizado por los hermanos Castro Ruz, en una disposición patrimonial de toda una nación.

Hoy no parece importar que pese a supuestas concesiones y liberalizaciones que se han dado en Cuba, ni el régimen ni su lógica política han cambiado. Los cubanos siguen sometidos a un sistema totalitario que impide las más elementales libertades y donde el tema de los derechos humanos es ignorado paladinamente.

Es más noticia la salud de Fidel Castro, que el destino de los presos políticos que ha tenido y han muerto en prisión y de los que sigue teniendo. Esto a pesar de que las madres y esposas de muchos de ellos han tenido el valor de organizarse e informar al mundo lo que ahí ocurre.

El silencio de occidente, incluyendo México, no puede tener justificación alguna. Hoy no puede alegarse, como ocurrió con el tema del Holocausto, la realidad del régimen totalitario de Fidel Castro, su autocracia, la herencia que hizo hacia su hermano Raúl y la burla que ha sido para todos los que se dicen defensores de la libertad y el derecho, pero lo sientan a su mesa y le otorgan honores.

La amnesia que estamos viviendo, el silencio cómplice y la tolerancia respecto de la falsa imagen de Cuba y sus gobernantes, debe terminar. Es necesario recuperar la memoria y transmitir lo que es posible observar por parte de cualquier visitante que observe con imparcialidad lo que allá ocurre.

Y este reclamo empieza aquí, en México, donde gobernantes de distinta filiación política, han cerrado los ojos y se han hecho de la vista gorda, porque creen que así actúan conforme a lo políticamente correcto. Obrar de esta manera les quita autoridad moral para hablar de democracia, de libertades y de Estado de Derecho. ¡Es una vergüenza!

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